¿Debo decir que soy una mujer trans antes de una cita?
Daniela Requena abrió un debate que atraviesa a muchas mujeres trans: ¿es necesario revelar la identidad trans antes de tener intimidad o forma parte de la privacidad de cada persona?
Hace poco, el programa Desiguales, de Univision, convocó a Daniela Requena, influencer española y mujer trans, para debatir una pregunta que rápidamente generó polémica: ¿una mujer trans tiene que decir que es trans antes de tener una relación íntima con otra persona?
Daniela contó que no tiene ningún problema en decir que es una mujer trans cuando se lo preguntan. Sin embargo, sostiene que no tiene por qué presentarse permanentemente ante el mundo bajo esa condición si no se lo consultan.
La influencer explicó que se sometió a diferentes cirugías para construir la feminidad con la que se siente identificada, entre ellas una vaginoplastia, además de intervenciones en los senos, ojos, cabello y cintura.
Durante el programa, Daniela relató que suele salir con hombres que, según contó, no saben que es trans. Y fue contundente al explicar su postura: si una persona no le pregunta, ella no siente que tenga la obligación de aclararlo.
Su argumento abrió una discusión que va mucho más allá de una cita. ¿La identidad trans debe ser una información que necesariamente se comparte antes de la intimidad o pertenece al ámbito de la privacidad de cada persona?
La polémica tomó todavía más fuerza después de que Daniela tuviera un encuentro íntimo con un hombre. Posteriormente, él la buscó en Instagram, descubrió que era una mujer trans y le cuestionó por qué no se lo había dicho antes.
Y ahí aparece la pregunta que genera todo el debate: ¿tenía Daniela la obligación de contárselo?
En su caso, ella considera que no. Daniela se presenta como Daniela. No siente que tenga que explicar permanentemente su historia, sus cirugías o su identidad para que otra persona decida si quiere conocerla o no.
Mi mirada como mujer trans
Personalmente, creo que este debate también obliga a mirar las diferentes realidades que existen dentro de la comunidad trans.
En mi caso, considero que cuando una mujer trans todavía no realizó una cirugía genital, puede ser importante hablarlo antes de tener intimidad. No necesariamente como una obligación de "confesar" quién es, sino como una forma de establecer expectativas y evitar que la otra persona se encuentre con una situación que desconocía.
Pero también entiendo el planteo de Daniela: ¿hasta dónde estamos obligadas las mujeres trans a explicar nuestra historia corporal cada vez que conocemos a alguien?
Una mujer trans no debería tener que rendir examen de feminidad antes de una cita. Tampoco debería sentirse obligada a contar qué cirugías tiene, qué órganos conserva o cómo era su vida antes de su transición.
El caso de Daniela pone sobre la mesa una realidad: los tiempos están cambiando y, cada vez más, la identidad de una persona no puede reducirse a sus genitales ni a su historia médica.
Pero también creo que existe un límite delicado cuando hablamos de intimidad. El consentimiento necesita información suficiente para que ambas personas puedan decidir libremente.
Por eso, más que buscar una única respuesta, quizás deberíamos hacernos otra pregunta: ¿cuánta información necesitamos compartir con alguien antes de intimar y cuánto de nuestra historia sigue perteneciendo exclusivamente a nuestra privacidad?
Lo que está claro es que, una vez más, la feminidad de las mujeres trans vuelve a ser puesta bajo la lupa.
Y quizás el verdadero desafío sea dejar de preguntarnos qué tiene o qué no tiene una mujer trans para empezar a preguntarnos por qué seguimos creyendo que necesitamos comprobarlo.


