¿En dónde (y cómo) se para el Banco Central frente al boom cripto en el país?

El BCRA avanza en la regulación de criptomonedas: bancos, tokenización y exenciones impositivas. Descubrí cómo cambia el ecosistema cripto argentino.

No es ninguna novedad el hecho de que la relación entre los argentinos y las criptomonedas está más unida que nunca. Las mismas ya no son un nicho tecnológico sino, por el contrario, se han convertido en un canal financiero que se usa en el día a día de muchos. Por eso es que no sorprende que indicadores como el precio bitcoin dolar son seguidos cada vez más de cerca por inversores y ahorristas que buscan comparar el rendimiento de los activos digitales frente a las alternativas tradicionales de resguardo de valor.

Y, ante un escenario como este, todos los ojos se posan en el Banco Central de la República Argentina (BCRA) que ha tenido que recalibrar su estrategia. Lo que en un principio fueron puras restricciones, hoy abre las puertas a una convergencia inédita; y en este artículo te contamos de qué se trata.

La apertura de hoy va mucho más que las políticas del 2022

La postura del BCRA frente a las criptomonedas no siempre fue flexible. En mayo de 2022, mediante la Comunicación "A" 7506, la autoridad monetaria prohibió de forma tajante que los bancos comerciales ofrecieran servicios con activos digitales a sus clientes. Un año más tarde, la restricción se extendió a las billeteras virtuales (Proveedores de Servicios de Pago), desmantelando los botones de compra automatizados integrados en las aplicaciones más populares del país. El argumento central era mitigar los riesgos sistémicos, la volatilidad y proteger el sistema de pagos.

Sin embargo, la realidad de la adopción local terminó por imponerse. Con Argentina consolidada entre los países con mayor volumen de transacciones cripto del mundo, el enfoque estrictamente prohibitivo demostró sus limitaciones para contener un flujo que se movía por canales alternativos.

Bajo la actual premisa de desregulación y modernización financiera, el BCRA comenzó a trazar un nuevo rumbo en su hoja de ruta. La entidad trabaja activamente en la normativa necesaria para que las entidades financieras tradicionales puedan volver a operar de forma segura en el ecosistema cripto (por ejemplo, mediante la estructuración de unidades legales específicas para la custodia y el trading), buscando canalizar la liquidez digital hacia el circuito institucional.

Todos con la mira en la CNV: chau chau al impuesto al cheque

Para entender el rol actual del Banco Central, también hay que observar el trabajo conjunto con la Comisión Nacional de Valores (CNV). A través del Registro de Proveedores de Servicios de Activos Virtuales (PSAV), la CNV pasó a supervisar a las plataformas cripto, exigiendo estándares de ciberseguridad, protección de fondos y prevención del lavado de dinero.

Este proceso de formalización abrió la puerta a cambios relevantes para el sector. Uno de los más importantes fue la exención del Impuesto sobre los Créditos y Débitos Bancarios ("impuesto al cheque") para los PSAV registrados. Hasta entonces, las plataformas cripto locales afrontaban una carga impositiva que no recaía sobre otros actores financieros.

La medida equipara las condiciones de competencia, fomenta la formalización de usuarios y reduce los costos operativos de las transacciones dentro del ecosistema cripto argentino.

Entendiendo el ABC de la tokenización

El dinamismo del mercado local va más allá de la simple compra y venta de Bitcoin o tokens estables atados al dólar.

La infraestructura normativa de Argentina dio pasos firmes hacia la tokenización de activos del mundo real (Real World Assets o RWA). A través de resoluciones específicas de la CNV, se habilitó el uso de Tecnologías de Registro Distribuido (TRD o blockchain) para emitir y negociar valores e instrumentos financieros.

¿Qué es la tokenización RWA? Consiste en fragmentar un activo físico o financiero tradicional (como un inmueble, un contrato agrícola o un fideicomiso) en tokens digitales sobre una blockchain. Esto permite que inversores minoristas accedan a fracciones de inversiones que antes requerían grandes capitales, mejorando notablemente la liquidez y la trazabilidad del mercado. En este segmento, el papel del Banco Central se vuelve analítico y de supervisión de flujos. El BCRA vigila estrechamente cómo la tokenización interactúa con el sistema de liquidación y los medios de pago tradicionales, asegurando que las transferencias cruzadas no desestabilicen los agregados monetarios ni la fluidez de las redes operadas por las cámaras compensadoras.

Siempre mirando y aspirando para adelante...

A pesar de la flexibilización y el impulso de la competencia, el Banco Central mantiene sus prioridades intactas en cuanto a la preservación de la estabilidad financiera. La integración de los activos digitales plantea tres desafíos estructurales que la entidad sigue de cerca. Veamos.

  1. En primera instancia, está la protección al usuario financiero. A diferencia de los depósitos bancarios tradicionales que cuentan con seguros de garantía, las tenencias en plataformas cripto dependen enteramente de la solvencia y la custodia de la empresa privada. El BCRA y la CNV exigen que las plataformas informen de manera transparente estos riesgos.

  2. A su vez, la velocidad con la que se mueven las stablecoins en el país obliga al BCRA a monitorear el impacto de estos instrumentos sobre la demanda de dinero físico y los saldos en cuentas bancarias comerciales.

  3. Por último, pero no menos importante, cabe mencionar que el gran reto técnico del Banco Central consiste en diseñar los puentes para que el dinero electrónico en pesos del sistema financiero tradicional conviva de forma segura, rápida y transparente con los rieles tecnológicos de las cadenas de bloques.

Con todo esto, se puede decir que el enfoque del Banco Central se ha desplazado hacia una regulación inteligente. En lugar de dar la espalda a una transformación tecnológica irreversible, la autoridad monetaria busca asimilar los activos digitales dentro del perímetro regulado. 

Al dotar al sistema de reglas claras, certidumbre fiscal y un marco de supervisión compartida, la Argentina intenta transformar la necesidad de resguardo financiero en un motor de innovación y modernización para todo su mercado de capitales.


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