Tadeo García Zalazar, ministro de Educación: “No hay forma de que la IA reemplace al docente”
Desde que se recibió de licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Nacional de Cuyo, Tadeo García Zalazar ha transitado una larga militancia en el radicalismo y notorias experiencias en la función estatal (municipal, provincial y nacional). Buena parte, trabajando junto al gobernador Alfredo Cornejo. Sin embargo, representa lo que se conoce …
Desde que se recibió de licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Nacional de Cuyo, Tadeo García Zalazar ha transitado una larga militancia en el radicalismo y notorias experiencias en la función estatal (municipal, provincial y nacional). Buena parte, trabajando junto al gobernador Alfredo Cornejo. Sin embargo, representa lo que se conoce como un “político joven” (50 años). O al menos, con mucho camino por recorrer. Estos dos años que se avecinan, sin ir más lejos, constituyen uno de los mayores desafíos de cara a esos horizontes: enfocado de lleno en la gestión como ministro de Educación, Cultura e Infancias de la Provincia, reconoce que se apresta también a construir paso a paso su precandidatura a Gobernador de Mendoza.
García Zalazar es también Director General de Escuelas. Un cargo, por muchos motivos, siempre crucial en la agenda de los mendocinos. Faltan pocos días para el comienzo del ciclo lectivo 2026. La semana próxima retornan los supervisores, luego los directivos y docentes, y el 25 de febrero los alumnos de nivel primario y el primer año del secundario. Es un momento propicio para que cuente a los lectores de Mendoza Today los planes educativos inmediatos del Gobierno, su mirada sobre el nuevo rol de la Escuela en la sociedad, el desembarco definitivo de la tecnología en las aulas y, con la mesura del caso, sus proyectos políticos.
— Estamos a días del comienzo de clases. ¿Qué esperamos de la educación de Mendoza para 2026?
— El 2026 es el año en el que implementaremos muchos cambios en los que venimos trabajando. Algunos representan la continuidad de políticas anteriores, pero con impactos sociales positivos para seguir mejorando el sistema educativo. Un objetivo fundamental es cumplir con el calendario de 190 días de clases. El año pasado, solo cuatro provincias lograron cumplirlo debido a paros y otras acciones. Mendoza es una de ellas. Además, tenemos novedades específicas por cada nivel. En el nivel inicial, abriremos unas 100 salas de 3 años adicionales a las 240 ya existentes.
— Para el nivel primario también se anuncian modificaciones en la estructura pedagógica. ¿En qué consisten?
— Hemos modificado la unidad pedagógica. Anteriormente, comprendía primero y segundo grado, lo que permitía que los chicos pasaran de grado sin saber leer o escribir. Ahora, la unidad pedagógica se conforma entre sala de cinco y primer grado. Esto implica una mayor exigencia: si al finalizar primer grado el alumno no conoce el alfabeto, su nombre o los objetivos básicos de escritura, no podrá avanzar a segundo. Es un criterio de rigor que aplicamos en todo el Plan de Alfabetización.
— ¿Esto significa que en segundo grado ya deben tener un dominio consolidado de la lectura?
— Exactamente. El criterio de la unidad pedagógica entre primero y segundo grado se tomó hace más de una década, pero el año pasado el Consejo Federal de Educación otorgó autonomía a las provincias para decidir este esquema. Nosotros consideramos positivo este cambio para reforzar la alfabetización. Además, por primera vez, entregaremos libros unificados a todos los alumnos del sistema público hasta tercer grado, algo que no había sucedido antes. También reforzaremos fuertemente el área de matemáticas en primaria y secundaria.
— Matemática quedó como una preocupación el año pasado. ¿Cómo se hará ese refuerzo?
— Utilizaremos herramientas digitales como las plataformas Matific y Eduten. A través del juego, los chicos aprenden a resolver operaciones. Los resultados son muy alentadores: los alumnos con niveles de aprendizaje más bajos avanzan incluso más rápido que los adelantados. Las docentes y directoras evalúan estas plataformas de forma muy positiva porque logran entusiasmar a los estudiantes.
— ¿Cuáles serán los ejes de los cambios en la secundaria?
