Cornejo marca el camino de la supervivencia: la UCR intenta reconstruirse rumbo a 2027
La UCR busca salir del naufragio: internas, crisis y la pelea por volver a ser opción en 2027.
En estas horas, la Unión Cívica Radical atraviesa una de las etapas más complejas de su larga historia. Por caso, el actual presidente del Comité Nacional, Leonel Chiarella, es una muestra bastante clara del momento que vive el partido: un dirigente de bajo perfil nacional, conocido principalmente por ser intendente de Venado Tuerto, en Santa Fe, terminó ocupando un cargo que alguna vez tuvieron figuras como Hipólito Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear, Ricardo Balbín y Raúl Alfonsín.
La comparación, inevitablemente, deja al descubierto la dimensión de la crisis. El radicalismo nunca logró recuperarse del derrumbe político que provocó la presidencia de Fernando de la Rúa y, desde entonces, quedó lejos de volver a disputar seriamente el poder a nivel nacional.
Ciertamente, en los últimos 27 años la UCR no consiguió construir una candidatura presidencial propia y competitiva. Un dato fuerte para un partido que, pese a todo, todavía conserva poder territorial y gobierna cinco provincias argentinas.
Durante ese tiempo, el radicalismo fue quedando atrapado en una lógica bastante incómoda: más que instalar temas propios, terminó discutiendo los temas que proponen otros. En buen romance... muchas veces se limita a decir sí o no frente a la agenda ajena.
La experiencia de Juntos por el Cambio permitió, al menos durante un tiempo, ordenar ese escenario. La coalición funcionó como una suerte de "paraguas" para los radicalismos provinciales, que pudieron fortalecer sus estructuras territoriales y conservar espacios de poder.
Pero la irrupción de Javier Milei y el avance de La Libertad Avanza volvieron a cambiar el tablero.
Cada gobernador por su cuenta
Con la llegada de Milei al poder, varios gobernadores radicales reforzaron una estrategia de supervivencia política. Desde Mendoza, Alfredo Cornejo aparece como uno de los principales exponentes de esa postura, que podría resumirse en una frase bastante gráfica: cada uno a los botes y que se salve quien pueda.
En ese contexto, a Chiarella le resultó prácticamente imposible articular una estrategia nacional. Durante los dos primeros años del gobierno libertario, la UCR no logró construir una voz común ni instalar una agenda propia con fuerza.
La fragmentación también se refleja en el Congreso Nacional. Existe un bloque formal de diputados radicales, pero hay otros dirigentes de origen radical que llegaron a sus bancas a través de distintas alianzas y hoy juegan por fuera de esa estructura.
Así, el histórico partido tiene oficialmente apenas seis legisladores dentro del bloque que conserva el tradicional escudo radical.
Sin embargo, la semana pasada ocurrió algo que hacía tiempo no se veía: los radicales lograron votar en bloque frente a un tema importante.
Chiarella se involucró personalmente para impulsar, entre los senadores del partido, el rechazo al proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Contó con el respaldo de la Fundación Alem, la Organización de Trabajadores Radicales, la Juventud Radical y la Franja Morada.
El resultado fue tan llamativo como elocuente: todos los senadores radicales terminaron votando en el mismo sentido.
Pero quizás lo más relevante fue que Chiarella consiguió, al menos por esa vez, evitar que los gobernadores con posiciones más cercanas al oficialismo rompieran la estrategia común.
La consecuencia fue concreta: se cayó el Capítulo 3 del proyecto, que habilitaba la venta irrestricta de tierras a extranjeros, y también quedó afuera el capítulo referido al manejo del fuego.
Fue un episodio puntual, pero dentro de una UCR acostumbrada a las divisiones, cualquier señal de coordinación empieza a ser observada como un posible punto de partida.
Mientras tanto, otro sector del radicalismo comenzó a moverse con la mira puesta en 2027.
Una de las figuras más conocidas de ese espacio es otro mendocino: Ernesto Sanz. Aunque el grupo todavía no se constituyó formalmente como una línea interna, sus integrantes ya le comunicaron a Chiarella que están trabajando en la construcción de una alternativa política.
Allí aparecen dirigentes históricos como Jesús Rodríguez, Facundo Suárez Lastra, Mario Barletta, Mario Salvador, Rafael Pascual, Mario Negri y Ricardo Gil Lavedra, además de figuras extrapartidarias como Alfonso Prat Gay.
Se trata, en buena medida, de dirigentes que participaron en la construcción de la alianza entre la UCR y el PRO y que ahora buscan volver a poner sobre la mesa la necesidad de construir una opción política diferente.
El grupo difundió un documento con un título que resume su intención: "Apurar el paso para gestar una alternativa política en 2027".
Allí plantean que el radicalismo atraviesa una "encrucijada dramática" y que, frente a la situación nacional, tiene una misión que consideran ineludible: ayudar a construir una nueva alternativa de poder.
El llamado no apunta solamente al Comité Nacional. También convoca a la Convención Nacional, los bloques parlamentarios y las distintas estructuras partidarias, con la idea de que cada sector trabaje en su ámbito, pero bajo una estrategia coordinada.
Críticas a Milei y al modelo de polarización
El documento también apunta directamente contra el gobierno nacional. Sus autores acusan al oficialismo de llevar adelante "maniobras iliberales" destinadas a facilitar una eventual reelección de Javier Milei, en referencia a iniciativas como la suspensión de las PASO.
