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馃ぎ Te explicamos todo lo que el miedo o el asco provocan en tu est贸mago

Est谩s viendo una pel铆cula en la oscuridad de una sala de cine y de pronto sucede algo terror铆fico. Y ah铆 viene: un extra帽o miedo asciende por tu est贸mago聽de manera desagradable, puedes sentirlo. 驴Qu茅 es? Seg煤n un estudio dirigido por investigadores de la Universidad Sapienza de Roma, esa reacci贸n visceral que revuelve el est贸mago no son solo nervios sino que tu sistema g谩strico se est谩 preparando realmenrte para lo peor.

Por alg煤n motivo que desconocemos, la evoluci贸n parece haber decidido que el mejor curso de acci贸n cuando sentimos disgusto o miedo es reducir el pH del intestino聽para volverlo m谩s 谩cido.聽La investigaci贸n demuestra una s贸lida conexi贸n entre las reacciones intestinales y la respuesta del cerebro a situaciones amenazantes, el hallazgo refuerza los modelos que sugieren que la red g谩strica juega un papel importante en las respuestas emocionales de nuestro cuerpo, informa聽‘Science Alert’.

Sentir algo similar al聽asco en la boca del est贸mago no es inusual ni mucho menos.聽De hecho, los ‘mapas corporales’ autoinformados de las emociones a menudo asocian las emociones negativas con el聽sistema g谩strico. Tampoco es solo algo mental: los registros de la actividad el茅ctrica en la pared muscular del intestino tambi茅n reflejan nuestras experiencias de repulsi贸n.

Nuestros cuerpos parecen verse impulsados 鈥嬧媋 aumentar la actividad g谩strica cuando experimentamos cosas que deber铆amos evitar, provocando una sensaci贸n de n谩useas. A su vez,聽esta sensaci贸n se convierte en parte de la respuesta al miedo, impuls谩ndonos a actuar en consecuencia. Pero no se ha estudiado lo suficiente el entorno interno del est贸mago, aunque cada vez parece m谩s evidente que los ‘habitantes’ microsc贸picos del intestino est谩n entrelazados con los trastornos del estado de 谩nimo, pero no est谩 claro c贸mo cambia la qu铆mica cuando sentimos repulsi贸n.

En el nuevo estudio se聽utilizaron sensores ingeribles que pueden medir la acidez, la temperatura y la presi贸n聽a medida que pasan por el sistema digestivo. Para ello, en la muestra participaron 31 hombres sin ning煤n trastorno psicol贸gico, neurol贸gico o digestivo conocido y se les pidi贸 que tragaran una “p铆ldora inteligente”, que conten铆a un sensor, una bater铆a y un transmisor inal谩mbrico. Mientras grababa desde el interior, los investigadores midieron la actividad el茅ctrica muscular del sistema digestivo desde el exterior, as铆 como otras reacciones fisiol贸gicas.

Luego, se pidi贸 a los voluntarios que participaran en聽cuatro sesiones de visualizaci贸n聽que presentaban videoclips de nueve segundos de duraci贸n seleccionados por su contenido ya fuera feliz, repugnante, triste o aterrador. Al responder a los clips a trav茅s de un cuestionario, los participantes dieron a los investigadores una idea de c贸mo se hab铆an sentido al verlo. Mientras tanto, la p铆ldora estaba ocupada recopilando datos desde adentro, recuperando聽detalles del est贸mago, el intestino delgado y el intestino grueso.

De acuerdo con hallazgos previos, las sensaciones g谩stricas aumentaron durante las escenas de miedo, alcanzando su punto m谩ximo mientras miraba los clips repugnantes. La respiraci贸n tambi茅n se elev贸, igual que durante las escenas tristes. Y el sistema digestivo arrojaba m谩s 谩cido estomacal a la cavidad. Mientras los聽voluntarios miraban los videos repugnantes, su pH g谩strico descendi贸. Cuanto m谩s asqueados o asustados se sent铆an,聽m谩s bajo era el pH.

Si bien no es del todo sorprendente, este detalle adicional que describe las funciones del intestino cuando experimentamos emociones fuertes ayuda a desarrollar la compleja relaci贸n entre la mente y el sistema g谩strico. Con datos como este, podemos modelar mejor聽no solo el funcionamiento de nuestros cuerpos聽en su mejor momento, sino tambi茅n las condiciones relacionadas con los trastornos intestinales o digestivos, y c贸mo podr铆an afectar nuestros estados mentales.

Aunque claro, un estudio limitado a un peque帽o grupo de voluntarios no puede interpretarse de manera demasiado amplia. Se necesitar铆an investigaciones futuras que incluyan un grupo m谩s diverso de voluntarios para generalizar los hallazgos. Como curiosidad, hace casi dos siglos se llev贸 a cabo un experimento algo similar en el que solo se necesit贸 una herida de bala que no sanaba en el vientre de un comerciante de pieles canadiense llamado Alexis St. Martin. Fue la ocasi贸n perfecta para estudiar las funciones聽de la digesti贸n.

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