Ernesto Sanz, el último radical mendocino con la capacidad de salvar a la UCR de su desaparición

¿Qué tan lejos quedó la UCR de aquella posición de poder que supo ocupar? Y, en todo caso, ¿Cuál es la posibilidad de que el partido centenario termine desapareciendo en algún momento?

La política no es estática. Aunque no sea una revelación a veces es necesario remarcarlo, y en Mendoza la cuestión no es distinta. Hay dirigentes que supieron tener un peso indiscutido y que desaparecieron de la escena y otros tantos que empiezan a tomar vuelo propio y a ganar territorialidad.

Pero hay un caso particular. Un dirigente que fue clave en una de las épocas más complejas del radicalismo, desapareció y hoy parece haber aparecido con peso aunque no el suficiente para equilibrar aquel poder que supo ostentar.

Se trata de Ernesto Sanz, un hombre que muestra un escenario particularmente revelador. Un dirigente que quedó alejado de la primera linea de la política provincial pero que volvió a tomar fuerza en medio de la crisis que atraviesa la Unión Cívica Radical en el intento por reconstruir un espacio que perdió protagonismo frente al crecimiento del gobierno del presidente Javier Milei y la extrema polarización.

La cuestión es bien llamativa, porque Sanz busca recuperar influencia en un radicalismo que también, al igual que su propia figura, perdió poder, peso dentro de la política y, si bien mantiene puntuales provincias e intendencias, no logra superar una interna de varios frentes.

Es por ello que su experiencia como dirigente nacional vuelve a ser requerida justamente cuando la UCR necesita encontrar una identidad propia, analizar su relación con el Gobierno libertario y evitar quedar reducida a una estructura electoral secundaria.

Su regreso a la discusión nacional, por lo tanto, también representa un intento de volver a ocupar un lugar de relevancia después de años de menor exposición, en los que se encargó de asesorar a otros referentes radicales como el caso de Maximiliano Abad.

De todas formas, vale aclarar, la aparición de Sanz se da en medio de una de las mayores crisis que puertas adentro atraviesa el radicasimo, con cuatro patas bien marcadas.

Un sector claramente aliado al presidente Milei, otro que está totalmente en contra de absolutamente todo lo que tenga que ver con la Casa Rosada, otro que observa los movimientos de lapolítica a la distancia y un cuarto, acaso en el que se encuentra el mendocino, que sugiere la necesidad de ser una oposición responsable, oponiéndose cuando haga falta pero apoyando cuando el rumbo consideran que es el correcto o necesario.

En todo caso, la aparición de Sanz vuelve a poner sobre esta mesa de cuatro patas una pregunta incómoda para el radicalismo: si quienes alguna vez condujeron el partido necesitan regresar para reconstruirlo, ¿qué tan lejos quedó la UCR de aquella posición de poder que supo ocupar? Y, en todo caso, ¿Cuál es la posibilidad de que el partido centenario termine desapareciendo en algún momento?

Ciertamente Sanz es la pieza clave para que esto último no suceda, solo resta esperar para saber si finalmente logrará reunir a toda la tropa bajo un mismo manto o si la grieta interna puede profundizarse y llevar a la UCR a un declive irrecuperable

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