Cronicas Menducas: Ciro Bustos, entre la revolución y la sospecha
En 2001 se estrenó un documental sobre su vida realizado por un par de jóvenes suecos.
Ciro Bustos fue un pintor y guerrillero mendocino, hombre de máxima confianza de Ernesto Che Guevara. Su figura es controvertida por ser señalado injustamente como el delator que permitió la captura del Che en 1967, aunque investigaciones posteriores apuntaron a Régis Debray como el responsable de la información clave.
Ciro pasó una etapa de su vida con un rictus amargo. Se sentía abandonado por sus compañeros argentinos y cubanos. Peleando duramente para romper la capa de desconfianza que lo perseguía. Luchando para afirmar la limpidez de su honor revolucionario.
Ciro Roberto Bustos amplió su trascendencia por protagonizar esa gran polémica. Hay historiadores que sostienen que Bustos es la persona que contó que el Che estaba en Bolivia hizo dibujos y dio información y cuyo enlace había sido Tania, otra mítica guerrillera argentina, que había ido a la selva junto al escritor francés Regis Debray.
Por esas versiones empezó esa polémica. Por más de 30 años llevó el estigma del "Judas del Che Guevara".
En Nancahuazú, Bolivia, se produjo una de las derrotas de la guerrilla, que terminó con la captura del mendocino y del escritor francés Régis Debray, 19 de abril de 1967, y la posterior detención y ejecución de Ernesto Guevara por parte del ejército Boliviano con la ayuda de la CIA estadounidenses, el 9 de octubre de ese mismo año.
Historiadores ubican a Bustos y el francés como los que se quebraron y ayudaron al arresto del líder revolucionario.
Según Miguel Bonasso el 20 de abril de 1997, Régis Debray fue detenido en el poblado de Mayupampa. Fue torturado durante tres días y mantenido incomunicado por varios meses. Aparentemente les contó a sus interrogadores dónde y cuándo había conocido al Che Guevara. Posteriormente Debray sostuvo que no le dijo nada al ejército boliviano que ellos ya no supiesen. De todas maneras, Che Guevara fue descubierto y fusilado el 8 de octubre".
El libro de Ciro, "El Che quiere verte", es una fascinante narración de lo que significó involucrarse en la vorágine de la Revolución Cubana y, aún más excepcionalmente, recibir una palmada en el hombro para trabajar con el.
En enero de 1967 Bustos recibió la visita de Tamara "Tania" Bunke, la guerrillera de origen alemán-argentino que moriría junto con el Che en la selva boliviana, la cual le pronunció la frase: "El Che quiere verte". Bustos en consecuencia partió a encontrarse con el Che en la selva boliviana de Ñancahuazú. Allí fue "Laureano", "Pelao", "Mauricio", "Marcelo" y "Carlos". Pero fue, principalmente, un hombre del Che.
Su impresión del encuentro con el Che, que tuvo lugar justo antes del inicio de los combates pero luego de que se produjeran deserciones que terminaron delatando la presencia de la guerrilla, fue lamentable. Bustos describe al Che como un "profeta en andrajos" y recuerda que "su ropa destrozada colgaba en jirones", agregando: "No era un uniforme de combate cualquiera. Vestía el traje de la miseria universal, raído y mugriento".
Por dos grandes amigos progresistas de Mendoza, Elio Viola y Ramón Abalos, pude conocer y charlar con Ciro.
Ciro había nacido en Mendoza el 29 de marzo de 1932. Estudió en la escuela de Bellas Arte de la Universidad Nacional de Cuyo, formo parte de un grupo de artistas y escritores que integraban entre otros Carlos Alonso y De La Mota.
Pero, me empape de toda la trayectoria de Bustos porque el Negro Abalos me contó cómo se empezaron a meterse en política en Mendoza, cuando el Gobierno nacional de Arturo Frondizi y el provincial de Ernesto Uelchi.
Según él, Ciro, y otros intelectuales ocuparon puestos en el sistema de cultura de esas administraciones, entre ellos Enrique Sobich, Fernando Lorenzo, y Edgardo Suárez.