— Crearemos 50 “Secundarias Innovadoras” con un currículo más flexible, donde los chicos podrán elegir materias electivas y contenidos. El objetivo es que todas las escuelas secundarias tengan pasantías en los últimos años para vincularse con el mundo laboral. Los alumnos podrán optar por realizarlas en empresas o en Centros de Capacitación para el Trabajo (CCT), donde podrán certificarse en oficios como carpintería, gastronomía o agronomía. Queremos devolverle un sentido práctico a la secundaria.
— Para sustentar estos cambios se requiere tecnología. ¿Cuál es el plan de inversión para este año?
— Contamos con el financiamiento del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). En 2025 equipamos al 30% de las escuelas con aulas digitales móviles y capacitación docente. Nuestra meta es alcanzar el 100% de los establecimientos entre mediados de este año y el próximo. Esto incluye conectividad, tecnología y plataformas digitales en toda la provincia. Asimismo, lanzaremos de forma optativa cursos de operador de inteligencia artificial en 100 escuelas sedes para alumnos de cuarto y quinto año.
— ¿Qué medidas se vienen en la formación docente y la cobertura de cargos en áreas críticas?
— En Educación Superior hemos subido las exigencias de ingreso a los profesorados y mantenemos un sistema de becas para carreras con déficit de profesionales, como Matemática, Física, Química, Idiomas y Educación Especial. La beca es progresiva: comienza con un 20% del salario docente en el primer año y llega al 50% en el cuarto año, cuando realizan las prácticas. El objetivo es fomentar la retención y que los estudiantes se reciban pronto. Este año esperamos contar con 100 nuevos docentes en estas áreas críticas.
— ¿Y el salario docente? En la Argentina, nunca dejará de ser tema de discusión.
— Cuando asumimos en diciembre de 2023, Mendoza estaba en el puesto 20 de 24 jurisdicciones en cuanto a salarios. Hoy estamos en el puesto 12 y la intención es seguir subiendo mediante incentivos concretos. Creamos el “Ítem Arraigo” para premiar la continuidad en una misma escuela, ya que la alta rotación docente afecta el aprendizaje. También implementamos el “Ítem Capacitación”, que paga más a quienes tienen posgrados, maestrías o doctorados. Queremos que el trabajo docente sea reconocido en función de su formación y compromiso con la institución.
— Más allá de los debates, ¿cómo se miden estos mecanismos en mejoras para los chicos?
— Mendoza tiene un sistema sólido de medición. Llevamos cuatro años realizando censos de fluidez y comprensión lectora, y desde el año pasado sumamos el censo de matemática. Los datos nos permiten trabajar sobre casos críticos. Hemos logrado que los niveles de desempeño crítico bajen del 30% inicial a menos del 10% al finalizar el ciclo lectivo. Medir nos permite acompañar a quienes más lo necesitan y asegurar que los chicos realmente aprendan.
— Usted está a favor del uso de la inteligencia artificial. ¿Cuál será el enfoque para que se entienda como una herramienta y no un reemplazo del pensamiento?
— Soy de los que cree que debemos pensar en una nueva forma de aprendizaje. La primera pregunta que me hacen seguido es si la IA reemplazará al docente, especialmente ahora que existen asistentes que permiten aprender cualquier tema. Mi respuesta es que no hay forma de que eso suceda. El docente posee herramientas pedagógicas en un contexto de aula que la tecnología nunca podrá personalizar al cien por ciento. Lo que sí debe hacer el docente es adquirir nuevas habilidades; por eso nuestro plan combina tecnología con formación profesional.
— ¿Qué capacidades se requieren entonces para convivir con esta tecnología?
— Para usar bien la IA se necesita una persona mejor formada. Alguien que sepa hacer buenas preguntas (prompts), que sepa deducir y, sobre todo, que tenga el criterio para discernir si lo que la máquina contesta es correcto o no. Eso es lo que llamamos “inteligencia artificial aumentada”: una colaboración entre el ser humano y la tecnología para obtener un mejor resultado. Pero para que esto funcione, la base de conocimiento del alumno debe ser igual o superior a la del siglo pasado.
— Es decir, que igual no se puede descuidar “lo básico”.
— Exactamente. La escuela debe seguir trabajando en que los chicos sepan leer, comprender textos y realizar operaciones matemáticas básicas. También en el pensamiento crítico: la capacidad de combinar lengua, ciencias y matemáticas para resolver un problema de la vida real. Eso no te lo enseña la tecnología por sí sola; se enseña en la escuela.
