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China prohibió las criptomonedas: ahora mueve Washington

Por Silvio Santamarina.

El reciente anuncio de que el gobierno chino declaró oficialmente ilegales las transacciones con criptomonedas puso en estado de alerta roja al ecosistema de dinero digital descentralizado. Aunque el precio del Bitcoin y otros activos similares acusó el golpe, la caída no fue tanta como la que podría esperarse a propósito de una noticia negativa de una zona financiera tan importante.

Tal vez se explique por la falta de sorpresa de la medida decidida por China, ya que desde el año pasado se ven señales claras de la intención restrictiva de Beijing respecto de la ola cripto. Lo que no está tan claro es cómo reaccionará el mercado del dinero virtual cuando Washington se decida a tomar posición regulatoria de la actividad de emisiones privadas de tokens monetarios sin fronteras. Todo indica que este escenario podría definirse muy pronto.

 

Washington y las criptomonedas

A juzgar por las dudas que muestran las autoridades monetarias norteamericanas, las opciones políticas que se barajan para controlar la operatoria cripto podrían ser de alto voltaje, al menos para las pretensiones de “laissez faire” que sostiene el lobby de las nuevas ciberfinanzas. Un síntoma de esta pulseada es la postergación repetida de la salida de un informe oficial sobre el caso que viene prometiendo -y posponiendo- el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell.

Aunque se desconocen las conclusiones definitivas del reporte demorado, se supone que, aunque no habría prohibiciones drásticas al estilo chino, sí se esperan ciertas normas regulatorias del sector digital que podrían alterar seriamente el modelo de negocios asociado a las criptodivisas.

Mientras se esperan los diagnósticos oficiales encargados por la Fed, el Tesoro y la SEC, ya hay papers que circulan por los escritorios de las principales agencias gubernamentales encargadas de vigilar la actividad financiera, en sus distintos rubros y categorías. La consigna general de la alta burocracia estadounidense es muy simple: hay que evitar que estalle en las arcas públicas otra burbuja de la actividad privada de la magnitud del crack del 2008 y de un par de costosas corridas posteriores.

 

Domando las salvajes monedas estables

Uno de los papers recientes más sugestivos es el que acaban de publicar -a fines de julio- los académicos Gary B. Gorton (de la Yale School of Management) y Jeffery Zhang (economista del Board of Governors de la FED). El juego de palabras de su título en inglés (“Taming Wildcat Stablecoins”) resume el foco de su tesis. Vayamos por parte con la traducción, para entender el fondo de la cuestión en disputa.

El título podría traducirse rápidamente como: “Domando las salvajes monedas estables”. La primera aclaración es que este informe se centra en las llamadas stablecoins, que son una clase de criptomonedas ideadas para neutralizar la alta volatilidad que caracteriza a divisas como Bitcoin y otras. La propuesta de los emisores privados de stablecoins es que cualquier inversor puede comprar estos activos digitales sin miedo a las fluctuaciones brutales, porque su cotización está atada al dólar o a divisas fuertes tradicionales como el euro. Para quien no esté familiarizado, el mecanismo es una especie de “uno a uno” de la Convertibilidad argentina: por cada stablecoin que se emite, habría un dólar depositado que la respalda.

Por esta característica, estas monedas estables se han convertido en el producto cripto más popular, ya que sirven de puerta de entrada de los ahorristas tradicionales al mundo del dinero digital no regulado. Pero precisamente por su adopción masiva, acelerada durante la pandemia, es que las autoridades monetarias de los Estados Unidos le han puesto un ojo desconfiado.

Uno de los llamados de atención que resalta el informe de Gorton y Zhang es que la solidez del respaldo en dólares reales de las stablecoins está en plena discusión. De hecho, ya se abrieron varios casos judiciales para forzar a las firmas emisoras de estas monedas a informar de manera transparente el verdadero estado de sus depósitos respaldatorios de los valores lanzados al ecosistema digital.

Y los primeros resultados concretos confirman las sospechas de que algunos emisores privados están flojos de papeles, e incluso varios prometen portarse mejor y reforzar el porcentaje de sus tenencias concretas en dólares o en equivalentes de liquidez inmediata. El miedo a una corrida cambiaria es un fantasma que recorre el ecosistema de monedas supuestamente estables.

