“Ser puta no es una vergüenza, es un trabajo”: la voz de quienes optaron por el oficio más antiguo del mundo en Mendoza
Intentar denigrar a alguien diciéndole que es un “hijo de puta”, es un insulto por lo demás raro y hasta puede resultar disparatado. Ser un “hijo de puta” tiene un peso categórico y lapidario. Ser “puta” en nuestra sociedad, conlleva una carga de discriminación muy difícil de soportar. Y la contradicción es tan grande que …
Intentar denigrar a alguien diciéndole que es un “hijo de puta”, es un insulto por lo demás raro y hasta puede resultar disparatado. Ser un “hijo de puta” tiene un peso categórico y lapidario. Ser “puta” en nuestra sociedad, conlleva una carga de discriminación muy difícil de soportar. Y la contradicción es tan grande que incluso a veces se usa de halago.
El cuerpo humano tiene su proyección ante la Ley. Desde toda la historia milenaria, el cuerpo es el lugar del goce… y de indecencia.
En la actualidad, está ya más generalizado que las mujeres han decidido usar su cuerpo cuerpo como quieren, y en muchos casos algunas hasta optan por trabajar con él.
Una trabajadora sexual, es decir, aquella mujer que decidió trabajar sexualmente con su cuerpo cobrando por el servicio que ofrece, trata de reivindicar lo que hace, y por ende, reivindicar su cuerpo y el de toda mujer en el medio de una sociedad terriblemente machista.
Una trabajadora sexual es alguien que vende un servicio, que hace una transacción comercial. Hay muchas mujeres que, sin llamarse trabajadoras sexuales ostentan ese comercio, esa transacción comercial con varones: es un negocio, un intercambio económico: te doy algo a cambio de algo, así de simple.
Vender servicios sexuales está estigmatizado y aborrecido. Pero, ¿qué dice de ello alguien que por años se dedicó al oficio más antiguo del mundo?
La historia…
Denis es el nombre ficticio de esta trabajadora sexual que hace su labor de manera virtual y presencial. La mujer tiene 37 años, nació en el sur del país. Tiene tres hijos, pero para ellos, Denis trabaja en la función pública.
“Desde tiempos inmemoriales el poder masculino utilizó a la mujer como objeto sexual, y los varones visitan prostitutas en todas partes del mundo, desde todos los tiempos. Sin embargo, luego se marginaliza a la mujer que hace eso, se la tilda de ‘pecadora’. ¿No es una injusticia eso?”, se pregunta Denis.
“Las mujeres que nos dedicamos a ser trabajadoras sexuales lo hacemos porque vemos que es un negocio rentable”
Ella se dedica a esto desde los 18 años, cuando su mamá la echó de la casa, y a su papá nunca conoció; además, tiene cuatro hermanos con los que no tiene relación.
En el contexto centroamericano, un varón que tiene muchas mujeres es un “puto” en el lenguaje popular; pero en Argentina es sinónimo de homosexual. Le deberíamos decir “mujeriego”, o hasta un “Don Juan” es tolerado. Esto incluso es alabado en círculos masculinos; pero por el contrario, ser una mujer con muchos hombres, una “puta”, es una deshonra.
Para Denis, “eso no sólo es latinoamericano: es mundial. Tiene que ver con el machismo, con el sistema patriarcal que nos domina, que siempre engrandece al hombre y pone a la mujer por el piso. Tener muchas mujeres denota hombría, pero de ese modo la mujer sigue estando muy estigmatizada. Si tiene la misma libertad sexual que tiene un varón, la sociedad machista la ve mal, la juzga, la discrimina”.
Si una mujer está rodeada de hombres, eso “dice de ella que no tiene principios ni valores, que es algo malo, incluso despreciable. Ser ‘puta’ tiene la característica de algo decadente y terrible. Para el hombre tiene sentido de halago, de felicitación: si alguien hizo algo muy bueno es un cabrón, un ¡hijo de puta! ‘¡Qué hijo de puta, mirá lo que consiguió!’, por ejemplo”.
“La mujer que tiene relación con varios hombres está tan desvalorizada que es un insulto. Es sólo un objeto sexual al que no se valora como ser humano. ¿Pero por qué eso tiene que ser así? ¿Por qué no es igual con los varones?”, se pregunta Natalia, otra trabajadora sexual que quiso opinar para este artículo.