— Para implementar esto se necesita infraestructura. ¿Cómo manejan el bache de la conectividad?
— La IA no funciona sin buena conectividad ni tecnología actualizada; hay celulares que hoy no soportan ciertas aplicaciones o el procesamiento de imágenes. Por eso el plan incluye equipar a las escuelas, algo para lo que ya tenemos financiamiento. Lo positivo es que en las plataformas que ya usamos, como FlexFlix en secundaria, la respuesta es excelente. Los chicos se enganchan con entornos gamificados y modernos. Es un camino necesario para que el cambio tecnológico no nos encuentre sin las capacidades mínimas.
— Mendoza está invirtiendo, pero el contexto nacional es complejo. ¿Reciben ayuda del Gobierno Nacional?
— Actualmente, el Gobierno Nacional no está financiando infraestructura, conectividad ni tecnología, áreas que antes sí cubría. Estamos pidiendo que ese financiamiento se restituya. El 3 de febrero tendremos una reunión en el CFE donde presentaremos, junto al gobernador Alfredo Cornejo, un proyecto de ley para mejorar el financiamiento de la educación básica. El problema es que muchas provincias no tienen sistemas de información sólidos para rendir cuentas. Mendoza sí sabe nominalmente cuántos alumnos y docentes tiene, pero hay 14 provincias que no conocen con exactitud su movilidad estudiantil.
— Hablando de desigualdades, ¿cómo hace la escuela para nivelar la brecha entre un chico de ciudad con alta conectividad y uno de una zona rural o marginal?
— La brecha social es evidente. La única forma de matizarla es garantizando el mismo equipamiento, las mismas plataformas y la misma formación docente en todos los contextos. El año pasado distribuimos 700 aulas digitales móviles de forma proporcional en escuelas primarias, secundarias, rurales y de albergue. Ya tenemos el 30% de las escuelas equipadas y el objetivo es llegar al 100%. No elimina la brecha, pero la achica significativamente al darles a todos la misma herramienta.
— ¿Está sirviendo la tecnología lo suficiente para desburocratizar la labor?
— Sí, se está viendo el resultado. Con el sistema GEM (Gestión Educativa Mendoza), la carga de notas se hace una sola vez y de forma digital. Antes había que imprimir plantillas diarias, mensuales, anuales y el boletín en papel. Estamos simplificando eso para que el docente recupere tiempo didáctico. Además, planeamos una reforma para las escuelas más grandes, que son unidades administrativas muy complejas con hasta 1,500 alumnos. Queremos separar la unidad administrativa de la pedagógica, para que el director se concentre exclusivamente en que los chicos aprendan y los docentes se capaciten, delegando la gestión de recursos humanos y contabilidad.
— En la primera gestión de Cornejo el “Ítem Aula” generó mucha resistencia. Ahora hay más incentivos ligados a desempeño y capacitación. ¿Cree que el docente ha naturalizado esta mirada de que “si trabajo mejor, gano más”?
— En líneas generales, los docentes responden muy bien a los cambios que propusimos. Se nota una participación activa en las capacitaciones y en la búsqueda de mejorar el desempeño. El sistema se ha ido asentando porque los resultados pedagógicos, que ahora medimos de forma constante, demuestran que este es el camino para mejorar la educación en la provincia.
—¿Cómo evalúa el resultado del Ítem Arraigo y el Ítem Capacitación?
— En líneas generales, los docentes han comprendido muy bien el concepto del arraigo; de hecho, logramos frenar y bajar muchísimo la rotación que teníamos. Respecto a la capacitación, vemos que está funcionando porque los docentes se forman para mejorar sus ingresos. Es un esquema en el que todos ganan: el docente mejora su bono a fin de mes y el sistema gana calidad. Hoy, el “Ítem Aula” es solo uno más dentro de un paquete de incentivos. Antes tenía una relevancia porcentual muy alta y generaba tensión, pero hoy los ítems de Arraigo o Capacitación pueden duplicar o triplicar ese monto. Esa tensión se ha disipado y la gente está concentrada en mejorar a través de estas nuevas herramientas, que además fueron avaladas por unanimidad en la Legislatura y contaron con el apoyo del sindicato.
— ¿Cuál es el impacto de la plata que proviene de la Ley de Extinción de Dominio?