Me contaba Abalos que Ciro Bustos, estaba en pareja con Claudia Zanettini, hija del acaudalado concesionario de automóviles Fiat. Luego me comentó de la decisión que tomo Ciro de irse a militar a Cuba en la revolución encabezada por Fidel Castro. Para luego llegar a combatir junto al Che en Bolivia donde nace luego la polémica en que se lo acusaba de haber delatado donde estaba el líder guerrillero.
Con el tiempo se desveló que Ciro no fue quien delató al Che. Dos periodistas suecos lo entrevistaron en Suecia y concluyeron que el delator no había sido Ciro Bustos sino Regis Debray, que fue detenido en Bolivia junto con Bustos. Muchos piensan que en los últimos años Debray pasó de ser un progresista revolucionario a un místico reaccionario.
Tomás Eloy Martínez publicó, en aquel momento, una nota en defensa de Ciro Bustos, lo hizo desde Estados Unidos, en una columna publicada en la Nación, donde describe en la introducción: Todos los mitos se construyen alrededor de dos figuras antípodas: la del que crea y la del que destruye. Si alguien descubre el fuego, otro debe robarlo; si alguien elige sacrificarse para salvar a la humanidad, otro lo tiene que traicionar.
Esa ley remota alcanzó también al Che Guevara, cuya imagen mitológica es ahora la del héroe obstinado que triunfa contra toda flaqueza, contra toda adversidad, y que elige la muerte antes de que la muerte lo elija a él. Si el Che encarna la pasión, ¿quién encarna entonces la traición, la codicia, la otra cara del mito?".
Luego Martínez analiza el caso dejando salvado a Ciro de ser el "Judas del Che".
Hasta esa entrevista y la que le realizaran Miguel Bonasso, el biógrafo norteamericano Jon Lee Anderson y el film documental sueco de Eric Gandini y Tarik Saleh "Sacrificio. ¿Quién traicionó al Che Guevara?", lo que funcionó fue la mentira.
A partir de ahí, el mejor testimonio lo da el propio Bustos en su libro autobiográfico "El CheQuiere Verte". La historia jamás contada del Che. (Ed. Vergara. 2007), después de haber permanecido en silencio durante cuatro décadas, desmintiendo a varios biógrafos que lo acusaban.
Durante décadas Bustos guardó silencio en la oscuridad del exilio sueco, hasta que fue persuadido a escribir sus memorias por el ya mencionado, Jon Lee Anderson. Dichas memorias, publicadas en el año 2000, se constituyen uno de los documentos más reveladores que poseemos sobre la historia de la revolución cubana, el carácter del foquismo y la suerte política y personal del Che.
Ciro Bustos ha sido uno de los hombres de confianza del Che, que la CIA y otros servicios de inteligencia no pudieron asesinarlo y fue víctima de la campaña de desprestigio por haber guardado silencio más de treinta años para proteger a compañeros suyos comprometidos con la lucha guerrillera.
El pintor mendocino atraído por la Revolución Cubana, viajó a La Habana en 1961 donde conoció a Guevara, por medio de su amigo Alberto Granado, el médico patólogo argentino que había sido el compañero del Che en sus correrías por Sudamérica en motocicleta.
Cuenta Ciro en su libro que el primer encuentro con Guevara no pudo ser porque se enfermó, y luego Granado le dijo que tenía que ir a la Habana. Relata Ciro: "Fui, y la entrevista fue muy breve porque el Che ya estaba metido en el trabajo del Ministerio de Industrias, que le llevaba todo el día. Nos vimos como a las 3 de la mañana. El Ministerio tenía una especie de vivac, una cosa interna donde estaba la cocina, la guardia, ahí estuve como dos horas esperando. A esa hora salió a atenderme, no tenía mucho tiempo, y me dijo: "El que no puede ahora soy yo, pero alguien va a hablar con vos". Y ese alguien era Masetti, que había terminado un curso militar donde se había graduado de capitán, y ya estaba montando la operación del EGP. Me llevaron a la casa de Masetti, me dejaron ahí con toda gente del Che, y hablamos todo un día. En esa conversación, que fue muy extensa, descubrimos muchas cosas comunes y gente que conocíamos de Buenos Aires, y tuvimos además una coincidencia en el sentido político: él ya estaba totalmente entregado a la revolución".
