¿Vivir peor que mis padres? La angustia que crece entre los jóvenes argentinos
Un estudio de la UBA revela que crece la percepción de vivir peor que los padres. Datos sobre vivienda, empleo y deuda joven en Argentina
La idea de que cada generación viviría mejor que la anterior parece haber dejado de ser una certeza. Hoy, cada vez más jóvenes sienten que alcanzar los objetivos que sus padres lograron -como acceder a una vivienda propia, conseguir un empleo estable o formar una familia- resulta mucho más difícil.
Un estudio realizado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Buenos Aires (UBA) advierte que crece entre los jóvenes la percepción de que vivirán peor que sus padres.
El fenómeno no es exclusivo de Argentina: un
a encuesta internacional realizada en 36 países reveló que el 57% de los consultados cree que sus hijos vivirán peor que ellos.
En diálogo con Infobae a la Tarde, la politóloga y docente Piera Fernández analizó las razones detrás de este cambio de percepción y sostuvo que el verdadero problema no es solamente el presente económico, sino la dificultad para imaginar un futuro mejor.
"La preocupación aparece cuando dejamos de creer que el futuro puede ser mejor que el presente", explicó.
Según la especialista, una investigación realizada entre jóvenes de sectores de altos ingresos y de barrios populares mostró diferencias importantes en la manera en que cada grupo proyecta su futuro.
Mientras los jóvenes de clases medias y altas suelen construir un proyecto de vida que incluye terminar sus estudios, acceder a una vivienda propia, viajar o desarrollarse profesionalmente, quienes viven en sectores populares muchas veces concentran sus expectativas en objetivos más inmediatos, como conseguir un trabajo formal, finalizar la escuela o simplemente lograr salir del contexto de vulnerabilidad en el que crecieron.
Fernández también advirtió sobre el peso que recae sobre las nuevas generaciones.
"Vivimos en una sociedad que transmite la idea de que cada uno se salva solo. Esa lógica coloca una enorme carga individual sobre los jóvenes.
Si no logran cumplir sus objetivos, sienten que el fracaso es exclusivamente personal, cuando en realidad existen condicionantes sociales y económicos muy fuertes."
Para la politóloga, ninguna generación puede sostenerse únicamente sobre diagnósticos pesimistas.
"Necesitamos construir expectativas colectivas sobre el futuro. Si una sociedad pierde la capacidad de imaginar un horizonte mejor, también pierde la posibilidad de transformar la realidad."
Una mirada desde la economía
La contadora Jimena Politino aporta otra perspectiva al analizar los datos económicos.
Según la última encuesta del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, el 43,3% de los argentinos considera que su situación económica es peor que la que tuvieron sus padres.
La percepción de movilidad social descendente se profundiza en los sectores de menores ingresos: el 57,8% de quienes pertenecen al estrato socioeconómico muy bajo siente que está peor que la generación anterior, mientras que esa percepción disminuye al 30,8% entre los sectores medios y altos.
Sin embargo, el informe también muestra un dato alentador: alrededor del 82% de los argentinos cree que sus hijos o nietos tendrán más oportunidades que ellos, porcentaje que asciende al 85,9% en los sectores populares.
Para Politino, esto demuestra que, aunque existe preocupación por el presente, la esperanza en el futuro continúa siendo un componente importante dentro de la sociedad argentina.
¿Es realmente imposible acceder a la vivienda?
Uno de los argumentos más repetidos entre los jóvenes es que comprar una casa parece un objetivo inalcanzable. Sin embargo, los datos muestran algunos matices.
De acuerdo con la Fundación Tejido Urbano, durante 2025 se otorgaron aproximadamente 44.305 créditos hipotecarios, convirtiéndose en el cuarto mejor año del siglo XXI, solo detrás de los registros de 2007, 2017 y 2018.
Además, el perfil de quienes acceden actualmente a esos créditos es muy claro: jóvenes con empleo formal que buscan adquirir su primera vivienda, un perfil similar al observado durante el auge del mercado hipotecario años atrás.
No todos los jóvenes enfrentan las mismas oportunidades
Politino sostiene que no es posible hablar de una única realidad para toda una generación.
Las posibilidades de crecimiento económico dependen, en gran medida, del nivel educativo, la formación profesional y las habilidades laborales de cada persona.
Quienes cuentan con mayor capacitación tienen más probabilidades de acceder a empleos registrados, mejores salarios y herramientas para afrontar el aumento del costo de vida. En cambio, los jóvenes con menor nivel de formación suelen enfrentar mayores dificultades para progresar y construir expectativas positivas sobre su futuro.
La otra cara: el aumento del endeudamiento
A la incertidumbre laboral y económica se suma un fenómeno que comienza a preocupar: el crecimiento de la morosidad entre los más jóvenes.
Según datos de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU), la mora en el sistema financiero volvió a aumentar durante mayo y alcanzó niveles que no se registraban desde la salida de la Convertibilidad.
El dato más preocupante es que cuatro de cada diez personas menores de 35 años con préstamos activos presentan al menos una deuda en mora, ya sea con entidades financieras o no financieras.
Este escenario refleja que, además de enfrentar mayores dificultades para acceder al crédito y construir patrimonio, muchos jóvenes comienzan su vida adulta con problemas de endeudamiento.
¿Una generación más pesimista o más realista?
La sensación de que vivir mejor que los padres ya no está garantizado atraviesa a buena parte de la juventud. Sin embargo, los datos también muestran que existen diferencias según el nivel educativo, el contexto socioeconómico y las oportunidades de inserción laboral.
Mientras algunos indicadores reflejan una pérdida de expectativas respecto del presente, otros muestran que la confianza en el futuro aún persiste. El verdadero desafío parece ser recuperar la posibilidad de proyectar una vida con estabilidad, crecimiento y oportunidades, para que el progreso vuelva a ser una expectativa compartida y no una excepción.