— Creamos un fondo nutrido por dos vías: las herencias vacantes y los bienes de la corrupción mediante la extinción de dominio. El año pasado recaudamos cerca de 540 millones de pesos en remates. El caso más emblemático fue el de la “Casa de Lobos”. Todo ese dinero se ha destinado exclusivamente a la reparación y mejora de escuelas. Es un mecanismo virtuoso: tomar bienes de la corrupción o en desuso para darles un fin social positivo. Para este año tenemos previstos entre ocho y nueve remates más.
— Se cumplieron dos años desde que asumió este “superministerio” que agrupa varias áreas. ¿Qué balance hace de esta estructura centralizada?
— Ha sido una gran responsabilidad porque coordinamos Educación, Cultura e Infancia, además de la infraestructura para esas tres áreas. El balance es positivo, especialmente en un contexto de achicamiento del gasto público nacional. Tener las áreas concentradas nos permitió optimizar recursos, generar ahorros y mitigar el impacto de la falta de inversión nacional. Contamos con un equipo consolidado —mitad viene de gestiones anteriores y la otra mitad se incorporó conmigo— y hemos logrado que el Tribunal de Cuentas apruebe todos nuestros balances sin observaciones.
— ¿Cómo se ha traducido esa gestión en obras concretas?
— A pesar de la caída del plan nacional de infraestructura, la provincia mantuvo sus inversiones. El gobernador se comprometió a entregar 33 escuelas nuevas en su periodo; ya llevamos 14, este año entregaremos 10 más y el resto el año que viene. También creamos cuatro hogares infantiles nuevos. Políticamente, se decidió mantener la inversión educativa entre el 25% y el 29% del presupuesto provincial total. Sabemos que cambios como la reforma de la unidad pedagógica tardarán dos años en mostrar resultados medibles, pero estamos convencidos del camino técnico que tomamos.
— Este 2026 parece ser el año de la “responsabilidad parental”. ¿Cómo se aplicarán las nuevas sanciones para los padres frente a conductas inapropiadas de sus hijos?
— Impulsamos la modificación del Código de Contravenciones porque la escuela solo interviene un tiempo limitado. El resto del día la responsabilidad es de los padres. Teníamos casos de bullying donde los protocolos fallaban porque los padres ni siquiera asistían a las reuniones de mediación. Ahora, la Justicia puede sancionar a los padres con multas económicas o trabajo comunitario si no cumplen con su deber de acompañamiento. Es un llamado de atención: los padres deben inculcar normas de convivencia y respeto. La ley se promulgó en diciembre, así que en estos primeros meses del año veremos su aplicación efectiva por parte del Poder Judicial.
— Vivimos tiempos de efervescencia y confrontación en redes sociales y medios. ¿Cómo enfrenta la escuela este clima de época?
— La escuela es un reflejo de la sociedad y no es ajena a esa efervescencia. Nuestro rol es fortalecerla como un espacio de diálogo y formación de ciudadanos que puedan procesar esa realidad con pensamiento crítico y respeto, alejándolos de la confrontación vacía que a veces impera afuera.
— La escuela es una caja de resonancia de la sociedad, y la sociedad está crispada. Sobre todo, la que se expresa en las redes sociales y la que “baja” de algunos dirigentes políticos.
— Comparto la definición: la escuela es una caja de resonancia de lo que pasa socialmente. Lo que ocurre afuera repercute adentro, pero de manera distinta según cada institución. Depende mucho de los padres, del equipo de gestión y de las normas de convivencia que cada escuela establece y que los padres firman. Nosotros festejamos iniciativas como el acuerdo parental para el uso del celular, porque la educación digital es, ante todo, una responsabilidad de los padres. Hay escuelas que lo gestionan muy bien, incluso con programas de ciudadanía digital o sistemas de puntos positivos por buenas acciones. En cada una de las 700 primarias y 300 secundarias de la provincia, la realidad varía según el compromiso de su comunidad educativa.
— Hablando de gestión, mencionó un recambio importante en las autoridades escolares. ¿Qué impacto espera de esta nueva camada de directivos?
— Es un avance concreto. En diciembre terminamos los concursos de jerarquía directiva y entre diciembre y febrero se asignan 700 cargos nuevos. Es una generación que pasó por un proceso de selección muy exigente que duró casi dos años, con tres instancias de exámenes y una formación bibliográfica muy amplia que incluye, justamente, temas de convivencia. Casi el 50% de las escuelas tendrá un cambio en su conducción. Tengo mucha fe en que este recambio generacional tendrá un impacto positivo en la organización y administración del sistema.
