Tadej Pogacar, como un héroe de manga, gana su cuarta etapa del Tour de Francia
Tadej Pogacar es miga de manga absurdo y feliz; Jonas Vingegaard, de un manual de gestión de liderazgo y dirección de empresas. El Tour de Pogacar, que lleva una pegatina de Hulk en su bici, pero no porque sea su héroe, que prefiere a Spiderman o Superman, es una acumulación de peleas siempre ganadas con …
Tadej Pogacar es miga de manga absurdo y feliz; Jonas Vingegaard, de un manual de gestión de liderazgo y dirección de empresas.
El Tour de Pogacar, que lleva una pegatina de Hulk en su bici, pero no porque sea su héroe, que prefiere a Spiderman o Superman, es una acumulación de peleas siempre ganadas con gracia y estilo. La emoción no es necesaria. Lleva camino de ser el mejor de la historia y solo piensa en vivir el día, divertirse y pasar de lo que piensa la gente.
La cronoescalada de Peyragudes, en la que aventaja en 36s a Vingegaard, ya a 4m7s en la general, es la cuarta victoria de este 2025 en el que seguramente superará los seis triunfos del 24. La losa pesada de que ya está todo decidido no habrá quien la levante ya en este Tour, que será su cuarto. Y tan difícil de superar será el desconsuelo de Vingegaard, quien, después de haberle ganado dos Tours al esloveno en duelos crujientes ya no puede sentirse más que sparring de quien todo lo puede.
Pasados 13 días, Vingegaard mira la clasificación, y concluye: ser segundo es ser tierra de nadie. A 4m 7s de Pogacar inalcanzable, con 3m 17s de ventaja sobre el tercero, Remco Evenepoel, al que dobló sin misericordia en los metros más empinados y agónicos. Mindfulness de respiraciones ruidosas en la silla de jardín antes de salir, cabra de contrarreloj, pues está previsto que la media supera supere los 25 por hora, la velocidad en la que el peso pierde ante la penetración (una cronoescalada en tres trozos, cuatro kilómetros llanos a más de 43 por hora; una porción de 3.600m al 8,5% y un final de 3.300m al 8,45% pero con la terrible rampa del aeropuerto para partir las piernas: 300m al 16%), hace quizás la mejor cronoescalada de su vida, los vatios del Combloux 23 en el que noqueó al esloveno, por lo menos, y hasta el casco aerodinámico más que aplanarle le hace erguirse, y pese a todo pierde 36s con Pogacar, que como definió Valdano a Romario es un deportista de dibujos animados. El esloveno termina los 10,5 kilómetros de ascensión en 23 minutos justos, una media de 28,435 kilómetros por hora. Es el Peyresourde legendario el que queda reducido a un decorado de fantasías aéreas, el primer puerto pirenaico que asaltaron los forzados del Tour de 1910, partiendo a las cuatro de la mañana de Luchon, cuadrilla de aventureros que temían a los osos de los bosques liderados por el aviador Octave Lapize, héroe de la Gran Guerra. Donde los antiguos ponían su grasa a prueba de la fuerza de gravedad, su ánimo a pelearse con el sentido común, los de ahora se dejan el corazón intentando no contradecir el pacing determinado por los estirados sabios de aire despistado que recorren el maremágnum de caravanas y músicas con un portátil plegado bajo el brazo.Los periodistas viejos del Tour, tan tristes, quieren sentirse punkis y cantar no future para sus crónicas desafinando a los Pistols, ante la burla de los chavales de la caravana publicitaria que se motivan con red bull sabor sandía y bailan en grupo a Raffaella Carrà antes de montar en sus trastos decorados para trastornar a la plácida fauna que goza en la sombra de los bosques espesos hacia las rocas de la cima, y los quebrantahuesos pelean con los helicópteros. Si no tuviera que sudar unos minutos en la bici y le dejaran un hueco, Tadej Pogacar se uniría a ellos feliz, el héroe del Tour, Goku con toda su banda de proscritos.
La cultura del Tour de estos años es la suya, los tiempos giran con él. Jonas Vingegaard, seguramente, preferiría juntarse a los que lamentan el fin de los tiempos, mientras la cuadrilla de ejecutivos de empresa que le rodean le presentan powerpoints, estudios y análisis de datos que le prometen no solo que hay futuro, sino que el futuro es suyo, y de color rosa. Pero es el tiempo de los niños.