Y en el momento en que hablamos de flojera de papeles, reaparece el concepto a traducir más jugoso del título del paper que analiza este escenario de conflicto entre reguladores y megaemprendedores de las criptofinanzas. El término “wildcat” significa “salvaje” y, por asociación, también designa actividades prohibidas, o de audacia altamente especulativa. Específicamente, en este informe se habla de “wildcat” en referencia a una comparación histórica del dilema presente con otro período de la historia monetaria norteamericana.

A partir de hoy, todos los comercios deberán aceptar Bitcoin como pago por sus servicios o productos. Con un arranque accidentado, varias polémicas y rechazos, la criptomoneda abre su paso en un país en donde el 90% de su población aun no sabe precisar bien qué es.

Los autores nos remiten a lo que se conoció como la Era de la Banca Libre en las primeras décadas del siglo XIX en los Estados Unidos, antes de la Guerra Civil. En ese entonces, proliferaban los llamados “Wildcat Banks”, que emitían sus propios billetes de manera privada y descentralizada, con autorizaciones muy lábiles de parte del gobierno federal. Si bien esas emisiones particulares, muy diferentes y descoordinadas entre regiones del país, supuestamente estaban respaldadas por depósitos propios en oro y plata, en la práctica carecían del respaldo necesario como para garantizar que cualquier ahorrista pudiera redimir en tiempo y forma sus papeles pintados, cambiándolos por metal contante y sonante.

Se cree que a los bancos más sospechosos por su informalidad se los llamaba “wildcats” porque solían instalar sus sedes en pueblitos alejados de los centros urbanizados, casi abandonados, donde solo merodeaban los animales salvajes. Incluso circulaban guías impresas donde se listaba esa infinidad de monedas locales, para que los comerciantes y cambistas pudieran reconocer cuáles eran más o menos confiables, y qué tan fácil sería cambiar cada billete por bienes y servicios o por otros valores más tangibles y seguros. Aceptar esos billetes ignotos era cuestión de fe, o simplemente, de necesidad y urgencia.

Aquel tembladeral dinerario, plagado de buscavidas, estafadores y pícaros intermediarios, se parece -según los estudiosos de la política monetaria norteamericana- a la oferta cada vez más variada y expansiva del ecosistema criptodigital de nuestros tiempos. Y por eso, como sucedió en la segunda mitad del siglo XIX, los funcionarios estadounidenses pretenden regularlo.

 

Quién debería regular el mercado de criptomonedas

La primera duda es a qué organismo financiero estatal le corresponde regular. Aquí se abre una discusión semántica con derivaciones legales decisivas. Se trata de encuadrar a los entes privados de emisión de stablecoins en alguna de las categorías de control de la actividad financiera legal en los Estados Unidos. Para algunos expertos, los ahorristas en monedas estables pueden compararse a depositantes de dinero en cuentas bancarias a la vista. Otros opinan que, en realidad, los “clientes” que compran stablecoins son como tenedores de cuotas parte en fondos de inversión del estilo “money market”, o sea que podrían ser considerados accionistas con derecho a retirar fondos vendiendo sus títulos.

La lista sigue, al tiempo que las distintas capillas de la burocracia estatal tironean por el nuevo botín regulatorio. Mientras tanto, el negocio del criptocirculante sigue capitalizando la envidiable ganancia de operar en los intersticios de las normativas anticuadas.

La extensión engañosa usó el nombre de una empresa reconocida entre los que invierten en divisas virtuales.

Siguiendo el caso chino, y el ejemplo de la prehistoria monetaria norteamericana, queda una alternativa drástica para tratar de domar a las salvajes especies dinerarias del siglo XXI: que la FED cree su propia moneda digital pública, que intente desplazar a las privadas por la fuerza bruta de la prohibición (al estilo chino), o que lo haga aplicando impuestos demasiado onerosos a la operatoria cripto descentralizada o centralizada por empresarios privados. Todo está sobre la mesa. Y en cualquier momento, el mundo financiero online y offline podría enfrentarse al turno del barajar y dar de nuevo más disruptivo desde que un tal Satoshi Nakamoto promulgó la constitución global de los bitcoiners.

 

(*) Silvio Santamarina es autor de Historia de la Guita: la Cultura del dinero en la Argentina.

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