Jorge José Ricardo Mascetti, era un periodista y guerrillero argentino conocido como Comandante Segundo, quien el 21 de abril de 1964 se internó en la selva sin que se tuvieran más noticias de él. Estuvo al frente del Ejército Guerrillero del Pueblo, en 1963-1964, la primera guerrilla guevarista y uno de los primeros grupos armados que actuó en la Argentina. Había sido fundador y director de la agencia de noticias Prensa Latina.
Por ese contacto Bustos ingresó a las milicias y como hombre de confianza de Guevara lo integra al grupo seleccionado para llevar a cabo el proyecto revolucionario en Sudamerica.
Bustos, junto a Jorge Ricardo Masetti integró el EGP. (Ejército Guerrillero del Pueblo) que operó en Orán (Salta, Argentina) entre 1963-64. Fracasado el intento, volvió a ser convocado para la lucha en Bolivia.
El Pelao, ése fue el sobrenombre que usó el Che para referirse a Bustos. El guerrillero rosarino lo citó casi con familiaridad en su diario de campaña, escrito en Bolivia (entre 1966 y 1967).
Hacia el final de sus memorias, Bustos recuerda el testimonio de Gabriel García Márquez en "El olor de la guayaba". García Márquez, un ex-corresponsal de Prensa Latina, se había propuesto escribir un relato sobre el creador de la agencia y viajó a La Habana a fin de obtener información sobre él y su obra. "Y lo que pasó es que se encontró con que no había nada. Ni un dato, ni un recorte, ni una referencia, ni una cronografía del acontecimiento periodístico que significó la aparición de Prensa Latina y, menos que nada, ni una nota sobre su director, Jorge Ricardo Masetti, a quien García Márquez considera "el protagonista de la mayor hazaña del periodismo latinoamericano". Los entretelones de la desaparición burocrática de la figura del argentino fueron tapados por la noticia de su desaparición física.
En Bolivia, Ciro atrapado junto a Regis Debray fue condenado a 30 años de prisión en Camiri. En 1970, fue puesto en libertad por el gobierno de Juan José Torres, vivió en Chile hasta el derrocamiento de Salvador Allende. Luego vivió en Argentina, en el gobierno peronista, amenazado por la Triple A, de Lopez Rega y luego por la dictadura, se instaló en Malmö, Suecia, donde vivió como exiliado político y jubilado de su trabajo de limpiador en una fábrica.
Las principales funciones de Bustos en las dos intentonas guerrilleras eran de armar la red de apoyo, los contactos y el reclutamiento de gente con convicción dispuesta al sacrificio de "Patria o Muerte". Desde su libertad vivió prácticamente en la clandestinidad y soportando el peso de la infamia por guardar silencio.
El exilio de Ciro Bustos comenzó en febrero de 1976, cuando el avión en el que viajaba procedente de Río de Janeiro aterrizó en el aeropuerto de Estocolmo. Unos meses antes, cuando aún vivía en Mendoza, Bustos había recibido una carta enviada por la Triple AAA, la organización de ultraderecha, con amenazas de muerte dirigidas contra él y contra su familia.
Bustos sabía que no podía tomarse a la ligera aquellas amenazas. Argentina vivía un período convulso. Eran los meses previos al golpe de Estado y la tensión social y política aumentaba de día en día. La extrema derecha ya había cometido varios asesinatos de activistas y de líderes de izquierdas. Si las amenazas se dirigieran sólo contra él tal vez no se las hubiera tomado tan en serio, pero incluían también a su esposa y a sus dos hijas. Decidió que no podía continuar por más tiempo en Argentina.
En distintos reportajes Ciro conto todo sobre el exilio y la vida en Europa.
