Trump, reggaeton, la resistencia del periodismo y la Mendoza que no es lo que parece
La vocación de servicio es un rasgo que ha definido al periodismo a lo largo de la historia. A veces ha sido vehículo para imponer o transmitir ideologías o proyectos políticos; otras para comunicar conveniencias comerciales. Sobre todo en el siglo pasado, el formato escrito, en particular, ha sufrido innumerables amenazas que presagiaban su trágico …
La vocación de servicio es un rasgo que ha definido al periodismo a lo largo de la historia. A veces ha sido vehículo para imponer o transmitir ideologías o proyectos políticos; otras para comunicar conveniencias comerciales. Sobre todo en el siglo pasado, el formato escrito, en particular, ha sufrido innumerables amenazas que presagiaban su trágico y seguro final. Primero fue la radio, después la televisión, más tarde internet… Ya entrado el siglo 21, son las redes sociales, los algoritmos, las invencibles plataformas digitales -sobre las cuales algunos (¿idiotas?) montan cómicas campañas antiimperialistas- las que desafían el otrora poder de los medios.
Como sea, el periodismo ha sido pilar fundamental de las democracias republicanas, de la libertad de expresión, el pluralismo, la tolerancia, los derechos civiles, la independencia de pensamiento y otros tantos avances que fueron librándonos de la esclavitud de la ignorancia.
Pero ahora es distinto. Hay quienes admiten divertidos que nunca leen libros y que igual les va bien. Un ejemplo global: hasta llegar a convertirse en presidente de los orgullosos Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump escaló en la consideración popular de su país por el simple y llano hecho de ser muy adinerado. Ese rasgo lo hizo famoso. Algún mérito debe atesorar un hombre capaz de generar riqueza, puestos de trabajo, desarrollos civiles y otros meganegocios, salvo que una gran parte de sus logros se montaron sobre trampas, estafas y mentiras. Pero la gente lo votó igual en dos oportunidades, por encima de sus ocasionales oponentes. Las mujeres demócratas Hillary Clinton, primero; Kamala Harris, hace unos meses.
Y por encima de uno de sus principales enemigos: la prensa libre.
En la Argentina y en Mendoza no es distinto. En forma inversamente proporcional a las horas dedicadas a la lectura para formarse e informarse, crecen los minutos dedicados a los pasatiempos digitales que empobrecen el vocabulario y el espíritu.
“El amor es la poesía de los sentidos”, escribió el novelista y dramaturgo francés Honoré de Balzac.
“Reggaetón, champán, -pán-pán-pán, -pán, -pán”, canta la mexicana Katherine Huerta, más conocida como Bellakath, en medio de abundantes expresiones sexistas e indignas vulgaridades.
El periodismo profesional todavía da pelea a esa decadencia. Bien escrito, honesto, sin falsos objetivos, chequeando los datos, investigando a fondo, echando luz sobre los rincones más oscuros del poder, desenmascarando negociados turbios con recursos públicos… O simplemente publicando la noticia de un semáforo roto en una esquina peligrosa o un bache que crece en una calle de barrio. Asuntos sobre los cuales las gacetillas oficiales nunca nos van a informar.
No importan las plataformas, porque la tecnología bien empleada hoy es una gran aliada del buen periodismo. Puede ser digital, impreso, radial, audiovisual. Lo demuestra -por ejemplo- la propia cuenta de TikTok de Mendoza Today, abordando asuntos de interés público con datos, testimonios, videos, un tono fresco y un lenguaje adecuado a las nuevas generaciones. Y sigue siendo “serio y profesional”.
La sustentabilidad es hoy otra de las barreras para la prensa. El mejor periodismo está ligado a su independencia económica. Y lo más triste en nuestra provincia no es tanto que los medios dependan cada vez más de la pauta oficial (que Milei junto a varios gobernadores e intendentes empezaron a debilitar o suprimir), sino que cultiva el escenario para que los propietarios de esos medios los usen para otros fines: licitaciones, obras públicas, promoción de candidatos, alianzas partidarias, etc.
Los políticos mendocinos aprendieron una de las peores lecciones que nos dejó el kirchnerismo: la vocación de poder y el “animal político” orientado a manejar todos los resortes del poder posibles, desnaturalizando así el rol de las instituciones y organismos republicanos. ¿Qué importa si somos más o menos que otras provincias? Algo no es sano cuando la misma persona maneja el Poder Ejecutivo, las votaciones en las cámaras de la Legislatura, el Poder Judicial, la universidad pública, los mismísimos organismos de control y hasta algunas cámaras empresariales.
Allí estará la prensa que pueda seguir resistiendo, con sus aciertos y errores, para intentar contárselo a la ciudadanía, junto a las redes y otros formatos de expresión, que ejercen su valioso derecho a expresarse, pero que a veces mienten intencionalmente y no les preocupa asegurarse si el posteo es verdad o no.