Los “viejos vinagres” y la historia del atrevido joven porteño que quiere derogar la Coviar
Desde 2023, Damián Arabia es diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires y presentará mañana lunes 5 de mayo un libro en la sala Domingo Faustino Sarmiento de la cotizada Feria del Libro de Buenos Aires. Lo ha titulado sin rodeos “No me rompan las pelotas”, una alusión abierta desde su portada al libertarismo imperante …
Desde 2023, Damián Arabia es diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires y presentará mañana lunes 5 de mayo un libro en la sala Domingo Faustino Sarmiento de la cotizada Feria del Libro de Buenos Aires. Lo ha titulado sin rodeos “No me rompan las pelotas”, una alusión abierta desde su portada al libertarismo imperante en el país, aunque él es afiliado al PRO (Propuesta Republicana), el partido que fundó Mauricio Macri años atrás y aunque hoy es un joven dirigente (nació en 1991), muy cercano a Patricia Bullrich (de hecho, ha colaborado con ella vigilando de cerca y tratando de enderezar a los policías corruptos).
¿Qué sabe este muchacho treintañero porteño de vino?, se preguntan retóricamente los popes vitivinícolas cuyanos. Y siguen: ¿Cuánto conoce del sufrir de los productores empobrecidos, de los regantes, granizadas, heladas, destino para el mosto, precio sostén, tomeros, lagares, Fiesta de la Vendimia, Reinas, pago del tacho de uva, ficheros, etcétera, etcétera?
Pues bien: una respuesta puede ser que es dueño de Finca los Dioses, una bodega ubicada en las privilegiadas tierras de Agrego (Luján de Cuyo) e impulsor de un proyecto vitivinícola exportador, junto a su socio Lean Germain.
La polémica Coviar
Pero Arabia es quien no está de acuerdo con ceder en forma obligatoria ni un solo centavo a la Coviar (Corporación Vitivinícola Argentina), el ente que en su propia página web se define así: “Un organismo público-privado que gestiona y articula las acciones necesarias para cumplir con los objetivos del Plan Estratégico Argentina Vitivinícola (PEVI), asumiendo el desafío de transformar el sector vitivinícola y potenciar, con visión estratégica, sus fortalezas y oportunidades en el mercado global del vino, del jugo concentrado de uva, de las pasas y uvas de mesa”.
El polémico proyecto de ley apunta a derogar la Coviar o por lo menos para evitar que asociarse y aportar a esa entidad sea una obligación legal, como lo es desde 2004.
Aunque con prudencia pública esta vez, la iniciativa recibe el apoyo de parte de las marcas más renombradas del país, agrupadas en Bodegas de Argentina, una cámara empresaria presidida por Walter Bressia y donde aparecen lustrosos apellidos y bodegas poderosas: Peñaflor, Chandon, Trivento, Arizu, Vigil, Pulenta, Canale, Nieto-Senetiner, entre otros.
En un informe, Bodegas de Argentina aseguró que entre 2004-2020, COVIAR manejó U$D 230 millones, monto del cual U$D 100 millones fueron aportes privados y U$D 130 millones los puso el Estado. “Y no se lograron los objetivos estratégicos ni se rindieron cuentas”, denuncia Bodegas de Argentina, apoyados en al menos una certeza: se compra y se toma menos vino en la Argentina y se exporta menos también. Un fenómeno global.
La respuesta más contundente de la Coviar se escuchó durante su ya clásico desayuno, en el marco de la última Vendimia. Su presidente, el riojano Mario González, dijo que Arabia tiene “un desconocimiento muy grande de la vitivinicultura” y respondió con algunos números: el aporte equivale a 049 centavos por litro de vino sin indicación varietal y 081 centavos de aquellos que sí lo indiquen. “Insignificante”, expresan.
Solidariamente, Coninagro, la Sociedad Rural Argentina, la Federación Agraria y las Confederaciones Rurales Argentinas han manifestado en un comunicado conjunto su rechazo al proyecto.
La Coviar y la política
Lo cierto es que el proyecto ha incomodado no sólo a los bodegueros, sino también a la política mendocina. La vicegobernadora Hebe Casado ha mostrado su respaldo a la idea de derogar la ley nacional 25.849 (la normal legal que creó, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, la Coviar).
El más incómodo cuando los periodistas le han preguntado parece ser el ministro de la Producción, Rodolfo Vargas Arizu, quien desde hace tiempo ha sido crítico de la corporación y ahora reconoce que “por lo menos” hay que debatirlo. “Puede ser…”, dijo en una entrevista a Canal 7 Mendoza al término de la Asamblea Legislativa, pero “por lo menos nos tendrían que haber consultado”.
En los pasillos de la Casa de Gobierno, aseguran que Alfredo Cornejo prefiere concentrarse en otro asunto: el Instituto Nacional de Vitivincultura (INV). “Está dispuesto a rever algún aspecto, pero no eliminarlo”, aseguran en estricto off. Esa versión nació semanas atrás en medio de una de las tantas olas de la fiebre libertaria. Todavía no pasó nada.
Siguiendo con la política Gabriela Lizana no está de acuerdo. “El caos beneficia a los más poderosos”, argumenta. La diputada provincial massista y productora del Este entiende que antes hay revisar la cantidad de impuestos que soporta el sector. Pero, desde el Centro de Viñateros y Bodegueros del Este (su misma zona) no opinan igual y quieren la derogación.
Si quisiéramos simplifcar, podríamos asegurar que los fuertes están contra la Coviar y los débiles a favor. Pero no es tan así. José “Pepe” Zuccardi, propietario de relevantes emprendimientos en Maipú y el Valle de Uco, ha sido en los últimos años un gran protagonista de ese organismo (fue presidente). También Fecovita, federación de cooperativas regionales que, pese a sus grandes dificultades actuales, cuando se suman pesan mucho en el mercado. No son los únicos.
Mientras, Damián Arabia -tal vez con una copa de Malbec en la mano- ratifica su pertenencia a la “Generación Verdad”, una definición que se identifica con conceptos como “la disrupción, la desregulación, elanti-estatismo y el tecno-optimismo”. Y pide un paso al costado a los “viejos vinagres”.
Próximamente presentará su libro “No me rompan las pelotas” en Mendoza. Tiene derecho. Veremos qué sucede cuando llegue el momento.


