Chacal mendocino abusó de sus hijas desde que eran pequeñas y tuvo un hijo con una de ellas
“Los abusos empezaron cuando tenía 10 años”, me dice Analía, que ahora ya cuenta con 25 abriles. Lo hace mientras se acomoda en una silla del conocido café de la Peatonal mendocina. Lo hace junto a su hijo de 5 años, fruto de los abusos de su padre. “Él no sabe nada”, me aclara la …
“Los abusos empezaron cuando tenía 10 años”, me dice Analía, que ahora ya cuenta con 25 abriles. Lo hace mientras se acomoda en una silla del conocido café de la Peatonal mendocina.
Lo hace junto a su hijo de 5 años, fruto de los abusos de su padre. “Él no sabe nada”, me aclara la joven, antes de que pregunte al respecto.
Acto seguido, me contará el derrotero de su vida, que arrancó cuando pequeña, con los tocamientos que le hacía su padre, quien hoy tiene 68 años: “Empezó en mi pieza, haciéndome sentar en su falda, cuando no estaba mi mama porque salía a hacer compras o algún trámite. Con los años, pasó de los tocamientos a las relaciones carnales”.
Con culpa, me explicará que demoró en hacer la denuncia judicial porque su madre no creía en los abusos. No al menos en un primer momento. “Hace 6 meses me decidí hablar”, dice Analía.
Y agrega un dato no menor: su progenitor ya fue condenado en el marco de un juicio abreviado, por el abuso de una hermana más chica, que ahora tiene 12 años.
Diario Mendoza Today pudo acceder a aquel expediente, que contiene detalles escabrosos. Asegura que el hombre “procedía a meter su mano en varias ocasiones a su hija menor por la cintura del pantalón y la bombacha, donde tocaba primero la cola y después le tocaba sus partes íntimas, que dicho proceder lo hacía todos los días y en todos estos años”.
Incluso advierte que lo hacía después de comer: “Le daba el postre y la hacía sentarse en su falta, y le tocaba con sus dedos la vagina, le tocaba la cola y después de terminar el postre se iban a dormir la siesta, donde hacía lo mismo en la cama. Por último le manifestaba que si decía algo o abría la boca, le iba a matar a su madre“.
De acuerdo a la misma denuncia, “los abusos sucedían desde sus 4 afios, de la misma manera, todos los días, continuando por años y hasta que el sindicado llevó a la niña a vivir con la deponente, lo que ocurrió el 28 de febrero de 2019”.
La denunciante asegura que los abusos ocurrían “al menos dos veces por día, primero, al terminar el almuerzo cuando les daba el postre la hacía sentarse en su falda y ahí la tocaba, y después también, cuando se iban a dormir la siesta y le hacía lo mismo en la cama; como también le elijo que tenía miedo porque el padre la amenazaba con matarla a ella, si hablaba o contaba algo”.
A pesar de estar encerrado en Cacheuta, el hombre intenta contactar en estas horas a Analía, quien ha decidido bloquearlo. “Le escribió a mi hermana, diciendo que lo tengo bloqueado, que quiere hablar conmigo y con mi hijo, pero yo no quiero hablar con él, y tampoco quiero que mi hijo lo haga. Ya está muy confundido. No sabe quién es, como ya te dije”.
El devenir de la joven no sólo se circunscribe a los abusos en sí, sino también al desinterés del Estado en avanzar en su caso. “Desde el 911 no nos atendieron nunca, y desde el ETI (Equipos Técnicos Interdisciplinarios) tampoco hicieron gran cosa”, denunció.
Como sea, en las próximas horas la joven ampliará la denuncia en cuestión en la Justicia, en la esperanza de que se avance en medidas concretas, como una oportuna Cámara Gesell y similares.
“Espero que me escuchen, es todo lo que busco, que se haga justicia de una vez, para estar tranquila”, se despide Analía, cuyo verdadero nombre es otro. Y debe resguardarse.


