La herencia africana en Mendoza
Corría el año 1816. El General José de San Martín se encontraba en El Plumerillo terminando los preparativos para la formación del ejercito que cruzaría Los Andes para luchar por la independencia. El libertador había realizado una promesa, todo hombre afrodescendiente que se enlistara en el ejercito ganaría su emancipación al regreso, lucharían no solo …
Corría el año 1816. El General José de San Martín se encontraba en El Plumerillo terminando los preparativos para la formación del ejercito que cruzaría Los Andes para luchar por la independencia. El libertador había realizado una promesa, todo hombre afrodescendiente que se enlistara en el ejercito ganaría su emancipación al regreso, lucharían no solo por la libertad de la patria, sino por su libertad personal.
Entre los numerosos esclavos que se presentaron, cerca del 50 porciento de las tropas del Ejército de Los Andes eran afrodescendientes, una destacó. Una joven mujer de apenas 19 años llamada Josefa Tenorio.
La joven esclava se vistió de hombre y se presentó a las órdenes del General Las Heras, quien la aceptó en las filas y le confió una bandera, para que llevara y defendiera, hecho por el cual se la conoció como “la abanderada del Ejército de Los Andes”.
Josefa cruzó Los Andes, realizó patrullas y batalló a la par de sus camaradas Granaderos. Al regresar a Mendoza, envió una carta al General San Martín solicitando su libertad. El prócer, fiel a su palabra, otorgó la libertad a Josefa Tenorio.
La historia de esta joven afrodescendiente mendocina es una de las muchas que se han olvidado con el pasar de las generaciones.
Desde el siglo XVII, personas africanas y afrodescendientes llegaron a la región de Cuyo principalmente en condición de esclavitud. Cumplían tareas domésticas, rurales y artesanales, y fueron parte activa del desarrollo económico y social de la provincia. Documentos históricos dan cuenta de su presencia en estancias, viñedos, hogares urbanos y milicias.
Durante las guerras de la Independencia, muchos afrodescendientes participaron como soldados en el Ejército de los Andes, un aporte fundamental que, sin embargo, rara vez es destacado en los relatos oficiales, siendo quizás el más conocido el de Juan Bautista Cabral, conocido como el Sargento Cabral, un soldado del Regimiento de Granaderos a Caballo quien murió heroicamente en el año 1813 en la Batalla de San Lorenzo al interponerse entre las bayonetas de los soldados realistas y el entonces coronel José de San Martín.
Con el paso del tiempo, la población afrodescendiente fue invisibilizada por distintos factores: el mestizaje, las altas tasas de mortalidad, la falta de registros oficiales y una construcción identitaria nacional que privilegió la inmigración europea. Esto generó la falsa idea de que “en Argentina no hay población afro”, cuando en realidad hubo, y hay, una presencia sostenida.
En el año 1812 a pedido del Primer Triunvirato, se solicitó la realización de un censo para conocer la composición de cada ciudad de la Argentina. Las cifras indicaban que en Mendoza el 33% de un total de 13.318 personas eran afrodescendientes, lo cual dejaría sin sustento el mito de que los soldados afrodescendientes murieron en la guerra.
Diversos investigadores e historiadores coinciden en que había mucha deserción de los ejércitos, lo cual produjo una dispersión de la población afrodescendiente, debido a que, una vez que abandonaban las filas, no podían regresar a sus lugares de origen porque de lo contrario hubieran sido reincorporados a las tropas o destinados al trabajo forzado en la obra pública. De todas formas, un nuevo censo realizado en el año 1823 indicaba que el 12% de la población de Mendoza era negra.
Según las investigaciones históricas, lo que ocurrió luego fue un proceso de mestizaje y aumento de la población libre. Muchos afrodescendientes decidían hacerse pasar por mestizos o españoles para alejarse del pasado esclavo, lo cual se consideraba algo negativo, un estigma social.
Apellidos que resisten al olvido
Uno de los indicios más claros de esa continuidad se puede observar en la obra del genealogista Luis Cesar Caballero en su obra “Los negros esclavos en Mendoza, algunas genealogías”.
En el mismo figuran algunos nombres ampliamente conocidos, como Andrés de Tejeda, pardo libre, conocido como “el molinero” o el de Lorenzo Barcala, negro esclavo que terminó siendo coronel del Ejército. Registros parroquiales, censos antiguos y archivos judiciales muestran apellidos asociados a personas afrodescendientes que siguen presentes en Mendoza.
En muchos casos, estos apellidos fueron heredados de antiguos propietarios, como ocurría durante la esclavitud. En otros, se transmitieron por generaciones a través del mestizaje. Si bien un apellido no define una identidad, sí puede ser una pista poderosa para reconstruir historias familiares que nunca se contaron.
En Mendoza, investigaciones académicas y genealógicas han identificado apellidos presentes en archivos coloniales y parroquiales que hoy continúan vigentes. Aunque un apellido por sí solo no determina identidad afrodescendiente, sí puede funcionar como un punto de entrada a la memoria familiar, motivando búsquedas personales y colectivas.
Identidad, reconocimiento y presente
Hoy, la afrodescendencia en Mendoza se expresa no solo como herencia histórica, sino también como identidad viva. Existen organizaciones, referentes culturales y espacios educativos que trabajan para difundir esta historia, combatir el racismo estructural y promover el reconocimiento de la diversidad étnica y cultural de la provincia.
Recién en 2010, el Censo Nacional incluyó por primera vez una pregunta sobre afrodescendencia. A partir de allí, miles de personas en todo el país se reconocieron como afrodescendientes. En Mendoza, aunque los números oficiales son bajos, existen colectivos y referentes que trabajan para visibilizar esta identidad y reclamar reconocimiento histórico y cultural.
Hoy, la afrodescendencia en Mendoza se expresa en espacios culturales, educativos y comunitarios. No se trata solo de mirar al pasado, sino de reconocer una identidad viva que forma parte del presente provincial.
Reconocer la afrodescendencia en Mendoza es comprender que la identidad provincial no se construyó desde un solo origen, sino desde la diversidad. Apellidos, tradiciones, historias familiares y memorias compartidas son hoy las claves para reconstruir un pasado que sigue latiendo en el presente.


