Esteban Allasino, el intendente pragmático que busca ser candidato a gobernador del PRO con aval libertario
Hay hechos y palabras que en su conjunto demuestran el rol de los dirigentes políticos. Ese es el caso del intendente de Luján de Cuyo Esteban Allasino, quien parece decidido a utilizar su Gobierno comunal como la catapulta que pueda llevarlo a ser candidato a gobernador de Mendoza en 2027. La estrategia del jefe comunal …
Hay hechos y palabras que en su conjunto demuestran el rol de los dirigentes políticos. Ese es el caso del intendente de Luján de Cuyo Esteban Allasino, quien parece decidido a utilizar su Gobierno comunal como la catapulta que pueda llevarlo a ser candidato a gobernador de Mendoza en 2027.
La estrategia del jefe comunal queda expuesta luego de realizar un complejo juego de equilibrios, buscando acumular poder propio y darle identidad a su nombre mientras respalda ideológicamente las medidas del Gobierno del presidente Javier Milei.
En tal contexto, Allasino tiende a estructurar un nuevo oficialismo en la provincia, un espacio que junte la experiencia territorial del PRO mendocino, la estructura del radicalismo y el impulso doctrinario de La Libertad Avanza.
Parte de ello de hecho pudo verse en las elecciones de medio término en las que el intendente consiguió el dominio casi absoluto del Concejo Deliberante de Luján de la mano de un acuerdo amplio con los sectores políticos del centro para la derecha.
Esta vendría a ser una suerte de carta de presentación que el PRO mendocino utiliza para instalarlo como el candidato natural del partido para disputar la gobernación, exhibiendo un perfil de centroderecha alineado a los nuevos tiempos políticos.
Para ello, el intendente se muestra pragmático, abierto a nuevas ideas y asumiendo una postura de renovación que en los hechos relativiza figuras de peso como el fundador del PRO Mauricio Macri.
Es que al sugerir que el expresidente pertenece a otra etapa y que las discusiones personalistas obstaculizan las transformaciones de fondo, Allasino parece buscar ganar autonomía para despegar como candidato con un nuevo formato político más relacionado a lo coyuntural.
Este distanciamiento de las viejas disputas partidarias le permite estar al día con la agenda de la Casa Rosada, aunque preservando cierta diferenciación centrada en su propia gestión.
En esta línea, el intendente defiende la necesidad de dar continuidad al proceso de reforma económica que impulsa el Gobierno del presidente Javier Milei pero introduce una demanda de orden político como un requisito indispensable para la sustentabilidad del cambio.
Se trata de un juego en el que el lujanino se muestra como el garante de las reformas en territorio mendocino, un rol que fue incluso ratificado cuando el propio macri desembarcó en Luján convalidando su peso dentro de la alianza entre el Frente Cambia Mendoza y La Libertad Avanza.
Por caso, analiza que la viabilidad de su postulación dependerá de ser percibido como el dirigente más puro de la ortodoxia económica corriendo por derecha a sectores del radicalismo críticos con la gestión del Gobierno Nacional.
Ello quedó al descubierto el pasado lunes luego de defender la eliminación del subsidio de Zona Fría que, a nivel provincial, afectará a unos 400 mil hogares en el pago de la boleta del gas.
De esta forma, Allasino asimiló el pago de las tarifas plenas como un camino inevitable hacia la normalización económica y asumió el costo político que ello pueda provocarle.
El mensaje hacia adentro del poder político es claro. Es la necesidad de demostrar cierta lealtad ideológica anteponiendose al eventual éxito que pueda tener el proyecto macroeconómico impulsado por la Casa Rosada.
Así, el intendente asume el riesgo de confrontar con la realidad de los hogares que enfrentan aumentos tarifarios bajo la premisa de que su electorado, predominantemente de perfil conservador y antikirchnerista, validará el sacrificio si el rumbo general de la economía se estabiliza.
Entonces, el modelo de construcción política de Allasino se define por dos puntos donde la presión fiscal y la austeridad salarial en la administración municipal se justifican bajo el mismo argumento de racionalización que promueve la gestión libertaria.
Es que al eliminar reclamos locales frente a las políticas del Gobierno Nacional el jefe comunal se despega del rol del resto de los intendentes dedicados a intentar contener los impactos de las políticas macroeconómicas y optando, de tal forma, en convertirse en el defensor del ajuste libertario.
Por tanto, el éxito de su aspiración hacia el Sillón de San Martín estará supeditado indudablemente a la efectividad del ordenamiento económico. Es decir, si la estrategia del Gobierno de Milei rinde frutos, Allasino emergerá como el dirigente que se anticipó al cambio. De lo contrario, perderá un valioso capital político.


