De presiones y negociaciones: el complejo panorama político de cara al 2027
Hay una muestra explícita de cómo funciona la política por estas horas. Con una suerte de presiones cruzadas. Cada uno busca un objetivo electoral y trabaja arduamente para conseguirlo.
Como se viene sosteniendo en este espacio, las elecciones del próximo año se perfilan complejas, con un escenario marcado por la polarización, el aceleramiento de las encuestas y puntuales candidatos confirmados y otros no tanto pero con aspiraciones claras.
En tal sentido, el escenario de polarización lo marcan los dos candidatos ya lanzados para las presidenciales, el gobernador bonaerense Axel Kicillof y el presidente Javier Milei, que hoy está concentrado en ir por la reelección. "Es la prioridad", sostienen dentro de Casa Rosada.
Pero hay, en la trastienda política, una serie de acuerdos que van más allá de las candidaturas y refiere a una suerte de alianzas y presiones que tienen en vilo a varios referentes de la política nacional y de diversos distritos del país con el fin de lograr el mejor resultado posible en 2027.
Ello puede verse claramente en la Ciudad de Buenos Aires, principal bastión del PRO, donde el jefe de Gobierno Jorge Macri buscará la reelección sin descartar un acuerdo electoral con La Libertad Avanza, acaso necesario para no dividir los votos.
En este escenario hay dos datos puntuales que hay que tener en cuenta para comprender de lleno el panorama. El primero tiene que ver con cómo arrasó el ahora caído en desgracia Manuel Adorni en las elecciones de medio término de mayo del 2025, momento en el que todo indicaba que sería el candidato natural del partido violeta para disuptarle a los amarillos el control de la Ciudad de Buenos Aires.
Con el ex jefe de Gabinete fuera de carrera no hay muchos referentes del oficialismo nacional que tengan chances claras de ganar la contienda electoral del próximo año. La preferida de la secretaria general de presidencia Karina Milei es la presidenta del bloque libertario en la Legislatura porteña Pilar Ramirez, una dirigente resistida por un sector del votante mileista.
El otro dato a tener en cuenta es que el ex presidente Mauricio Macri proyecta una victoria de su partido en el terreno que lo vio nacer y, para ello, construye una suerte de apoyo social que le permita alcanzar el techo de intención de voto y con ello poder negociar con el Gobierno del presidente Javier Milei para allanarle el camino a Jorge Macri en sus aspiraciones reeleccionistas.
No obstante, en las últimas horas, la presidenta del bloque de senadores libertarios, Patricia Bullrich, movió el avispero al no descartar competir por la Ciudad de Buenos Aires: "Yo puedo ser candidata en la Ciudad perfectamente, y me tengo una fe bárbara. Porque además estoy probada en la gestión, en cuestiones complejas... y la Ciudad no es tan compleja", sostuvo.
En realidad Bullrich avala un acuerdo entre amarillos y libertarios. Sus declaraciones responden a una suerte de contraataque a las negociaciones que pretende poner sobre la mesa Mauricio Macri que básicamente se basan en que el PRO no presente candidato a presidente propio y LLA no candidatee a un violeta en terreno porteño.
La idea es no dividir votos y entregarle la Casa Rosada a Milei y la Jefatura de Gobierno de CABA a Macri. Ambos consiguen su ansiada reelección y las relaciones se mantienen en términos cordiales.
De todas formas, el ex mandatario ya comenzó a encender las alarmas dentro de Balcarce 50 luego de una encuesta realizada por Isasi-Burdman en la que, según los resultados, una candidatura del PRO le restaría al rededor de 4 puntos porcentuales a La Libertad Avanza.
Puede parecer poco, pero ello evitaría la posibilidad de que Milei logre imponerse en primera vuelta evitando un balotaje, por lo que con ese dato el ex presidente ya puede negociar mantener el control de la Ciudad de Buenos Aires con el Gobierno nacional.
No es casual que apenas horas después de que apareciera el paper mencionado haya salido el ex ministro de economía Hernan Lacunza a prácticamente lanzar su candidatura a presidente por el PRO.
