¿Qué celebramos este 25 de mayo?

Hoy, 25 de mayo se cumple un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo de 1810. Recordamos la formación del Primer Gobierno Patrio. Como cada año, esta fecha nos interroga acerca de los sentidos de lo colectivo, de lo común, de los lazos que nos vinculan y del compromiso compartido para afrontar los dilemas del …

Roberto Suarez

Hoy, 25 de mayo se cumple un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo de 1810. Recordamos la formación del Primer Gobierno Patrio.

Como cada año, esta fecha nos interroga acerca de los sentidos de lo colectivo, de lo común, de los lazos que nos vinculan y del compromiso compartido para afrontar los dilemas del presente y el futuro. Si una nación es una comunidad imaginada, la revolución es el inicio concreto y simbólico de un proyecto que, a más de doscientos años, nos sigue convocando para trabajar por un país más justos y solidarios.

La Revolución de Mayo fue un proceso que se desarrolló en Buenos Aires en mayo de 1810 y que concluyó con la destitución del virrey español y su reemplazo por una Junta de Gobierno local.

A principios del siglo XIX no existía la Argentina como se la conoce en la actualidad, sino que la extensión territorial era mucho más grande. Abarcaba a los actuales países de Argentina, Bolivia, Uruguay y Paraguay y era conocido como virreinato del Río de la Plata. Tampoco había libertad política, ya que el gobierno era ejercido por la Corona española.

Luego de las invasiones inglesas y de la respectiva victoria de las tropas criollas ante éstas, un sentimiento de unidad y fuerza emergió entre la población rioplatense. España vivía desde 1808 el avance de tropas napoleónicas y su poder político y económico se debilitó en poco tiempo. En efecto, sus colonias americanas se vieron desatendidas y desabastecidas durante todo este tiempo.

El siglo XIX comenzaba así con grandes cambios políticos y económicos. El Virreinato del Río de la Plata ya contaba con una elite intelectual, un sector comerciante —que a su vez estaba imposibilitado para comerciar libremente con Inglaterra— y un grupo de criollos armados que cada vez fortalecían más su poder militar. El descontento entre los criollos de Buenos Aires crecía a la par de las pretensiones de organizar un gobierno autónomo y la práctica del libre comercio. Así, un proceso intelectual, comercial y militar con ideas independentistas comenzó a desarrollarse en el Virreinato del Río de la Plata.

El 13 de mayo de 1810 llegó la noticia de que Sevilla había caído en manos de las tropas de Napoleón. Sevilla era el último bastión del poder español y de esta manera el virrey Cisneros se vio obligado a ceder ante la iniciativa de los criollos revolucionarios de Buenos Aires que pedían una convocatoria a Cabildo Abierto.

El pueblo de Buenos Aires finalmente impuso su voluntad al Cabildo el 25 de mayo, creando una Junta de Gobierno integrada por Cornelio Saavedra, presidente; Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, vocales; y Juan José Paso y Mariano Moreno, secretarios. Se iniciaba así el proceso revolucionario que desembocaría en la declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816.

Cada 25 de mayo los argentinos no celebramos como deberíamos hacerlo el aniversario de el “Primer Grito de Libertad”, habrá ceremonias oficiales, algún desfile, poca banderas y escarapelas, sí en muchos hogares, no en todos, habrá comida criolla, locro fundamentalmente y pasteles y asados. Pero se nota la falta de argentinidad, de amor a la patria, de querer al país En el que nacimos y vivimos.

Por ese sentimiento ausente es que quiero, este domingo de Mayo, de Libertad, rescatar un poema de Jorge Sosa, denominado “Te Quiero”:

Te quiero pai?s de horizonte,
pai?s que siempre queda ma?s alla?,
flaco pai?s que encierra tantas gorduras,
camino,
llanura,
desierto,
lejani?a,
te quiero.
Con tu andar de gaucho busca?ndole el li?mite a la soledad,
entre mate y mate,
entre truco y truco,
entre mago y algu?n mesi?as de turno
que nos elige para ganar su propio cielo.

en la mesa sin plato del hambre,
en un cuaderno sin hojas,
y en los que quedan al margen.
Sin razo?n de un granero del mundo
que en algu?n momento perdio? todos su granos y aun insiste con el surco en el campo,

y cree en el futuro de las semillas.

Te quiero sin condiciones
y sin vergu?enza,
de cara a lo que soy y lo que he sido, por mí mismo y por todos
los que pueda alcanzar esta poesi?a.

Te quiero en tu anatomi?a de paisaje,

Te quiero pai?s de la?grimas,
tantas veces pisado en el umbral,
tantas veces cantado en la tribuna,
tantas veces tango,
tantas veces,
a medianoche, debajo de un farol, mientras garu?a y me siento solo au?n lleva?ndote encima de mi piel.
Con tu melancoli?a de puerto,
con una bienvenida que estamos devolviendo en tantos adioses,
con el espanto de irnos al carajo para llorarnos lejos.
Te quiero.

Te quiero pai?s canchero,
gambetita corta, taquito y can?o,
y esa mani?a de sobresalir en cualquier lado, con esa viveza que jama?s nos dio ma?s vida, que muchas veces nos pintó de muerte.

Te quiero pai?s fundado pero au?n no descubierto con la amistad generosa y abierta,
con las venas abiertas,
con la puerta abierta,

con la boca abierta a tanto asombro
que grita en nuestra piel de madrugada,
con todo ese silencio camuflado de grito,
y tal vez con un silbo tristo?n cuando cae la tarde en los pueblos.

Te quiero pai?s dolido en lo ma?s doloroso del dolor,

en el rio serpiente marro?n que lame tus costados, en una cordillera que le rasca la panza a los suen?os,
en un ventisquero desolado,

en un desierto rodeado de desiertos, en un trigal de Santa Fe,
en unas islas que aún nos hieren.

Te quiero pais de esperanza,
a pesar de todas las veces que te faltamos el respeto,
que te faltamos al futuro,
que te faltamos,
con los ojos brillantes, y el corazo?n galope, con los brazos abrazos,
y el amor hecho hijos.
Por tu sur tan al sur,
Por tu cielo bandera,
y tal vez,
porque a trave?s de mis labios
los labios de mis padres
me siguen alentando a que te quiera.

Aqui? estoy, aqui? soy y aqui? me quedo Te quiero.

Por Jorge Sosa

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