— Hablamos mucho de cambio. Pero la escuela es casi el único lugar donde se canta el Himno Nacional. Es un refugio. ¿Cómo compatibiliza la preservación de tradiciones y valores nacionales con la tendencias globales y tecnológicas de la época?
— Vivimos en lo que se denomina el “mundo VICA” (volátil, incierto, complejo y ambiguo). Ante esa volatilidad, la gente necesita refugios de seguridad y certidumbre. La escuela es precisamente eso: un lugar donde uno sabe qué va a hacer y donde todavía se forma en valores, aunque sea una lucha permanente contra el afuera. A pesar de las crisis, sigo viendo mucha vocación docente para mantener esos pilares. Además, es notorio que cuando la comunidad, los clubes o las cooperadoras ayudan, la escuela funciona mucho mejor. Son islas de certidumbre que, con el tiempo, serán cada vez más valoradas.
— ¿Cómo es el vínculo con las escuelas de gestión privada? Especialmente con aquellas que, aunque son confesionales o parroquiales, atraviesan realidades económicas complejas.
— En Mendoza consideramos que toda la educación es pública; la diferencia es que una es de gestión estatal y otra de gestión privada. Entre el 20% y el 30% de nuestra matrícula pertenece al sector privado. Tenemos un sistema muy claro de subsidios: el 95% de estas escuelas recibe apoyo del Estado porque tienen topes en sus cuotas. Nuestra injerencia es, sobre todo, la vigilancia pedagógica para que se cumplan los planes de estudio provinciales.
— ¿Se han sumado estas instituciones a los cambios tecnológicos que usted impulsa?
— Sí, y de manera voluntaria. Aunque podrían no hacerlo, muchas escuelas de gestión privada se han adherido a la incorporación de aulas digitales móviles y al uso de nuestras plataformas. Existe una muy buena circulación de políticas entre ambos sectores porque, en definitiva, todos formamos parte del mismo sistema educativo provincial.
— Existe la percepción de que hay una brecha muy grande entre los resultados de la gestión pública y la privada. ¿Qué indican las evaluaciones actuales?
— Esa brecha se está achicando por distintos motivos; lo notamos especialmente en matemáticas. Sin embargo, hay una realidad insoslayable: en los últimos 25 años, el rendimiento ha bajado en ambos sectores. Esto refuerza lo que hablábamos antes: las problemáticas sociales y familiares impactan por igual en el alumno de la escuela pública y en el de la privada. Por eso, nuestra política es coordinar todo lo académico para que el sistema funcione como un bloque, independientemente de quién lo gestione. Mendoza se mantiene en la media del interior del país, con una matrícula privada que ronda el 30%, lejos de jurisdicciones como la Ciudad de Buenos Aires, donde ese número llega al 50%.
— Una pregunta sobre política. ¿Cómo va su precandidatura a la Gobernación para el 2027?
— Existe, pero es un proceso que requiere tiempo y maduración. Tengo la convicción de que la gestión debe ser la vidriera de lo que podemos ofrecer para el 2027. Nuestro enfoque actual es que las clases comiencen en tiempo y forma el 25 de febrero, que las escuelas funcionen y que mejoremos todos los indicadores de evaluación. Si cumplimos esos objetivos, podemos aspirar a algo más grande. Si no, será muy difícil.
— El “superministerio” y la gran vidriera tienen tantas ventajas como riesgos.
— Exactamente. Los logros tienen mayor visibilidad, pero los problemas también son de gran escala. Estos dos años han transcurrido en armonía con el sistema y con resultados positivos a pesar de los recortes. Hemos consolidado un equipo de trabajo con capacidad de liderazgo. Creemos que si el modelo funciona a esta escala, puede replicarse a una superior.
— ¿Qué le estaría faltando?
— Falta un año clave de cumplimiento de metas para tener una base sólida. Estamos concentrados en la gestión de mediano plazo para poder pensar en el largo plazo. Nuestra intención es que el equipo que hoy lidera Alfredo Cornejo siga al frente de Mendoza. Tenemos el equipo para hacerlo, tanto personal como colectivamente, pero el 2026 será el año para afilar los objetivos de gestión y que la gente vea los cambios que hemos realizado. Estamos, diría, en pleno proceso de construcción.