Arriazu ve una oportunidad inédita para la Argentina, pero advierte que el mayor desafío será sostener el rumbo

El economista disertó ante un Hotel Hyatt colmado en Mendoza y aseguró que el nuevo escenario mundial abre una ventana histórica para el país. Destacó el potencial de la minería, defendió el equilibrio fiscal y sostuvo que el verdadero obstáculo para atraer inversiones sigue siendo la incertidumbre política.

Con un salón completamente colmado en el Hotel Hyatt de Mendoza, Ricardo Arriazu volvió a dejar en claro por qué es una de las voces más escuchadas del ámbito económico. Ante un auditorio integrado por empresarios, ejecutivos de bodegas, representantes del sector minero, funcionarios, economistas e inversores, el analista evitó concentrarse en las variables de corto plazo y eligió abordar un tema mucho más profundo: las oportunidades que tiene la Argentina para crecer y los obstáculos que, históricamente, le han impedido aprovecharlas.

Lejos de comenzar hablando del dólar, la inflación o el escenario electoral, Arriazu sorprendió al público con una mirada retrospectiva. Recordó que hace cien años la Argentina figuraba entre las economías más prósperas del planeta y lamentó que ese liderazgo se haya diluido por décadas de inestabilidad institucional, cambios permanentes de reglas de juego e inflación crónica.

Sin embargo, sostuvo que el contexto internacional ofrece una oportunidad difícil de repetir. Explicó que la disputa económica entre Estados Unidos y China, sumada al crecimiento de la inteligencia artificial y la transición energética, incrementará la demanda de minerales estratégicos y energía, recursos de los que Mendoza y la Argentina disponen en abundancia.

"El mundo necesita cobre, litio, plata y energía. Justamente eso es lo que Mendoza y la Argentina tienen", resumió.

En ese escenario, el economista ubicó a la minería como uno de los grandes motores de la economía de la próxima década. Incluso comparó el momento que atraviesa la actividad con el que vivía Vaca Muerta en sus primeros años de desarrollo y aseguró que el potencial geológico de la región cuyana todavía está lejos de conocerse en toda su magnitud.

"Hoy la minería representa lo que fue Vaca Muerta en 2013. Las exploraciones siguen mostrando yacimientos de clase mundial y aún no se sabe dónde terminan", afirmó.

De acuerdo con sus proyecciones, las exportaciones mineras podrían multiplicarse por seis hacia 2035 si el país logra sostener estabilidad jurídica, reglas claras y condiciones para la llegada de inversiones.

Arriazu también destacó el proceso de ordenamiento de las cuentas públicas y afirmó que Argentina podría cerrar el año con superávit fiscal y comercial, una combinación poco frecuente incluso a nivel internacional. No obstante, aclaró que ese equilibrio todavía no alcanza para disipar la desconfianza de los mercados.

"El problema no son los números actuales. El problema es el historial de la Argentina. Muchos inversores creen que la economía está mejor, pero todavía se preguntan qué ocurrirá después de las próximas elecciones", sostuvo.

Otro de los pasajes más comentados de la conferencia llegó cuando rechazó la idea de que una devaluación sea la solución para recuperar competitividad. Con una metáfora cargada de ironía, aseguró que modificar el tipo de cambio no resuelve los problemas estructurales de la economía.

El economista se mostró objetivo a la hora de evaluar la economía nacional. 
El economista se mostró objetivo a la hora de evaluar la economía nacional. 

"Lo que necesita la Argentina no es una devaluación. Necesita la hormona de la competitividad", expresó, despertando sonrisas entre los asistentes.

Para Arriazu, ese objetivo solo será posible mediante una mayor productividad, reformas estructurales y una reducción de los costos que enfrentan las empresas para producir e invertir.

El economista tampoco eludió los costos sociales que puede implicar ese proceso. Reconoció que la transformación económica provocará un período de transición complejo, donde algunos sectores perderán competitividad antes de que aparezcan nuevas actividades capaces de generar empleo.

"La destrucción siempre ocurre más rápido que la creación. Eso puede generar desempleo, pobreza y descontento durante un tiempo", advirtió.

También hizo referencia al enorme ahorro privado que mantienen los argentinos fuera del circuito productivo y estimó que el patrimonio de las familias supera ampliamente el tamaño de la economía formal. A su entender, ese capital podría convertirse en un fuerte motor de inversión si el país logra consolidar un marco de estabilidad y previsibilidad.

"No nacimos pensando en ahorrar en dólares o invertir en ladrillos. Aprendimos a defendernos porque durante décadas las reglas cambiaban permanentemente", explicó.

Sobre el cierre de la conferencia, Arriazu sorprendió con un mensaje poco habitual en él. Reconoció que hoy observa un escenario más favorable para la Argentina que en otros momentos de su extensa trayectoria profesional.

"Hace algunos años le daba al país apenas un 30% de posibilidades de salir adelante. Hoy creo que esas probabilidades superan el 50%", afirmó.

No obstante, evitó caer en triunfalismos y dejó una última reflexión que sintetizó el eje de toda su exposición. Aseguró que los recursos naturales, el contexto internacional y el orden macroeconómico pueden convertirse en una plataforma de crecimiento, pero aclaró que el verdadero éxito dependerá de la capacidad del país para sostener políticas de largo plazo y generar confianza.

"Todo depende de los argentinos. Ojalá esta vez no volvamos a cometer los mismos errores", concluyó entre los aplausos del público.

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