Una sociedad llena de prejuicio
“Quien desarrolla ese trabajo no está reivindicada como trabajadora, porque nuestra sociedad sigue siendo muy prejuiciosa, y cuando se habla de sexo continuamos moviéndonos con patrones sumamente machistas. De ahí que se diga que esto es malo. Pero no hay bueno y malo en sí mismo; eso lo decide la sociedad. ¿Quién dice que ejercer este trabajo es malo? ¿Quién lo decide?”, se cuestiona Natalia con una voz aguda desde el teléfono.
“Hay mujeres que nos dedicamos a ser trabajadoras sexuales por propia decisión, y hay otras mujeres explotadas en el contexto de la prostitución y trata”
Pero, ¿qué hace que una mujer pueda dedicarse a este oficio?
“La sociedad machista desde tiempos inmemoriales puso en menos a la mujer, la prostituyó, la rebajó, la convirtió en simple objeto para el uso masculino. Las mujeres desde toda la historia venimos sufriendo esta violencia patriarcal, que en definitiva es una violencia política. La mujer nunca podía decidir, no tenía voz y voto. Ahora, si bien hay mucho que cambiar todavía, ya empezamos a hacernos escuchar, nuestra voz comienza a escucharse”, dice Denis.
Y agrega: “Las mujeres que nos dedicamos a ser trabajadoras sexuales lo hacemos porque vemos que es un negocio rentable. Pero aclaro: no cualquier mujer, por razones psicológicas muy personales, puede ser una trabajadora sexual, puede tener relaciones sexuales con cualquier hombre y cobrar por ello. En cambio una trabajadora sexual es eso mismo ante todo: una trabajadora. O sea que tomamos nuestra actividad como un trabajo, no como una relación sentimental. Es como cualquier profesión: se hace con seriedad profesional, porque cobramos por el servicio, por lo tanto hay que hacerlo bien, sin involucrarse afectivamente”.
¿Una trabajadora sexual quiere salir de la vida que lleva?
“Las trabajadoras sexuales no nos arrepentimos del trabajo que hacemos. Y aquí hay que hacer una diferencia muy importante: hay mujeres que nos dedicamos a ser trabajadoras sexuales por propia decisión, y hay otras mujeres explotadas en el contexto de la prostitución, la trata, el proxenetismo y la esclavitud sexual. Ellas sí son explotadas; ellas no eligieron esa vida de martirio. Ellas sí quieren salir de ese contexto de explotación, abuso y violación de sus derechos”, explica Denis
Una prostituta ¿gana lo que quiere, o es, como muchos otros trabajadores, explotada?
“La trabajadora no tiene la retribución económica justa por su trabajo, porque se lo roban, porque tiene un proxeneta que la explota. Si la mujer no ha decidido por voluntad propia estar donde está, lo suyo deja de ser un trabajo independiente, como es el caso de las trabajadoras sexuales, que trabajamos con pasión, con orgullo de lo que hacemos, con entusiasmo. Para la mujer prostituida su trabajo sexual es una carga pesada, una obligación, además de todo, juzgado despreciativamente por la sociedad”, explica Denis.
“Los varones visitan prostitutas en todas partes del mundo, desde todos los tiempos. Pero luego se marginaliza a la mujer que hace eso”
Y resalta: “Vivimos una moral horrible, porque la sociedad utiliza a las prostitutas, pero luego las desprecia, y todo lo que se salga de la llamada moral sexual normal es mal visto. La religión oficial ayuda a ese desprecio, pues una prostituta, al igual que un homosexual o un travesti, dice que no heredará el Reino de los Cielos, pues supuestamente somos pecadores. Si es cierto que Dios existe, en todo caso ¿por qué cuestionar a una mujer que vendiendo su cuerpo dio de comer a sus hijos y los crió?
La hipocresía de la sociedad
“Aquí hay demasiada hipocresía. ¿Quién decide qué es pecado y quién no? ¿Dios se los mandó a decir acaso? Es una sociedad hipócrita, con doble moral la que pone esos parámetros. Desde tiempos inmemoriales el poder masculino utilizó a la mujer como objeto sexual, y los varones visitan prostitutas en todas partes del mundo, desde todos los tiempos. Pero luego se marginaliza a la mujer que hace eso, se la tilda de pecadora. ¿No es una injusticia eso? Para una trabajadora sexual es gratificante saber que nadie la explota, que hace valer sus derechos y que con su trabajo, elegido libremente, puede mantener a su familia, tal como es mi caso por ejemplo”, sentencia Denis.