Christian SanzPortada

El día que, hace 20 años, declaré ante el juez Norberto Oyarbide por el “golpe” contra De la Rúa de 2001

El 19 de diciembre de 2001 fue el comienzo del fin de un gobierno que venía haciendo agua desde casi sus comienzos: el de Fernando de la Rúa. Ese día se produjo su salida anticipada del poder Ejecutivo y se dio un quiebre en lo que a política tradicional respecta.

Para la mayoría de las personas se trató sólo de la renuncia de un mandatario que se encontraba perdido en su propio laberinto de indecisión, empujado por el clamor popular. Pero aquellos que han investigado y analizado a fondo todos los factores que sucedieron antes, durante y después de ese día, saben que no fue así. Hay demasiados indicios que —analizados en conjunto— demuestran que hubo un verdadero golpe institucional, llevado a cabo por un conjunto de personas que agrupaban intereses políticos —y no políticos— específicos.

Si bien el Gobierno de De La Rúa fue un rotundo fracaso —desde que asumió bajaron las reservas monetarias del Banco Central, y se incrementaron tanto la desocupación como los índices de pobreza— eso no quita que, desde ciertos círculos importantes de poder, se le haya dado un “empujoncito” para ayudarlo a caer.

Hablábamos de indicios. Bien, uno de ellos se dio cuando Eduardo Duhalde, en un almuerzo informal con financistas y banqueros, pronunció una frase que provocó silencios y miradas entre los comensales: “En diciembre, el presidente de la Argentina soy yo”.

La afirmación de Duhalde quedó plasmada en un informe de inteligencia reservado norteamericano que llegó a dos escritorios de Buenos Aires. Ninguno de esos dos escritorios era el de De la Rúa.

¿Más indicios? Previo a la caída de De la Rúa hubo reuniones, conspiraciones, saqueos, movilizaciones y declaraciones públicas referidas a la posibilidad de que no terminara su mandato.

 

Incluso existió una carta certificada escrita por un agente de Inteligencia varios meses antes del 19 de diciembre en la que se hablaba de la posibilidad de que De La Rúa no terminara su mandato. El agente se llama Mario Aguilar Rizzi y se reunió con quien escribe este artículo a fines del año 2000, a quien le dio copia de la misiva referida, la cual fue entregada a su vez a funcionarios de Casa de Gobierno.

Debe mencionarse que en una de las partes de la carta, Aguilar asegura que entregó “más de 21 notas en casa de Gobierno (…) dirigidas al Sr. Presidente. Todas ellas selladas y firmadas como recibidas” y asegura saber acerca de “la existencia de un plan de desestabilización”.

Como sea, en esos días el hoy fallecido Norberto Oyarbide decidió llamar a declarar a este periodista, para que explique la trama contenida en aquella misiva que entregó en Casa de Gobierno.

Luego hizo lo propio con el espía, quien ratificó lo ya explicado.

Pocos meses más tarde, De la Rúa era eyectado del poder y se cumplía en un 100% la profecía de Aguilar Rizzi. Con detalles escalofriantes, como la llegada de Duhalde al sillón de Rivadavia.

Veinte años más tarde, aquella trama solo es interesante porque Oyarbide falleció y se llevó consigo muchos secretos. Incluido el de aquel expediente, que decidió archivar.

Algo le anticipó a este cronista en esas furiosas jornadas. Advirtiendo que no podría avanzar en aquella investigación. Pero pidió que jamás fuera revelado, porque pondría en peligro la República… (¿Continuará?).

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