Según ese análisis, el Gobierno buscaría reducir los costos políticos y evitar que determinadas causas y escándalos tengan impacto electoral, entre ellos $LIBRA, la investigación por la ANDIS y los cuestionamientos por el patrimonio de Manuel Adorni.
El sector reconoce algunos resultados positivos de la gestión libertaria, como la baja de la inflación y del riesgo país, pero considera que eso no alcanza para compensar el fuerte costo social del ajuste.
El diagnóstico habla de caída de los ingresos familiares, cierre de empresas y aumento de la desocupación.
También hay un mensaje especialmente dirigido a los gobernadores: la baja de la recaudación fiscal puede terminar golpeando directamente a las provincias y municipios, que son los que deben sostener buena parte de los servicios públicos mientras la Nación intenta descargar sobre ellos sus problemas financieros.
La pelea por romper la polarización
Uno de los objetivos centrales de este sector es cuestionar la idea de que la política argentina solo tiene dos opciones: los libertarios de Milei y lo que denominan el "neo kirchnerismo", en una referencia a un eventual reordenamiento del peronismo alrededor de figuras como Axel Kicillof, con el kirchnerismo más duro en un segundo plano.
La preocupación de estos radicales es que esa polarización termine dejando afuera cualquier alternativa de centro.
Por eso buscan construir un espacio que podría definirse como liberal, progresista, democrático y social, capaz de reunir a sectores que valoran el orden económico, pero que también reclaman una mayor preocupación por las consecuencias sociales del ajuste.
En el fondo, la idea parece ser reconstruir una coalición parecida a Juntos por el Cambio, pero sin los sectores más alineados con la derecha conservadora, muchos de los cuales hoy forman parte del gobierno de Milei.
La apuesta sería reunir a liberales moderados y socialdemócratas, construir una candidatura presidencial para 2027, reactivar los órganos partidarios y elaborar una plataforma nacional basada en desarrollo sostenible, equidad social y federalismo.
Además, el documento plantea volver a poner a la militancia en la calle y utilizar todos los recursos posibles para recuperar presencia política.
Los "radicales auténticos" quieren volver a la Lista 3
Pero no todos dentro de la UCR coinciden con esa estrategia.
Existe otro sector, con mayor presencia territorial en la Ciudad de Buenos Aires, que se presenta bajo el nombre de "Radicalismo Auténtico".
Entre sus principales referentes están Federico Storani, Luis "Changui" Cáceres, Carlos Becerra y Juan Manuel Casella.
Su planteo es distinto: consideran que el radicalismo debe recuperar su identidad histórica y volver a competir con la Lista 3, es decir, con una candidatura presidencial encabezada directamente por el partido.
Este sector fue históricamente crítico de la alianza con el PRO y defiende una identidad más claramente socialdemócrata.
Incluso cuestionan al otro espacio y consideran que muchos de sus integrantes son "dirigentes sueltos", sin un respaldo fuerte dentro de las estructuras partidarias.
Por eso, si en los próximos años se intentara reconstruir una coalición similar a Juntos por el Cambio, pero sin los sectores más cercanos al mileísmo, no está claro que el Radicalismo Auténtico quiera formar parte. Incluso podría terminar jugando como una oposición interna.
Y del otro lado, el PRO también empieza a moverse
Mientras el radicalismo discute qué hacer con su futuro, el PRO también busca definir su lugar en el escenario político que viene.
El primer intento de instalar una eventual candidatura presidencial de Mauricio Macri para 2027 parece haberse enfriado rápidamente. Ahora comenzó a sonar otro nombre: el del exministro de Economía Hernán Lacunza.
Desde hace algunas semanas, Lacunza recorre medios y deja abierta la posibilidad de competir en 2027. Por ahora, su figura parece tener más llegada en los sectores empresariales y políticos que en el gran público.
Pero la política argentina ya demostró que una candidatura puede crecer a una velocidad inesperada, especialmente en la era de las redes sociales. El propio Milei es, en ese sentido, un ejemplo difícil de ignorar.
Lacunza, además, viene cuestionando la estrategia de polarización del oficialismo. Su planteo apunta a la idea de que el Gobierno intenta presentar la discusión como una elección entre ellos y una alternativa todavía más temida.
Su frase es bastante directa: "Dicen nosotros o Drácula, hasta que ves que Drácula te puede ganar y entonces estás en un problema".
Por eso, su posible candidatura también puede ser leída como una primera ficha del PRO para empezar a negociar el armado político de 2027.
En definitiva, Macri y su partido tendrán que resolver con quién quieren sentarse y qué lugar pretenden ocupar.
El intento inicial de Milei por absorber gran parte del electorado tradicional del PRO parece haberse desacelerado, aunque eso no significa que la disputa esté terminada. Si el Presidente decide ir por una reelección, el oficialismo podría volver a buscar una absorción definitiva de ese espacio.
Ante ese panorama, la supervivencia política del PRO y la UCR podría volver a empujarlos hacia algún tipo de entendimiento.
La gran incógnita es si podrán hacerlo a tiempo, con una identidad renovada y una propuesta propia, o si seguirán atrapados entre los extremos de una política que, por ahora, parece dejarles cada vez menos lugar.


