Venezuela en Mendoza: 8 años de exilio familiar, cautela y una luz de esperanza

La distancia entre Mérida-Mendoza y los ocho años de exilio, nunca lograron apagar el eco de una crisis que parece no tener fin. Para Sandra Rondón y miles de familias que salieron de Venezuela buscando un respiro, las noticias recientes sobre su país se reciben con una mezcla de ansiedad y escepticismo. Para contarlo en …

Raúl Pedone
Secretario General de Redacción Mendoza Today
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La distancia entre Mérida-Mendoza y los ocho años de exilio, nunca lograron apagar el eco de una crisis que parece no tener fin. Para Sandra Rondón y miles de familias que salieron de Venezuela buscando un respiro, las noticias recientes sobre su país se reciben con una mezcla de ansiedad y escepticismo. Para contarlo en primera persona, una madre que se sumó a la lista de aquellos emigrantes que fueron y son víctimas directas del chavismo, reconstruye su historia, marcada por el desarraigo y la búsqueda de un futuro que su tierra natal le negó.

“Me enteré por las redes sociales y, al principio, no lo creía; me parecía una historia inventada. Pero cuando la información fue compartida por el presidente de Estados Unidos y documentada en los noticieros, la cosa se vio distinta”, relata Sandra con una voz que mezcla la sorpresa con la cautela. Para ella, tras casi 27 años esperando un cambio, la esperanza es un sentimiento que se maneja con cuidado para no quebrar el presente construido en Argentina.

A pesar del impacto de las noticias, esta venezolana que se desempeña como profesional del turismo prefiere no celebrar antes de tiempo. “Sigo sin festejar todavía, porque queda lo más difícil; aunque se saque a la cabeza principal, todos los que se quedaron forman parte activa de la situación. Hasta que el país no esté liberado completamente, habrá mucha incertidumbre”, explica, reflejando el sentir de una comunidad que ha aprendido a desconfiar de los finales abruptos en Venezuela.

Venezuela en Mendoza: 8 años de exilio familiar, cautela y una luz de esperanza
Dos de los hijos de Sandra ya van a la Universidad.

La llegada de Sandra a Mendoza hace ocho años fue un acto de supervivencia y amor maternal. “Vine con mis tres hijos pequeñitos, mi hermana y mi cuñado; llegamos sin tener absolutamente nada, solo un alquiler temporal que nos ayudó a pagar un primo”, recuerda sobre sus primeros días en la provincia, la cual eligieron por “su asombroso parecido” con Mérida, la ciudad venezolana que dejaron atrás entre montañas.

El quiebre definitivo ocurrió en 2018, cuando la realidad económica en Venezuela se volvió insostenible incluso para quienes tenían cargos de jerarquía. “Yo era gerente comercial de un hotel, pero lo que ganaba al cambio eran unos seis dólares. Solo podíamos comer a medias, las carencias eran grandísimas y había que hacer colas para todo. Decidí darle otra oportunidad a mis hijos”, confiesa sobre el motor de su exilio.

Hoy, instalada y con sus hijos mayores en la universidad, valora la estabilidad argentina a pesar de las dificultades locales. “No hay punto de comparación; aquí uno tiene la opción de elegir qué comprar acorde al dinero que tenga. En Venezuela se nos iba la luz 15 horas al día y no se conseguía ni papel higiénico. Siendo asmática y sin obra social, en un momento aquí me trataron como a una reina en un hospital público”, destaca con gratitud.

En Venezuela, con el temor de una madre

El temor a la represión también fue un factor determinante para no mirar atrás, especialmente respecto a la seguridad de los más jóvenes. “Con hijos adolescentes, jamás los hubiese dejado salir a protestar allá, porque el futuro era ir a parar a un centro de tortura. Mucha gente dejó de manifestarse cuando la Guardia Nacional empezó a matar a tantos chicos jóvenes; daba mucho miedo”, explica sobre la herida social que desangra a Venezuela.

Aunque extraña su gastronomía, su música y a los parientes que aún resisten allá, su proyecto de vida hoy tiene bandera celeste y blanca. “Argentina nos ha recibido bien y aquí podemos seguir. Me encantaría visitar e ir de vacaciones allá, pero no dejaría de vivir aquí porque nos abrieron los brazos sin xenofobia, dándonos la oportunidad de vivir tranquilos”, concluye con la mirada puesta en el horizonte mendocino.

La tensión internacional y social en Venezuela comenzó a escalar fuerte tras las cuestionadas elecciones presidenciales de julio de 2024, donde el Consejo Nacional Electoral proclamó a Nicolás Maduro sin presentar las actas desglosadas. Esto ha provocado una nueva ola de sanciones económicas y el desconocimiento de gran parte de la comunidad internacional, mientras que la ONU denuncia una “reactivación de la represión” con miles de detenciones arbitrarias.

Venezuela en Mendoza: 8 años de exilio familiar, cautela y una luz de esperanza
Una selfie de la familia de Sandra Rondón en su casa de Mendoza.

La crisis migratoria venezolana ya supera los 7.7 millones de personas desplazadas en todo el mundo, consolidándose como una de las mayores del planeta. Mientras el panorama político sigue estancado en negociaciones y presiones externas, las familias en el exterior observan cada movimiento con la herida abierta, esperando el día en que su país deje de ser una noticia de crisis para volver a ser, simplemente, su hogar.

Aquí tienes una síntesis redactada para tu nota periodística, organizada según los puntos solicitados y con el tono informativo adecuado:

Venezuela y el mundo en vilo

Maduro fue capturado el sábado último, en una operación militar ejecutada por fuerzas especiales de los Estados Unidos identificadas como comandos Delta Force. El líder chavista y su esposa, Cilia Flores, fueron detenidos tras una serie de ataques aéreos estratégicos contra objetivos clave en la capital venezolana.

Tras su aprehensión, el sucesor de Hugo Chávez fue trasladado bajo un estricto operativo de seguridad hacia territorio estadounidense. Aterrizó en el estado de Nueva York para ser recluido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, marcando el fin de su ejercicio del poder en territorio venezolano y el inicio de un capítulo inédito en las relaciones hemisféricas.

El proceso judicial comenzó formalmente hoy en el tribunal del Distrito Sur de Nueva York, donde Maduro compareció ante el juez federal Alvin Hellerstein. Durante la audiencia de lectura de cargos, el exmandatario se declaró “inocente” de las acusaciones de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de armas de alto calibre, delitos que podrían acarrear penas desde los 20 años hasta la cadena perpetua.

Mientras tanto, en Venezuela, la situación es de una tensa incertidumbre: la Asamblea Nacional ha juramentado a Delcy Rodríguez como presidenta encargada para gestionar la transición, en medio de un país golpeado por cortes de energía y la vigilancia de una flota naval estadounidense que mantiene el bloqueo petrolero, mientras la comunidad internacional debate la legalidad de la intervención bajo la renovada Doctrina Monroe impulsada por la administración de Donald Trump.

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