Escándalo Cerimedo, entre el temor de Milei, los trolls libertarios y los millones de la SIDE
El Gobierno está aterrorizado por lo que pueda encontrarse en el celular del hombre que hoy purga prisión en Bolivia. Los motivos.
Fernando Cerimedo se creía intocable. Inalcanzable. Lo denota su propia jactancia, que ahora parece haberse desvanecido. Se floreaba como un pavo real, asegurando que tenía acceso directo a presidentes y ministros de diversos países de América del Sur.
Más aún: aseguraba que él mismo dictaba ciertas medidas de gobierno y ponía y sacaba funcionarios a piaccere. Era una exageración, pero no era una afirmación falsa.
El brutal silencio del gobierno argentino respecto de su derrotero de estas horas, es sintomático. Apenas sí han intentado desacreditar a la denunciante de Cerimedo, Nadia Beller. Poniendo en duda el atentado sufrido por ella, del cual hay pruebas certeras e indubitables.
El propio Javier Milei, en un gesto de imbecilidad superlativa, se animó a dar retuit a puntuales descerebrados que ridiculizaban a la víctima.
Es curioso, porque funcionarios cercanos al presidente aseguran que Cerimedo fue un personaje irrelevante en la política vernácula. ¿Entonces, por qué tanta protección y -sobre todo- temor?
La verdad es que el malogrado jefe de los trolls mileístas tuvo mucho poder, tanto que llegó a manejar cientos de millones de pesos de fondos reservados de la SIDE para hacer algunas de sus maldades.
Ciertamente, Cerimedo supo ser el reflejo del dogma de Milei: fake news, ataque a opositores y periodistas, y espionaje ilícito. Todo "con la nuestra".
Por eso el temor de Milei y sus "buenos muchachos". Porque la Justicia boliviana retiene y analiza el teléfono celular de Cerimedo, y allí puede haber dinamita. Que, como suele ocurrir, se irá filtrando por goteo.
De allí surgirán los detalles de las operaciones en La Derecha Diario. También los pedidos del Gobierno para "destrozar" en redes a tal o cual "enemigo".
Incluso se podrán esclarecer los detalles del misterioso vuelo de Laura Arrieta, la mujer que ingresó ilegalmente con valijas cargadas de tecnología para espiar, merced a una órden de Santiago Caputo.
Hasta ahora, sólo hemos visto la punta del iceberg. Lo que viene será para alquilar balcones.