Se trata de la misma estrategia impulsada por Mauricio Macri con la que busca presionar al Gobierno Nacional con un dato sumamente elocuente: el factor sorpresa. Ciertamente nadie esperaba que fuese el ex funcionario de la ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal quien saliera a posicionarse como candidato.
Tal como contó Diario Mendoza Today habían varios nombres en danza, incluyendo el del propio ex presidente, hecho que fue perdiendo peso con el tiempo al punto tal que referentes del macrismo que en un principio sostenían que su candidatura estaba prácticamente decidida luego se contradijeron.
El síntoma que se exhibe es el de dos facciones que se disputan el control del "cambio" lanzando mensajes por elevación y presionando, de uno y de otro lado, para conseguir los objetivos electorales a los que tanto aspiran.
En este escenario electoral aparece una tercera figura que comenzó, lenta pero sostenidamente, a tener mayor presencia en redes sociales, ¿acaso tratando de copiar la estrategia que Milei utilizó en 2023 para lograr llegar a la primera magistratura?
Se trata de la vicepresidenta Victoria Villarruel, que se muestra cada vez más irónica aunque directa, sin evadir publicaciones tanto de referentes de alto peso del oficialismo, como es el caso de la diputada Lilia Lemoine a quien calificó de "cerebro de microbio", como de cuentas anónimas que buscan descalificarla, sobre todo aquellas que muestran un claro alineamiento al presidente Milei.
Lo cierto es que Villarruel lo niega y dice que no es un tema para discutir en este momento, pero sí busca la forma de construir una alternativa. Quizá no para el 2027, eso aún no se sabe y no lo sabe la propia presidenta del Senado, pero viene desde el año pasado haciendo gestiones para ser una alternativa de derecha nacionalista de cara a futuras elecciones.
Para ello utiliza por estas horas el aumento de las dietas de los senadores y sostiene que como presidenta de la Cámara alta no tiene facultad para interferir en los aumentos salariales de los legisladores, lo que es parcialmente cierto.
Para comprenderlo es necesario tener en cuenta que, efectivamente, un vicepresidente no puede fijar, modificar o vetar de forma unilateral las dietas de los legisladores. Sin embargo, ello no quiere decir que no pueda interferir directamente mediante puntuales mecanismos en los incrementos salariales.
Un vicepresidente tiene tres formas de influir. La primera tiene que ver con la posibilidad de firmar decretos de congelamiento transitorio para suspender o prorrogar temporalmente la aplicación de dichos aumentos. Eso sí, tiene que contar con el aval de la mayoría del Senado.
Otro de los mecanismos que puede impulsar es el de la habilitación de la renuncias individuales, también a través de decretos, mediante los cuales el titular de la Cámara puede habilitar a los senadores a rechazar a no percibir los aumentos derivados de las paritarias, es decir, de la famosa "Ley de Enganche" con la que los senadores nacionales percibieron su último incremento.
Por último hay una tercera vía mediante la cual, en este caso Villarruel, puede presionar y convocar a sesiones especiales o de Labor Parlamentaria con el fin de obligar a los distintos espacios políticos a debatir la conveniencia o no de dar marcha atrás con los incrementos salariales.
En otras palabras, es cierto que quien fuera presidente del Senado no puede por cuenta propia eliminar incrementos en las dietas, pero sí puede interferir, incluso de forma directa, si así lo quiere.
Esa es básicamente la discusión que desde hace al menos dos años enfrentan a los libertarios mileistas con Villarruel que no logran llegar a un punto de mutuo acuerdo para no lanzarse misiles y, en todo caso, aunar esfuerzos para tener una relación sana dentro de una coalición de Gobierno electo democráticamente.
En fin, más allá de lo que termine de decidir la compañera de fórmula de Javier Milei, lo cierto es que hay una muestra explícita de cómo funciona la política por estas horas. Con una suerte de presiones cruzadas. Cada uno busca un objetivo electoral y trabaja arduamente para conseguirlo.