Cambiamos varias veces de casa y procuramos pasar inadvertidos, pero resultaba imposible. Mi nombre era demasiado conocido por las fuerzas de seguridad. Los cambios de casa, varios domicilios en la extensa provincia argentina, no evitaron que sufrieran hasta tres allanamientos nocturnos llevados a cabo por la policía. Bustos recuerda lo aparatosos que eran aquellos allanamientos: el registro de la casa, los gritos, la incertidumbre de no saber si le detendrían. En varias ocasiones, pidió a las organizaciones de izquierdas en las que militaban sus amigos que le concedieran una casa segura, pero había demasiada gente que necesitaba esconderse y no tuvo suerte. Además, él no era un militante, sólo un compañero de viaje.
A través de una vieja amistad consiguió hacer llegar a las autoridades suecas aquella carta enviada por la Triple AAA junto con su solicitud para obtener asilo político en el país nórdico. "Fue increíble, a las 24 horas ya me habían autorizado la visa familiar".
Unos años antes, tras el golpe en Chile, el Gobierno sueco había concedido asilo político a muchos chilenos que escapaban de una muerte segura a manos de los milicos pinochetistas. Entre 1973 y 1976, el cono sur americano fue una pesadilla de torturas, represión, exilio y muerte. Aquella experiencia había consolidado en la administración sueca un tejido burocrático eficaz que lograba resolver en poco tiempo los trámites de la concesión de asilo, por lo general lentos y llenos de obstáculos.
Tras la concesión del asilo quedaba por resolver el tema de la salida del país. "Las autoridades consulares suecas me propusieron celebrar una entrevista en la embajada sueca en Buenos Aires situada, si no recuerdo mal, entre las calles Corrientes y Florida.
Yo me negué a que se celebrara en la embajada porque los servicios de seguridad argentinos la tenían fuertemente vigilada. Se terminó celebrando en el apartamento de un periodista sueco. Tras la llegada de la carta, nosotros habíamos tenido que abandonar San Rafael, en Mendoza, mi provincia natal, y nos habíamos instalado en un apartamento de Buenos Aires que nos prestó una amiga. En un primer momento, los suecos nos ofrecieron la posibilidad de salir toda la familia al mismo tiempo, pero me negué. Existían muchas probabilidades de que tuviera problemas en la frontera y mi familia se vería implicada si me detenían con ellos.
Así que decidí salir del país solo y por carretera. Fue un viaje terrible, 55 horas de autobús hasta Río de Janeiro. Recuerdo que atravesé la frontera con Brasil de noche, lo que me ayudó mucho. A esas horas, los milicos no se molestaron demasiado en comprobar los documentos de los viajeros. Tuve suerte, mis credenciales eran bastante precarias. Viajaba con un papel firmado por el consulado sueco, un simple papel con un sello. Mi documento de identidad argentino ya estaba vencido y, por razones obvias, no podía renovarlo. Unos días más tarde volé desde Río de Janeiro hasta Estocolmo".
La esposa y las hijas de Bustos no se reunirían con él en Suecia hasta un mes después debido a unas complicaciones a la hora de obtener sus documentos de viaje. Bustos dice que recuerda el mes de su llegada, marzo de 1976, porque uno o dos días después de su llegada a Estocolmo se produciría en Argentina el golpe de Estado del 24 de marzo.
Bustos repite en varias ocasiones que el recibimiento de las autoridades suecas fue espléndido. Les ofrecieron la posibilidad de escoger su lugar de residencia. Eligió la ciudad de Malmö porque era la ciudad más al sur del país, "la que más cerca estaba del cálido Mediterráneo", dice sonriendo. El invierno sueco es duro, demasiado largo, muy frío y sin apenas luz solar. La familia Bustos, además, había aterrizado en Suecia procedente del verano porteño, y en el caso de Ciro en un vuelo desde la tropical Río de Janeiro. Aquel sería el primero de los muchos inviernos nórdicos que los Bustos pasarían.
