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Halló extensas tierras disponibles y apostó por Mendoza: “Un sueño para quien viene de un país superpoblado”

Cuando llegó por primera vez a la Argentina quedó maravillado por un escenario que parecía infinito, donde “el único límite es la imaginación”.

François Lurton nació en Burdeos, Francia, y creció rodeado por pequeños afluentes y paisajes ondulados impregnados de uvas. Su padre, André, un apasionado del universo de la viticultura, pronto lo introdujo en su pasión, que el joven transformó en propia. Juntos, elaboraron sus primeros vinos en las regiones de Entre-Deux-Mers y Pessac-Léognan.

Entre cosechas y aprendizajes, François sintió la necesidad de salir al mundo para acrecentar sus conocimientos en el tema y expandir sus posibilidades. Los vinos de su familia ya habían ganado un nombre propio y su experiencia lo llevó a asesorar a otros productores en diversos puntos del planeta.

“Deben venir a la Argentina, juntos podemos crear un vino para este mercado”, le dijo uno de los productores más reconocidos de aquel rincón lejano del mundo. François nunca había estado en el país austral, y, si bien era consciente de su rica producción de vinos, jamás imaginó el impacto y las consecuencias que tendría para él conocer el suelo argentino.

Corrían los años 90, cuando François decidió viajar por primera vez a las Argentina con su hermano. Desde el primer instante que divisaron los vastos paisajes del Valle de Uco quedaron maravillados por un escenario que parecía infinito.

Las alianzas se afianzaron, el vino prometido se elaboró, pero algo más sucedió: François se enamoró de la cordillera y su potencia. “En ese viaje descubrimos la Argentina vitivinícola”, rememora.

Al margen de los motivos iniciales de la travesía, François supo ver enseguida el potencial de los vinos argentinos en el resto del planeta: “Empecé a exportar comprando a granel de otra bodega , con mi nombre. Estos vinos tuvieron tanto éxito en Canadá, Inglaterra y Alemania, que le propuse a mi hermano crear nuestra propia cava para independizarnos del grupo”.

Aquellos tiempos estuvieron marcados por el inicio de los viñedos de altura, al pie de la cordillera. Las escalas eran otras, los desafíos, inéditos; los hermanos Lurton no podían salir de su asombro ante los espacios gigantescos que se extendían ante ellos, tan prometedores.

“Estábamos fascinados por la cantidad de tierras disponibles. En Francia las superficies de plantación pequeñas imponían un límite. Aquí, podríamos plantar 100 o 1000 hectáreas en muy poco tiempo. Además, los estudios geológicos que realizamos en el Valle de Uco dieron resultados excepcionales. La Argentina se revelaba como un El Dorado de la viticultura”, asegura François.

“Estábamos fascinados por la cantidad de tierras disponibles".
“Estábamos fascinados por la cantidad de tierras disponibles”.

Fue así que, tras mucha dedicación acompañada por su pasión característica, François creó en el año 1996 su propio viñedo en Argentina (Bodega Piedra Negra). Le siguieron Chile, y más tarde España (Toro y Rueda) y Francia (Gascuña, Languedoc-Roussillon).

Argentina pronto ingresó en el corazón de François hasta convertirse en su segundo hogar. La cultura, los hábitos y costumbres, dejaron de ser foráneos para transformarse en parte de su vida y la de su esposa, quien también aprendió a amar los paisajes alejados de su Francia natal.

Debido a sus compromisos con el país y sus frecuentes viajes en familia, François y su mujer decidieron comprar una casa en Buenos Aires, pero, a pesar de quedarse por varias semanas en Argentina (y unas cuatro veces al año), el matrimonio comprendió que prefería pasar su tiempo rodeado de naturaleza.

“Ahora tenemos una hermosa casa de campo donde pasamos buenos momentos y recibimos amigos”, cuenta François. “Voy a cazar y a pescar seguido en varios destinos de la Argentina. En invierno disfruto hacer esquí en Las Leñas o en Bariloche. Aunque no juegue al polo, tengo muchos amigos en este mundo `cavalier´. Crucé la cordillera a caballo hace algunos años. El caballo, los paisajes abiertos y la libertad de circulación hacen de este país un sueño para un francés que viene de un país sobrepoblado”.

François, junto a su mujer, Sabine Lurton.
François, junto a su mujer, Sabine Lurton.

Pero para François nunca se trató únicamente del horizonte eterno y la sensación de libertad, su amor por el país se veía potenciado por la comunidad. Con el paso de los años conoció hombres y mujeres apasionados por estimular sus cinco sentidos, orgullosos de su gastronomía y, por supuesto, de sus viñedos.

“Los argentinos son verdaderos enamorados del vino, hablan con orgullo de él y lo beben. Es muy agradable rodearse de ellos en su modo de vida alrededor de una buena mesa, los asados son los grandes momentos para compartir”, señala François, quien, años atrás, corrió el Dakar en Argentina.

“Debo decir que también me impresionó el fervor del público por las carreras automovilísticas”, señala. “Además compré varias obras de pintores argentinos. Estoy impresionado por la cantidad de artistas de alto nivel que hay en este país”.

“En Argentina aprendí que el único límite es la imaginación”

Poco falta para que se cumplan tres décadas desde que François divisó por primera vez suelo argentino para no dejarlo nunca más. El país, en toda su extensión, lo ha conquistado y Mendoza, con sus paisajes infinitos, se transformó en una de las mayores apuestas de su vida.

Desde entonces, el viticultor elabora vinos en el terruño en Los Chacayes, diseñados y guiados por la propia montaña, bajo su ritmo e influencia.

“Hay viñedos de altura o plantados cerca de la montaña en el mundo, pero en Chacayes estamos realmente al pie de Cordillera. La exigencia de nuestros suelos pedregosos, la pureza del agua, la intensidad de la luz, la expresión de la flora del monte que crece en nuestros viñedos orgánicos, todas esas características le dan a nuestros vinos una tensión, una concentración y una claridad aromática única”, dice orgulloso el impulsor de IG Los Chacayes.

“Mi experiencia a lo largo de las décadas me enseñó que no hay límites en la vida. En Argentina aprendí que el único límite es la imaginación”, concluye.

Argentina Inesperada es una sección que propone ahondar en los motivos y sentimientos de aquellos extranjeros que eligieron suelo argentino para vivir. Si querés compartir tu experiencia podés escribir a [email protected]Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular; lo recibe la autora de la nota, no los protagonistas. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.

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