Crónicas Menducas: Markama, el eco andino que resiste el tiempo
Las luces se atenúan y el silencio se vuelve expectativa. Un charango rompe la quietud y, casi sin aviso, la música comienza a viajar. No es solo un concierto: es una travesía por la memoria sonora de América Latina. Así suena Markama, el grupo mendocino que desde hace casi medio siglo mantiene viva la raíz andina y folclórica con una identidad propia, profunda y comprometida.
Fundado en 1975 en Mendoza, Markama nació en un contexto donde la música popular buscaba nuevos lenguajes para expresar identidad y pertenencia. Desde sus primeros pasos, el conjunto eligió un camino distinto: rescatar los sonidos ancestrales de los pueblos originarios y combinarlos con composiciones propias, creando un puente entre la tradición y la creación contemporánea.
Para describir bien esta crónica, traigo a la memoria lo que contaba Jorge Sosa Crónicas Menducas: Pocho Sosa, la voz eterna de Cuyo, sobre aquel origen del conjunto:
"Pertenecíamos a Canturía, era una época muy difícil para que los prepotentes de turno aceptaran buenamente las letras de nuestras canciones. Estábamos actuando en Argenta, un laboratorio ubicado en calle Colón, que tenía un auditorio chiquito, cuando el grupo decide incluir música instrumental, cuatro o cinco temas de la música del altiplano. Fueron invitados Lars Nilsson, Lazaro Méndolas , Arsenio Zambrano (Archi).
El resultado fue magnífico. Pocas semanas después, ante la presión y las amenazas de los criminales de derecha Canturía resuelve disolverse. Pero nos quedaban las ganas de seguir haciendo música, de seguir cantando, de seguir reflejando el sentir de nuestro pueblo. Entonces, aquella opción nacida dentro de un recital de canto, se transformó en la mejor opción: En el 75, con la mayoría de integrantes de Canturía se forma Markama. Las primeras canciones las propuso Lázaro : "Yo pobre yo huérfano", "Canción y huayno", "Tajlla". El nombre "Markama" (Al pueblo, en quechua) también fue iniciativa de Lázaro. Estaba en el grupo Nene Avalos y al poco tiempo ingresó Damián Sanchez y entonces se transformó en el director del grupo".
Jorge, describe la característica de aquella primera formación: "Eduardo Ordoñez,un apasionado de la percusión; Damián Sanchez, un músico de escuela dedicado a lo popular, reconocido por todos sus pares; Eduardo Ocaranza con sus composiciones que enriquecieron el repertorio; Jorge Sosa (o sea yo) con la poesía, los cuentos y las leyendas; Arsenio con esa humildad que endulza cada una de sus intervenciones; Tonio Contreras, aportando su voz preclara; y los dos que hacían la diferencia: Lazaro Méndolas con todo su pueblo en el rostro y en sus aerófonos y esa curiosidad rubia de ojos claros: Lars Nilsson, un sueco devenido a coya. Y por supuesto Nene Avalos. Markama era notable arriba del escenario aún sin tocar ni una sola nota y cuando tocaba, Markama era la América viva. Markama hacía música, pero también decía: "La inclusión de la poesía, la narrativa, vestía a Markama como un producto especial, único".
Sobre el escenario, los instrumentos hablan tanto como las voces. Quenas, sikus, charangos y guitarras construyen paisajes sonoros que remiten a la cordillera, al viento de la puna y a las historias colectivas del continente. Cada canción es una postal, pero también un mensaje: la música como forma de resistencia cultural y de memoria viva.
Otro amigo, integrante del conjunto, que expresa lo que significo es Nene Avalos:
" Otro aspecto que favoreció el éxito de Markama fue el heterogéneo abanico de sus propuestas musicales, que iban desde melodías andinas hasta ritmos caribeños, pasando por cuecas chilenas, vals peruanos y tangos rioplatenses. "Los integrantes veníamos de mundos y gustos musicales distintos, lo que fue nutriendo a Markama en su sonido. Era muy atractivo para nosotros saber que cualquier inquietud propia era canalizada en el grupo y debatida por todos. Se trataba de un plus no habitual en esa época para este tipo de formaciones".
A lo largo de su extensa trayectoria, Markama recorrió escenarios de Argentina, América Latina y Europa, llevando su propuesta a festivales, teatros y encuentros internacionales. Lejos de quedar anclado en el pasado, el grupo supo reinventarse sin perder esencia, incorporando arreglos más complejos y dialogando incluso con orquestas sinfónicas, lo que amplió aún más su alcance artístico.
En 1995 recibieron el Premio Konex - Diploma al Mérito como una de los 5 mejores conjuntos de folklore de la Región.
El público que escucha a Markama no solo aplaude: escucha, reflexiona y se reconoce. Hay generaciones distintas reunidas por un mismo sonido, por letras que hablan de la tierra, de los pueblos y de la identidad latinoamericana. En tiempos de consumo musical rápido, Markama propone detenerse, escuchar y sentir.
En ese camino, el conjunto demostró que el folclore latinoamericano no es una expresión estática, sino un lenguaje vivo, capaz de renovarse sin perder raíz.
Markama sigue sonando porque sigue diciendo algo. Y mientras haya oídos dispuestos a escuchar y públicos atentos a reconocerse en esas melodías, su música continuará marcando huella.