"A nivel familiar, nuestra llegada a Suecia supuso que, por primera vez en mucho tiempo, pudimos establecernos en un lugar sin la previsión de realizar continuas mudanzas. Nuestras hijas habían cambiado ya de escuela demasiadas veces". La familia Bustos alquiló un apartamento frente a la escuela pública en la que habían matriculado a sus hijas. "En Suecia, sobre todo mis hijas, comenzamos a disfrutar de una vida con una cierta estabilidad, algo de lo que habían carecido hasta entonces".
El argentino llevaba ya veinte años de exilio en la ciudad sueca de Malmö cuando en la primavera de 1995 recibió la visita del periodista estadounidense Jon Lee Anderson, que por aquel entonces se encontraba escribiendo una biografía del Che. "Jon Lee contaba quedarse un par de días en Malmö y terminó quedándose aquí en mi casa una semana", dice Bustos. Durante aquella semana, Bustos y Anderson pasaron horas conversando, rescatando los recuerdos de aquel viejo guerrillero exiliado ahora en el sur de Suecia. Anderson utilizaría el relato de Bustos, junto a otros muchos, para reescribir algunos de los pasajes más mistificados de la figura del Che. Al propio Bustos aquellas conversaciones le supusieron una especia de catarsis. Decidió que comenzaría a escribir sus memorias.
Años más tarde, en 2001, se estrenaría un documental sobre su vida realizado por un par de jóvenes suecos. Se tituló Sacrificio: ¿Quién traicionó al Che Guevara? Las conversaciones que llevó a cabo con aquellos dos realizadores suecos durante la preparación del documental terminaron de decidirle a continuar con más empeño el proyecto de autobiografía que ya había emprendido y que progresaba lentamente.
En un momento de ese documental, los realizadores suecos se acercan a Régis Debray para preguntarle por su versión de los hechos. Al fin y al cabo, Debray también fue interrogado por los bolivianos y por la CIA, y estuvo en la misma posición que Bustos para llegar a ser considerado un traidor. En sus memorias, Bustos critica a Debray por su comportamiento en la cárcel. "Se comportó como un niño mimado.
Uno de sus progenitores, no recuerdo si su padre o su madre, tenía una buena relación con Charles De Gaulle, y Debray contó en todo momento con el apoyo de la embajada francesa en Bolivia. También recibió apoyo de muchos intelectuales europeos y latinoamericanos de la época. Incluso le hicieron llegar sus libros. Su relación conmigo y con el otro guerrillero detenido fue pésima. Pero quiero dejar claro que no le acuso de haber delatado al Che. Ni él ni yo dijimos a los interrogadores nada que no supieran.
De hecho, ninguno de los dos sabíamos, por ejemplo, dónde estaban situados los principales campamentos base de la guerrilla", comenta Bustos.
La autobiografía de Ciro Bustos, titulada "El Che quiere verte", no se publicaría hasta el año 2007 en la editorial Vergara de Argentina. Un volumen en el que repasa con todo cuidado sus peripecias como revolucionario y trata de explicar el ambiente social y política que se vivía en América Latina durante los años sesenta.
Con motivo de la publicación del libro, Bustos viajó a Argentina por primera vez desde su salida en 1976 rumbo al exilio. Ahí fue cuando, por los amigos que cité, pude conocerlo. Decía que el viaje le alegró, aunque reconociendo que se sintió raro. Muchas de sus amistades habían muerto. A otras no pudo localizarlas, y en sus encuentros con gente a la que hacía tanto tiempo que no veía no pudo evitar una incómoda sensación de extrañeza. "Eran demasiados años fuera de La Argentina. Mi vida ahora en Malmö. Ahí viven mis hijas y mis nietos", decía.
Ciro encontro la muerte en la ciudad que lo acogió en su exilio, Malmo, el domingo 1 de enero del 2017, a la edad de 84 años. La información fue confirmada por su hija Paula. Su muerte se produjo a raíz de una ataque cardíaco, dijo. No estaba enfermo, pero si padecía afecciones respiratorias crónicas. El domingo 1 de enero fue hallado por su hija en su vivienda sin vida, Ciro vivía solo.


