Vino, gala y malestar: la temperatura real de Mendoza detrás del Acto Central de la Fiesta de la Vendimia
La provincia parece mantener un contraste político y social profundo en el medio de la celebración de la Fiesta Nacional de la Vendimia en un momento en el que la Ciudad de Mendoza se viste de gala para el evento. El clima, tanto en la Casa de Gobierno como en las calles mendocinas, dista de …
La provincia parece mantener un contraste político y social profundo en el medio de la celebración de la Fiesta Nacional de la Vendimia en un momento en el que la Ciudad de Mendoza se viste de gala para el evento.
El clima, tanto en la Casa de Gobierno como en las calles mendocinas, dista de ser festivo en un contexto donde los bolsillos parecen adelgazar progresiva y constantemente.
La gestión del gobernador Alfredo Cornejo encara este año con un ojo puesto en la consolidación de un modelo de orden fiscal y otro en una creciente tensión con sectores sociales que reclaman una recuperación en los ya alicaídos salarios.
En tal contexto, el evento Punto Federal 2026 en la Plaza Independencia se exhibe de forma concreta como el símbolo perfecto de esta ambigüedad que está a la vista de todos los ciudadanos mendocinos.
Hasta su cierre el próximo sábado al mediodía, el encuentro expone a una Mendoza que se autopercibe como un nodo federal y tecnológico, atrayendo a delegaciones de Argentina y de países vecinos.
Sin embargo, detrás de los stands de una provincia que ya factura cifras multimillonarias en dólares gracias a la conectividad aérea con destinos como Santiago de Chile, Lima y el refuerzo del Caribe, subyace una realidad económica más compleja.
El turismo receptivo internacional vive una era dorada, pero el visitante nacional y el propio mendocino encuentran una provincia cada vez más costosa, donde una excursión de alta montaña puede superar los 100 mil pesos, evidenciando una brecha de precios que empieza a enfriar el consumo local.
En lo estrictamente político, el mapa mendocino mutó tras los comicios legislativos de febrero, mostrando una alianza entre Cambia Mendoza y sectores liberales que logró blindar el control territorial, pero lo hizo frente a una ciudadanía que empieza a mostrar señales de agotamiento y ausentismo histórico.
Por otro lado, en el área de servicios básicos se gestiona la crisis, con un sector sanitario público que enfrenta el fenómeno de la migración de profesionales que cruzan la cordillera en busca de sueldos competitivos, mientras la obra social estatal, OSEP, intenta estabilizar sus cuentas tras un enero de aumentos y recortes.
Este malestar se suma al reclamo por la deuda de fondos educativos que la Nación mantiene con la provincia, deslizando que la sintonía con el Gobierno de Javier Milei comienza a tensarse.
Es que mientras Mendoza acompaña el rumbo macroeconómico y busca inversiones en Wall Street y Canadá, debe gestionar las guardias de sus hospitales y un sector vitivinícola que, en plena cosecha, reclama por la pérdida de rentabilidad de los pequeños productores.
De esta forma, Mendoza llegará al acto central del próximo sábado para coronar a la nueva reina de la Vendimia, pero también para medir la temperatura de un modelo que apuesta a la tecnología y a la minería para conservar el flujo de su caja.
Básicamente, con este contraste entre lo festivo y lo coyuntural, Mendoza se juega en marzo su capacidad de transformar ese prestigio internacional en soluciones cotidianas para un ciudadano que, por ahora, mira los festejos desde la vereda de enfrente.