Pichetto mueve sus fichas: el plan para un frente opositor “capitalista y productivo”
Veterano de la política argentina y con pasado en casi todas las grandes ligas del poder, Miguel Ángel Pichetto volvió a mover fichas. A poco más de un año de las próximas presidenciales, el diputado nacional de Encuentro Federal trabaja en la conformación de un frente opositor que dispute el rumbo económico y político del …
Veterano de la política argentina y con pasado en casi todas las grandes ligas del poder, Miguel Ángel Pichetto volvió a mover fichas. A poco más de un año de las próximas presidenciales, el diputado nacional de Encuentro Federal trabaja en la conformación de un frente opositor que dispute el rumbo económico y político del gobierno de Javier Milei, con una agenda centrada en la producción, la industria y el empleo.
La iniciativa, todavía en etapa embrionaria, tiene como columna vertebral al peronismo, pero apunta a sumar sectores del radicalismo, del Pro, del socialismo y de otras fuerzas dispuestas a coincidir en un programa común. “Hay que ir a la búsqueda de la unidad, no solamente del PJ, sino también de otros sectores políticos que coincidan en la necesidad de un frente nacional capitalista productivo para recuperar el país”, plantea Pichetto.
El planteo fue desarrollado en un extenso reportaje publicado por La Nación, con firma de Laura Serra, en el que el legislador detalló su diagnóstico sobre la coyuntura política, la economía y el mapa electoral que se avecina.
Pichetto no esquiva las controversias. Reconoce que se reunió, tras una década sin diálogo, con Cristina Kirchner y también con Guillermo Moreno, y reivindica esa decisión como parte de una forma de hacer política sin exclusiones. “No se puede construir con prejuicios”, sostiene, al tiempo que aclara que las conversaciones estuvieron enfocadas en el presente y no en el pasado. Con la expresidenta, dice, coincidió en la necesidad de preservar las primarias como herramienta para ordenar liderazgos y evitar reformas electorales impulsadas por el oficialismo.
En su lectura, el escenario hacia 2027 estará marcado por una fuerte polarización. “Hay que tener una visión amplia, porque ya hay datos que anticipan que las opciones de las terceras vías van a estar en dificultades”, advierte. La experiencia reciente, subraya, muestra que los intentos por correrse de los polos tienden a quedar relegados en contextos de crisis económica y social.
Uno de los ejes centrales de su discurso es la defensa de la industria nacional y de lo que denomina un “capitalismo productivo”. Desde allí cuestiona con dureza la estrategia económica del Gobierno y, en particular, el trato del presidente Milei hacia el empresariado. Considera un error político y estratégico descalificar a los industriales locales mientras se busca atraer inversiones. “Calificar a los propios empresarios argentinos como chorros no me parece inteligente ni adecuado”, afirma, y recuerda que muchas empresas sobreviven desde hace décadas en un contexto de inestabilidad y presión impositiva.
Sin proponer un cierre de la economía, Pichetto reclama reglas claras, plazos razonables y una reforma impositiva que permita competir sin asfixia frente a productos importados, especialmente de China. Advierte que la apertura indiscriminada pone en riesgo miles de puestos de trabajo urbanos y genera un deterioro social que el Gobierno, a su juicio, subestima al apostar casi exclusivamente a la minería y a los hidrocarburos.
En política exterior, acompaña la decisión de alinearse con Occidente, pero critica lo que define como una sobreactuación ideológica. Rechaza mezclar religión y política y pide evitar un seguidismo automático de Estados Unidos e Israel. “Nuestro lugar en el mundo es Occidente, pero eso no implica hacer un seguidismo ciego”, señala, al tiempo que cuestiona la salida de la Argentina de los Brics y advierte sobre eventuales costos de un alineamiento sin matices.
Hacia el final, Pichetto también marca límites éticos. Al referirse al uso del avión presidencial por parte del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, para viajar con su esposa, sostiene que se trató de un error político que afecta la credibilidad del Gobierno y que debería ser corregido con una disculpa pública.
Con un discurso que combina experiencia, autocrítica y una apuesta a la reconstrucción de mayorías, Pichetto busca reinsertarse como articulador de un armado opositor amplio. En un escenario de alta tensión y cambios acelerados, su diagnóstico es claro: enfrente de Milei, dice, “no hay vacío”, sino un espacio en construcción que aspira a disputar poder con un programa productivo y nacional.