Mario GarcíaPortada

Las Heras, tierra con historias, postergaciones y desidias

Durante este fin de semana largo, nuestra provincia resultó, una vez más, ser el punto geográfico mayor valorado por los pocos afortunados ciudadanos de nuestro país que pudieron hacer turismo.

Seguramente aquel mito de la ciudad de las veredas enceradas y la belleza natural al alcance de las manos, fueron los sólidos argumentos que convencieron nuevamente a los viajeros mayoritariamente arribados del Gran Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, lo que arrojó un 90 % de ocupación hotelera aquí en el Gran Mendoza y el 95 % en San Rafael.

Pero resulta que al Norte de la capital mendocina, no bien atravesamos el zanjón de Los ciruelos en buscar de por ejemplo la Reserva de Villavicencio, nos encontramos con una realidad que poco tiene que ver con el imaginario de quienes llegaron a nuestra comarca en busca de paseos y recreación.  Las Heras con el paso de los gobiernos y gestiones de todo signo partidario, no soluciona problemas básicos e incomprensibles por el resto de sus comprovincianos.

Pero hagamos un poco de historia: Allá por el mes de febrero de 2015, en la intersección de San Martín y el mencionado zanjón, se levantaba prometedor un  gigante y auspicioso cartel de obra que anunciaba que pronto, no más allá 180 días, esa muy utilizada arteria sería refaccionada y modernizada, junto a sus veredas y acequias. Serían 15 cuadras desde el comienzo hasta la calle Vieytes.

Aquel febrero de inicio, se corrió hasta principios de abril. Luego, los seis meses prometidos y asegurados de tiempo de pozos y destrucción de calles, por esas cosas inexplicables de la existencia humana se transformaron a dos años y cinco meses de desesperante e insoportable espera.

Fue entonces cuando en un recordado octubre de 2018 se inauguraba la esperada remodelación, con corte de cinta incluido, presencia de medios y todo el aparato político de turno. Atrás quedaban apurones de último momento, quiebra de negocios y mal humor reinante en todos los vecinos de la zona.

En tiempos de elecciones nuevamente la clase política gobernante muestra sus falencias, sobre todo en lo referente a control de gestión y defensa de los intereses de sus habitantes. Aquí les mostramos algo que usted amigo lector vio y conoce perfectamente, pero que curiosamente se acepta y no se cuestiona, aún en perjuicio de sus propios intereses.

A tres años de la reapertura, la avenida San Martín presenta deterioros, desniveles y pozos alarmantes. Por lo visto este moderno sistema de lajas o tejas no resiste mucho tiempo.

Tampoco la empresa adjudicataria protegió las acequias con rejas o mallas, lo que debería prevenir accidentes y lo que es peor, tampoco se completó la construcción de veredas.

Aquí vemos dos imágenes bien claras de lo que comentamos: Al 700 de la transitada arteria encontramos las oficinas municipales de Obras Civiles. No hay rejas y este automóvil sobre el puente confía en la capacidad de su conductor para no caer al abismo.

Casa de herrero cuchillo de palo dicen por ahí. Si la propia municipalidad acepta y da final de obra ante sus propias dependencias estamos verdaderamente en problemas.

Obsérvese que una cuadra antes, los directivos del banco Macro no quisieron saber de líos y exigieron se proteja a sus clientes con el tapado metálico correspondiente en la vereda. Moraleja, aún en tiempos económicamente adversos, los bancos jamás pierden.

Frente a la escuela Mariano Necochea observamos varios espacios no tapados y unos metros antes, una depresión, producto del excesivo tránsito pesado de solo colectivo y  camiones de gran porte.

Seguimos el recorrido y vemos como la esquina de San Martín y San Luis, lugar en el que funciona una prestigiosa ferretería, efectivamente la vereda fue terminada. Mientras que a 150 metros y en la vereda de enfrente sucede todo lo contrario.

En San Martin y Espejo funciona una clínica con una vereda muy deteriorada, no apta para la circulación de enfermos y personas con restricciones de movilidad.

Hace años, en la gestión justicialista le comentamos a una directora de cierto sector todo este tipo de falencias estructurales innecesarias que dan al habitante de Las Heras, el despectivo sobrenombre de lasherindio.

Esta mujer, académicamente formada no tuvo mejor respuesta a su alcance que decir textual a este cronista: “¿Si no te gusta porque no te vas a otro lugar en lugar de criticar tanto?”.

Lo peor del caso, es que otro funcionario, esta vez secretario de cierta área del ejecutivo municipal al mando del intendente Daniel Orozco, expresó a este periodista exactamente lo mismo. Feas respuestas, llenas de pocos argumentos y excusas poco sólidas.

Pasan los años, las gestiones, los funcionarios. Pero lo que no aparece es la justica social, esa que supera a la justicia de los juzgados y fiscalías. Esa que hace oír sus reclamos para lograr mejor calidad de vida de todos.

Lejos estamos y tampoco pretendemos hacer un profundo acerca de la sociología del lugar, solo nos referimos a datos duros y comprobables. Una propiedad en Las Heras cuesta en su valor de venta o alquiler entre un 25 y un 30 % menos que en Ciudad o Godoy Cruz, lo peor de todo, es que ese dato es aceptado sin chistar.

Indudablemente y lamentablemente, algo no está bien en la Tierra en la que José de San Martín soñó la libertad de América.

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