Cuando la mujer gana más que el hombre: ¿Quién manda en casa?
Cada vez más mujeres son el principal sostén económico del hogar y más hombres se dedican a la crianza. Una mirada a los nuevos roles familiares. (143 car.)
Durante décadas, la imagen tradicional de la familia estuvo asociada a un hombre proveedor y una mujer dedicada principalmente al cuidado del hogar y los hijos. Sin embargo, los cambios sociales, culturales y económicos han comenzado a modificar ese esquema, dando lugar a nuevas dinámicas familiares que desaían viejos estereotipos.
Recientemente, la actriz y comunicadora Juana Repetto participó del podcast Resumidos, donde reflexionó sobre la maternidad y las diferencias en la forma en que la sociedad juzga a hombres y mujeres en la crianza.
"Un hombre va al pediatra o a una reunión de padres y lo felicitan como si fuera un héroe. Claramente no sucede lo mismo con las mujeres", señaló.
Pero uno de los comentarios que más repercusión generó entre los usuarios fue el de una mujer que contó que ella es quien aporta el mayor ingreso económico del hogar, mientras que su marido asumió la responsabilidad de las tareas domésticas y el cuidado de los hijos.
La situación abrió un debate que sigue vigente: ¿están cambiando los roles familiares? ¿Se trata de una transformación natural de la sociedad o todavía persisten prejuicios sobre lo que significa ser hombre o mujer dentro de una familia?
Un nuevo desafío para las masculinidades
Desde la sociología sostienen que los cambios en el rol de las mujeres necesariamente obligan a replantear el lugar que ocupan los hombres en la familia y en la sociedad.
Los especialistas señalan que las relaciones familiares forman parte de una estructura social compleja.
Cuando uno de sus componentes se modifica -como ocurrió con la creciente incorporación de las mujeres al mercado laboral y a espacios históricamente masculinizados- los varones también se ven interpelados a redefinir su identidad y sus funciones.
Sin embargo, este proceso no siempre resulta sencillo. Para muchos hombres, abandonar el rol exclusivo de proveedor económico implica enfrentarse a mandatos culturales profundamente arraigados.
La historia de los "amos de casa"
Aunque pueda parecer un fenómeno reciente, el debate sobre los hombres dedicados al hogar tiene varias décadas.
En Argentina, la histórica Liga de Amas de Casa, presidida por Lita de Lazzari, observó que cada vez más hombres seguían sus programas y participaban de las actividades de la institución. A partir de esa realidad surgió la Liga de Hombres Amos de Casa, formalizada a fines de los años noventa.
Entre sus objetivos figuraba la revalorización del trabajo doméstico realizado por los hombres y la búsqueda de reconocimiento social para quienes dedicaban su tiempo al cuidado del hogar y la administración familiar.
Experiencias similares también surgieron en otros países. En España, por ejemplo, se creó la Asociación Masculina de Organizadores de Tareas Domésticas (AMADOS), destinada a promover la participación activa de los hombres en las tareas del hogar.
Hernán Torre Repiso, uno de los impulsores de la organización argentina, explicaba que el propósito no era enseñar a realizar tareas domésticas, sino visibilizar y valorar una actividad que históricamente había sido considerada una responsabilidad exclusivamente femenina.
El peso de los estereotipos
La figura del amo de casa todavía genera resistencias en ciertos sectores de la sociedad.
Durante años, la masculinidad tradicional estuvo asociada a la idea de que el hombre debía producir, proveer, proteger y ejercer autoridad dentro del espacio público.
Sin embargo, los profundos cambios económicos y culturales de las últimas décadas han puesto en crisis ese modelo.
Cada vez más mujeres acceden a empleos mejor remunerados, ocupan puestos de liderazgo y sostienen económicamente a sus familias.
Paralelamente, muchos hombres participan de manera más activa en la crianza, el acompañamiento emocional y las tareas domésticas.
Aun así, algunos continúan percibiendo estos cambios como una pérdida de identidad o de estatus social, especialmente cuando el aporte económico principal proviene de sus parejas.
Los especialistas advierten que el problema no radica en quién genera mayores ingresos, sino en la persistencia de modelos que asocian el valor personal exclusivamente con la capacidad de proveer dinero.
¿Una nueva forma de entender la familia?
Lejos de representar una crisis, muchas familias encuentran en esta redistribución de roles una forma más equilibrada de organización.
Cuando las tareas domésticas, la crianza y las responsabilidades económicas se distribuyen según las posibilidades y necesidades de cada hogar, el foco deja de estar en los mandatos de género y pasa a centrarse en el bienestar común.
La pregunta ya no parece ser si un hombre puede desempeñarse como amo de casa, sino por qué todavía sorprende que lo haga.
En una sociedad donde las mujeres han conquistado nuevos espacios y continúan ampliando sus oportunidades laborales, quizás el verdadero desafío sea aceptar que los roles familiares también pueden transformarse, sin que ello implique una pérdida de identidad para nadie.
Porque, al fin y al cabo, construir una familia no debería depender de quién aporta más dinero, sino de cómo se comparten las responsabilidades, los cuidados y los proyectos de vida.


