Polémica por la venta de carne de burro: ¿En Mendoza se puede comercializar?
A pesar del reciente interés surgido en la Patagonia por el consumo de burro y guanaco como alternativas ante los altos precios de la carne vacuna, en la provincia de Mendoza no existen establecimientos habilitados para la faena de estas especies. Desde la Dirección de Ganadería confirmaron que ningún frigorífico local solicitó autorizaciones para procesar …
A pesar del reciente interés surgido en la Patagonia por el consumo de burro y guanaco como alternativas ante los altos precios de la carne vacuna, en la provincia de Mendoza no existen establecimientos habilitados para la faena de estas especies.
Desde la Dirección de Ganadería confirmaron que ningún frigorífico local solicitó autorizaciones para procesar dichos animales, lo que imposibilita, por el momento, su venta formal en las góndolas regionales bajo las normativas vigentes.
La infraestructura actual de la provincia se limita a la faena de especies convencionales y un segmento muy específico de fauna silvestre de criadero. Según datos del SENASA, establecimientos como el Matadero Frigorífico San Rafael cuentan con habilitación para bovinos, porcinos, ovinos y caprinos, además de ejemplares como antílope, jabalí y ciervo. Estos últimos suelen comercializarse principalmente como productos premium, ya sea en formato de embutidos, ahumados o conservas, con precios que se alejan de las opciones económicas.
El escenario legal en Argentina es estricto respecto al destino de ciertas carnes, como ocurre con la de caballo. Si bien existen plantas en el país capaces de procesar equinos, su comercialización para consumo humano interno está estrictamente prohibida, reservándose exclusivamente para el mercado de exportación.
Esta restricción derivó en diversos operativos contra el mercado negro, donde las autoridades descubrieron la venta ilegal de este producto en carnicerías locales, reforzando los controles para evitar el fraude alimentario.
En la cultura local de zonas como San Rafael, persiste de manera informal el consumo de animales cuya caza está prohibida, tales como el piche, el choique o el guanaco. Estas prácticas, arraigadas en ciertos sectores rurales, se mantienen al margen del circuito legal y sanitario, representando un desafío para los organismos de control. El uso de burro para la elaboración de embutidos también forma parte de este mercado no oficial que las autoridades intentan erradicar mediante patrullajes y fiscalizaciones.
Ante la presencia de productos de origen dudoso o carnes sospechosas, la Dirección de Ganadería recordó que existen laboratorios equipados para determinar rápidamente la especie de la carne incautada.
Las autoridades instaron a la población a realizar las denuncias pertinentes en sedes policiales, subrayando que el consumo de ejemplares de la fauna silvestre sin control sanitario representa un riesgo para la salud pública y una infracción grave a las leyes de protección de la biodiversidad local.