Una mendocina en Roma cuenta cómo vivió la emocionante despedida del papa Francisco

La mendocina Brenda Herrerías recorre una de las calles que desembocan en San Pedro. Codo a codo junto a miles de católicos que han llegado desde todos los rincones del planeta. Tienen edades disímiles, hablan en idiomas distintos y lucen colores de piel diferentes. Pero quieren acercase lo máximo posible al papa Francisco. O a …

Raúl Pedone
Secretario General de Redacción Mendoza Today
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La mendocina Brenda Herrerías recorre una de las calles que desembocan en San Pedro. Codo a codo junto a miles de católicos que han llegado desde todos los rincones del planeta. Tienen edades disímiles, hablan en idiomas distintos y lucen colores de piel diferentes.

Pero quieren acercase lo máximo posible al papa Francisco. O a su alma, porque su cuerpo ya ha partido de esta Tierra y sus restos yacen en un cajón de bordes lisos, sin molduras ni esculturas. Tal como él lo pidió.

Pero los espacios de la imponente plaza, estrados, pasillos y escaleras están reservados para los cardenales, sacerdotes, jefes de Estado y otras personas importantes dentro de la jerarquía de la Iglesia Católica. Y no puede avanzar. No hay caso. Levanta la vista y a cuatro cuadras –“más o menos”- divisa la cúpula de la Basílica, cuyo inconfundible recorte le permite confirmar que camina por el mismo Vaticano.

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Brenda Herrerías y su hijo Facundo Lorca, en el Vaticano.

Cristiana, creyente e ignaciana (Por San Ignacio de Loyola, creador de la Compañía de Jesús, ala que pertenecía el Pontífice), piensa: “Estoy en el momento y en el lugar indicados”.

De pronto, se detiene a mirar una de las tantas pantallas gigantes apostadas para el público, para la gente que no puede adelantarse más. Justo sobre ese friso se proyectan con rostros de circunstancia el norteamericano Donald Trump, el francés Emmanuel Macron y el ucraniano Volodímir Zelensky. Se dan la mano. Tal vez hablen de la guerra, tal vez de la paz, como le hubiera gustado a Francisco. ¿Quién sabe?

Brenda nació en Rivadavia y vive en Chacras de Coria. Tenía pensado permanecer en Roma para estas Pascuas junto a su hijo Facundo Lorca, para asistir a la canonización de Carlo Acutis, el adolescente apodado “el influencer de Dios”, por su prédica a través de las redes sociales y las plataformas digitales, acorde con los tiempos. Pero en medio de la planificación sucedió el agravamiento de la salud y posterior fallecimiento del Papa.

Viajó igual, por supuesto. Era un momento extraordinario. “Yo seguí mucho a Francisco. Y creo que quienes lo criticaban tanto es porque no lo conocían a fondo. Él siempre estuvo del lado de aquello que nos duele, de las periferias, por eso lo quería tanto la gente”, le dice con tono tan triste como firme a Mendoza Today.

“Tenía muchas horas de sol”, improvisa como metáfora, para referirse a la necesidad del Pontífice de no perder contacto con la gente común. “Su mensaje nunca olvidó a los inmigrantes, los marginados. Ellos siempre estuvieron en sus mensajes, en sus discursos, públicos y privados. Y el mundo captó su mensaje”.

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Pantallas gigantes en los accesos a la Plaza San Pedro.

Por eso mismo, la fiel rivadaviense recomendó repasar la homilía completa que pronunció el decano del Colegio Cardenalicio, Cardenal Giovanni Battista Re, en el imponente funeral de Francisco, durante el cual repasó los momentos sobresalientes del papado argentino.

Por ese motivo, le llamó tanto la atención este párrafo: “Conservó su temperamento y su forma de guía pastoral, y dio de inmediato la impronta de su fuerte personalidad en el gobierno de la Iglesia, estableciendo un contacto directo con las personas y con los pueblos, deseoso de estar cerca de todos, con especial atención hacia las personas en dificultad, entregándose sin medida, en particular por los últimos de la tierra, los marginados”.

Ella coincide con esas palabras. Sin embargo advierte que igual era un hombre atento a las nuevas tendencias de la sociedad.

Al respecto, esa misma homilía subraya: “Sobre todo, usaba un vocabulario “rico en imágenes y metáforas, siempre buscó iluminar con la sabiduría del Evangelio los problemas de nuestro tiempo, ofreciendo una respuesta a la luz de la fe y animando a vivir como cristianos los desafíos y contradicciones de estos años de cambio, que él solía calificar como cambio de época”.

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Altar en la Iglesia del Gesú, en Roma.

Le consta que “no se quedó en el tiempo” y que tenía una gran espontaneidad, y una manera informal de dirigirse a todos, “incluso a las personas alejadas” de las creeencias católicas. Que pidió que lo enterraran “como a Jesús”.

Y se animó a pensar que tal vez podría pasar a la historia como un mártir de la Iglesia, “porque a veces era una persona que con sus mensajes ponía incómodos incluso a algunos integrantes de la propia Iglesia”.

Brenda habla emocionada y ya se hace de noche en Europa. Todavía siente latir en su corazón todo lo que vivió este día en Roma, “que pese a tanta gente, está tranquila”. Ha pasado muchas horas bajo el sol y también sintió un poco de sed. Pero su voz se escucha serena.

Se dio tiempo para visitar junto a su hijo la Iglesia del Gesú en Roma, donde exhibian un retrato de Francisco y habían encendido unas velas, en humilde funeral. Pronto volverá a Mendoza como “otra persona”.

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