Semana Santa en Mendoza: crónica de un Domingo de Ramos que se ofició un sábado
Ante todo, valga una aclaración. A propósito de la celebración de Semana Santa, vamos a comentar una misa de la Iglesia Católica Apostólica Romana. La misma que encabeza el Papa Francisco en Roma y el arzobispo Marcelo Colombo en Mendoza. El templo, ubicado en Catitas Viejas (Santa Rosa, cerca de la cabecera departamental), no parece …
Ante todo, valga una aclaración. A propósito de la celebración de Semana Santa, vamos a comentar una misa de la Iglesia Católica Apostólica Romana. La misma que encabeza el Papa Francisco en Roma y el arzobispo Marcelo Colombo en Mendoza.
El templo, ubicado en Catitas Viejas (Santa Rosa, cerca de la cabecera departamental), no parece tal cuando los fieles llegan desde diferentes confines por la ruta provincial número 50. Para el que no conoce, no es tan fácil llegar, porque no tiene enorme atrio ni altas cúpulas que lo acerquen al Cielo.
Es un galpón de ladrillos pintados de blanco, como uno de los tantos que se observan en la zona para la logística rural. El techo es de chapa y está todo, pero todo, perforado por diminutos orificios originados seguramente por una de las tantas y feroces granizadas de algún verano. No hay imágenes ni esculturas de mármol lustroso, sino modestas reproducciones de la Virgen María, el Vía Crucis y algunos santos, con marcos de madera barnizados.
Es un verdadero ejemplo de austeridad, con la modestia que narran los textos bíblicos (y después lo hicieron las películas) para referirse al humilde padre carpintero, el establo-pesebre de Belén o el acotado menú de la Ultima Cena. Sobre la ancha entrada se lee “Parroquia María Auxiliadora”, en un cartel metálico blanco despintado, marcado con letras negras hace vaya a saber cuánto tiempo ya.
Nada de bajorrelieves ni columnas monumentales. Y adentro, en la cabecera -lógico-, un Cristo crucificado con más realismo histórico que en cualquier iglesia conocida: dos maderos cruzados y la figura doliente de Jesús con los brazos abiertos atados con alambres retorcidos.
Tampoco se escuchan órganos ni se ven otro tipo de imponentes aerófonos que remitan a la Edad Media. Allí prefieren cantar sus alabanzas con un grupo folklórico, con bombo, charango y todo. Una zamba alegre tal vez. Y una súplica al Padre con aires flamencos, que entona a capela, con talento y advocación, una adolescente vestida de jeans y sencilla remera blanca.
Igual, nada de eso es importante para el querido padre Marcelo Castro (nombre completo de civil), que enciende su misa de Ramos, de casi cuatro horas. a las 16.00 en punto. Cada tanto, el sacerdote baja del altar para mezclarse entre la gente, repartiendo bendiciones, sanaciones, bromas y saludos de vecino.
No hay solo signo de demagogia en sus ojos. Ni en su andar tranquilo y bonachón. Tampoco hace grandes gestos ni levanta la voz al estilo de un pastor evangelista, para que nadie se quede dormido, aunque él se confiese cansado por los trajines de Semana Santa y un viaje que viene preparando laboriosamente.
Pero frente a él están todos bien despiertos y atentos. Incluso los que se quedaron fuera del templo y llevaron sus propias sillas de plástico que usan en el patio de sus casas.
Al lado, una cancha de fútbol que funciona como playa de estacionamiento. Desde la leal “chata” para moverse en la finca, hasta la reluciente Hilux con patente blanca alfanumérica, seguramente llegada desde una casa “acomodada”.
Han arribado desde Junín, San Martín, Rivadavia y distintos barrios del Gran Mendoza. Pero también hay una familia de San Luis, otra de Santa Fe y un matrimonio ¡de Chile!, que juntó unos pesos para los pasajes y no tiene donde quedarse a dormir hasta salga el colectivo de regreso, la mañana siguiente. No hay de qué preocuparse, en la casa de algún hermano generoso se van a quedar… Listo.
Para terminar de una vez con los contrastes, digamos que esta misa, de este cura tan comprometido y trabajador con su comunidad, sucede en la provincia donde ganó el libertario Javier Milei, pero gestiona una mujer peronista (Flor Destéfanis). Y justo cuando las preocupaciones más importantes de la gente son las económicas y la confianza en el Gobierno, según coinciden las consultoras y encuestadoras de renombre.
Pero aquí es diferente. Nadie piensa en el dólar, las próximas elecciones legislativas ni en los aranceles de Trump. Pero entonces, ¿qué tiene en común toda esa gente? ¿Por qué están allí sacrificando la siesta, Netflix o el partido de Boca?
Ramos de olivo y algo más
A simple vista, todos comparten dos cosas. Por un lado, llevan un ramo de olivo en la mano que cada tanto agitan para recibir una gota de agua bendita. Por el otro imploran por el tesoro de la salud, la que para bien o para mal iguala las almas del mundo. A los ricos y a los pobres. A los ateos, agnósticos y creyentes.
A la Iglesia institución no le gusta para nada hablar de curas “sanadores”, por eso nadie menciona esa palabra tan ligeramente. Apenas un decir “misa de sanación”. Ruegan, a veces con ojos llorosos, por la salvación de los enfermos. Por la reversión de un diagnóstico médico desfavorable para ellos mismos o de un ser querido, cuya foto abrazan fuerte contra su pecho.
Algunos se desmayan o algo así cuando Marcelo les toca la cabeza en el momento cúlmine de la imposición de manos. Otros salen esperanzados. O emocionados. Saben que al fin de cuentas todos los humanos recorremos el mismo camino. Y buscamos de dónde aferrarnos cuando las fuerzas y el saber humano no alcanzan.
El filósofo Friedrich Nietzsche no creía en Dios, en las nacionalidades ni en las tradiciones, sino que -por el contrario, ateo él-, entendía que son los hombres y las mujeres quienes lo crean, en tanto lo piensan. Seguro le hubiese gustado poner a prueba en Catitas Viejas y por su propia cuenta esa famosa frase que se le atribuye: por su forma de vivir, “Jesús fue el único cristiano de verdad”.
Tal vez después, el gran filósofo crítico de la estructura eclesiástica, se hubiese ido a conversar y tomarse un mate con el sabio padre Marcelo, que luce cero fines de lucro y de algo lo hubiese convencido.
Pero esa escena es contrafáctica. Una fantasía. Un juego, en una semana triste y confundida. Y aquí sólo hemos descripto una misa real, con datos chequeados y comprobados, sin otra pretensión que compartir una crónica periodística más del siglo 21.