Nicolás Sanz

La caída de Manuel Adorni: crónica de un final (in)esperado

Adorni no cayó por corrupto, de esos hay de sobra en la política. Cayó por hacer todo al revés, por soberbio y petulante. Cayó por una suerte de efecto Dunning-Kruger.

Casi cuatro meses pasaron desde aquel 8 de marzo en el que se difundió la foto del entonces jefe de Gabinete Manuel Adorni junto a su mujer Bettina Angeletti subiendo a un avión con destino a Nueva York.

Fue el inicio de un calvario que se extendió innecesariamente en el tiempo y que dejó a un Gobierno debilitado y con fuertes problemas para ahora alzar la bandera de "la moral como política de Estado" y de la lucha contra la "casta".

Eran momentos en los que el presidente Javier Milei hablaba de costo marginal para justificar que la esposa del ahora ex funcionario haya formado parte de la comitiva oficial. Adorni decía que había ido a "deslomarse".

Desde entonces, mucha agua pasó bajo el puente. Las jubiladas prestamistas y el departamento de Caballito, las refacciones y la casa en Indio Cuá, los viajes que inicialmente había negado y hasta cuestiones que debieron ser irrelevantes y terminaron siendo trascendentes, como la ropa de cama fina y el flipper de 6 millones de pesos... pagado con tarjetas de subalternos.

Todo eso con dinero que de casualidad logró entrar tras invertir en Bitcoins en épocas en las que no tenía idea de cómo funcionaba el mercado de las criptomonedas, autoconfesando ser un evasor y exhibiendo cómo le mintió en la cara a los diputados en el Congreso de la Nación cuando asistió a dar el último informe de gestión.

Fue el momento en el que todo el Gabinete decidió acompañarlo con un presidente eufórico, fuera de sí, que salió de los palcos de la Cámara baja tildando de "chorros" a los periodistas presentes.

Lo cierto es que no estaba en los planes del Gobierno eyectar al ex vocero, y parte de ello queda en evidencia luego de que afirmara que asistiría a dar otro informe con las mismas características el próximo 2 de julio. El tiempo se le agotó.

Lo que quedó en evidencia es que la pulseada la ganaron el asesor Santiago Caputo y la presidenta del bloque libertario en el Senado Patricia Bullrich. Dos de los puertas adentro reclamaban por el apartamiento de Adorni.

Como contraparte perdieron el jefe de Estado y la secretaria General de Presidencia Karina Milei, que querían sostenerlo a toda costa. No pudieron. El daño que causó su permanencia hasta último momento es inconmensurable.

Milei desde España había dicho que si la justicia lo declaraba culpable él mismo se encargaría de "darle una patada" y solo 48 horas antes de presentar su renuncia, el bloque libertario en la Cámara de Diputados vitoreaba "Adorni no se va". Otra vez, nadie tenía pensado correrlo del cargo.

El desgaste fue total y hundió al Gobierno en un pozo del que difícilmente pueda salir. El dato que lo resume todo lo dio el periodista Nacho Girón: "Duró 235 días en el cargo pero estuvo 107 de esos 235 implicado en el escándalo sobre su patrimonio".

Pero la carta de renuncia es otro tema que es necesario analizar, porque llama la atención cómo la presentó a la sociedad, culpando a los medios de comunicación y a la oposición de su derrotero sin hacerse cargo de que hizo todo mal.

No solo ello. Se victimizó y ni siquiera en su despedida del Gobierno dejó de lado su tan característica soberbia, con la que se lo puede recordar respondiendo a los periodistas acreditados en la Casa Rosada durante las conferencias de prensa.

Así es como se fue, exhibiendo lo que es. Un hombre que probablemente se creyó más importante de lo que era, un ex funcionario que se pensó intocable y que con la ayuda de los hermanos Milei no había forma de ser corrido al costado. Se equivocó.

Más allá de los supuestos hechos de corrupción, el mayor problema de Adorni es que no aprendió nada del pasado. Pudo haber seguido el ejemplo de Cristina y Néstor Kirchner y el de Mauricio Macri.

Si algo demostraron es que primero se blindaron, buscaron la forma de asociarse con la justicia y después avanzaron en los casos de corrupción que se les reconocen. Adorni hizo todo al revés. Le faltó un poco de táctica.

Pero al margen de ello, quién en su sano juicio, sin estar blindado, va a pagar cientos de miles de dólares cash de una sola vez. Podría haber sido un poco más cauteloso, sacar un crédito hipotecario como hicieron muchos de los funcionarios del Gobierno e ir pagándolo con ese dinero que hoy no puede justificar. Por lo menos hubiese sido menos sospechoso.

En fin, Adorni no cayó por corrupto, de esos hay de sobra en la política. Cayó por hacer todo al revés, por soberbio y petulante. Cayó por una suerte de efecto Dunning-Kruger.

Quizá si hubiese sido más humilde nada de esto hubiese pasado. Quizá nadie hubiese notado sus sustanciales e inexplicables gastos. Quizá si no se hubiese olvidado de cómo funcionan los medios de comunicación, a los que conoce, la historia hoy sería distinta.

Pero lejos de concentrar la atención en lo que fue o lo que pudo ser es necesario mirar hacia el futuro, porque con un cargo de director clase A en YPF Adorní pasaría a cobrar una mensualidad de 93 millones de pesos. ¿Renunciará como adelantó el pasado domingo?

De no ser asi será otra batalla que parece que tendrá que dar la oposición, los medios de comunicación y la propia sociedad, teniendo en cuenta que de por si, los sondeos que se habían realizado coinciden que 8 de cada 10 argentinos querían que dé un paso al costado.

Por obvias razones es esa misma sociedad la que se va a indignar si el ex funcionario ahora logra permanecer en el directorio de la empresa petrolera con mayoría accionaria estatal.

Lo curioso es que al final de nada sirvió que el PRO y parte de la UCR se inmole para protegerlo cuando habilitaron la apertura de la Comisión de Asuntos Constitucionales para tratar proyectos como los de interpelación y la moción de censura.

Como se dijo más arriba. La situación era insostenible. De hecho, mostrarlo en público era algo que le jugaba en contra a todos los que lo acompañaban. Los único que no lo notaban eran los hermanos Milei.

Ello quedó expuesto en la última visita que hizo Adorni a la provincia de Mendoza con el propósito de encabezar la inauguración del parque solar "El Quemado" en Las Heras.

Allí se vio a un Alfredo Cornejo algo incómodo y con la urgencia de terminar con el acto para despegarse lo antes posible de la figura del entonces jefe de todos los ministros. Todo un hecho en sí.

Por ello no se entiende su, hasta hace unas horas, interminable permanencia. O sí, porque Adorni era parte de un engranaje mucho más grande ya que no solo lo investigan por presunto enriquecimiento ilícito y dádivas, sino que aparece mencionado varias veces en el expediente que investiga el criptoescándalo $LIBRA.

Ello denota algo que no se puede dejar pasar de largo y es que la salida del ex funcionario no significa el fin de la corrupción del Gobierno libertario, de hecho todo lo contrario, es casi un aceptación de que el engranaje va a seguir funcionando.

En Argentina los nombres pueden cambiar, los hechos también, pero no puede negarse que la corrupción es el deporte favorito de los funcionarios públicos, o por lo menos gran parte de ellos.

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