Patricia Giménez, gerenta de ProMendoza: “Las ideologías no pueden servir para cerrar mercados”
En un escenario global de reacomodamientos geopolíticos y economías volátiles, Mendoza busca consolidar su perfil exportador más allá de sus productos tradicionales. En ese marco, y en conversación con Mendoza Today, la gerenta general de ProMendoza, Patricia Giménez, celebra que la provincia haya logrado sentarse “en su propia silla” en las negociaciones del acuerdo del …
Raúl Pedone
En un escenario global de reacomodamientos geopolíticos y economías volátiles, Mendoza busca consolidar su perfil exportador más allá de sus productos tradicionales. En ese marco, y en conversación con Mendoza Today, la gerenta general de ProMendoza, Patricia Giménez, celebra que la provincia haya logrado sentarse “en su propia silla” en las negociaciones del acuerdo del Mercosur con la Unión Europea, para potenciar las economías regionales.
Giménez se preparó en las ciencias exactas. Pero asegura que tiene “sensibilidad” para ocuparse de la cosa pública. Desde esas dos vertientes explica por qué la provincia ya no puede permitirse el lujo de producir solo lo que desea, sino lo que el mundo está dispuesto a comprar: desde vinos sin alcohol y productos con certificación kosher, hasta el incipiente despertar de la minería y la industria del conocimiento. En un diálogo que recorre desde la macroeconomía hasta la pasión por el fútbol como activo turístico, define el mapa para que las Pymes locales dejen de “mirar la tormenta” y se animen a conquistar nuevos mercados.
— Una de las noticias más relevante con la que empezamos el año es el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Va en línea con los tiempos de mayor apertura hacia el mundo que estamos viviendo. ¿Qué significará esto específicamente para Mendoza?
— Primero me gustaría decir algo general. Si recordamos, Mendoza y Argentina han sido históricamente de las economías más cerradas. Este no es un acuerdo que esté haciendo solo la provincia, sino que el Mercosur viene intentándolo hace años. Creo que es un gran logro. Como ciudadanos, ya conocíamos los beneficios del bloque en lo cotidiano, como viajar sin pasaporte o la validez de títulos, pero existía la sensación de que el esquema nos atrapaba y no nos permitía tener la libertad comercial que tiene, por ejemplo, Chile.
– Bueno, ahora se hizo realidad.
-Que después de tantos años estemos llegando a este acuerdo es fundamental porque no solo abre la perspectiva de una Argentina integrada al mundo, sino de un Mercosur más integrado. Puntualmente para Mendoza, habrá muchos beneficios. Sabemos que el proceso es lento porque cada comisión debe trabajar los productos y los parlamentos nacionales deben aprobarlo, pero la decisión política de que se concrete ya está firme.
— ¿Cómo se aseguró Mendoza de que sus intereses estuvieran representados en esa mesa de negociación?
— Mendoza fue la única provincia que tuvo negociadores dentro del Ministerio de la Producción y por parte de ProMendoza. Trabajamos para asegurar que los productos locales estuvieran contemplados en las canastas de oferta. Por eso, podemos estar tranquilos de que el vino, el ajo, las nueces, los frutos secos y el aceite de oliva tendrán un tratamiento beneficioso. Aunque falta la letra fina, cualquier mejora arancelaria para productos que ya son competitivos en esos mercados generará una apertura mayor y un mejor rendimiento para quienes ya exportan. Van a poder producir y vender más. Es una gran noticia para la industria mendocina.
— Europa produce muchos de los productos tradicionales de Mendoza, sobre todo de base agrícola. ¿Hay realmente espacio allá para nuestras materias primas y productos agroindustriales?
— Hay oportunidades porque producimos a contraestación. Eso permite que el consumidor europeo que busca productos frescos tenga fluidez de stock todo el año sin depender de productos refrigerados de otros orígenes. Nuestra mejor referencia es Chile: muchos productores mendocinos tienen sedes allí para empaquetar y exportar, salteando las barreras que hasta ahora tenía el Mercosur.
-O sea, el mercado está. Habrá que saber aprovecharlo.
-Claro! El mercado existe. Además, el cambio climático y los conflictos bélicos, como la guerra en Ucrania, han afectado la producción en la Unión Europea y sus países vecinos. El europeo tiene necesidad de comprar y antes estaba atado por barreras arancelarias que este acuerdo viene a flexibilizar.
— Mencionó el vino, pero sabemos que hay una baja internacional en su consumo. ¿Cuál es la estrategia para este 2026 frente a un escenario de sobrestock y mercados que se achican?
— Es cierto, la baja es real. En Argentina pasamos de un consumo de 60 litros por persona a 16 litros. Sin embargo, hemos crecido en varios mercados específicos. Nuestra estrategia es traer a los compradores a Mendoza. El año pasado realizamos un evento donde 150 bodegas se reunieron con 80 compradores internacionales, de los cuales el 70% nunca había estado en la provincia. Se quedaron maravillados con nuestras bodegas y el enoturismo.
-Igual, las exportaciones también tienden a la baja. Es ir cuesta arriba.
-Exportar no es algo de un día para el otro —hay que registrar etiquetas y cumplir normativas, especialmente en países con monopolios como los nórdicos o Canadá—, pero ese contacto directo es clave. Este año haremos un evento similar para vino a granel en junio y planeamos trabajar junto a Wines of Chile para alternar una feria internacional de vinos entre Mendoza y Chile cada año.
— Por eso: habrá que buscar nuevos nichos de mercado o productos alternativos, entonces.
— Absolutamente. El desafío es entrar a India, donde Cancillería trabaja para bajar aranceles que hoy son altísimos. Es un mercado de élite y hotelero muy importante. También trabajamos en certificaciones Kosher y Halal, y en tendencias como el vino sin alcohol. Hace cuatro años era una palabra prohibida, pero hoy está instalado que el consumo masivo está cambiando. No vamos a abandonar la alta gama que nos identifica, pero debemos acompañar todas las estrategias de las bodegas para los mercados externos.
— Hablando de traer gente a Mendoza, tocamos el sector del turismo, que es otra gran exportación de la provincia. ¿Cuál es el camino para reacomodar al sector?
— El enoturismo ya está posicionado y cada vez vemos más establecimientos de alta gama. Esto quiere decir que hay inversión en esa línea. Lo que necesitamos trabajar con el sector es tener una oferta clara para que cuando una persona llegue por cuatro días, tenga alternativas que no sean solo visitar bodegas. El segmento de lujo ya lo tenemos ganado, pero debemos ir a buscar otros nichos. Necesitamos potenciar el trekking, el turismo de naturaleza y actividades acuáticas. Hay un trabajo conjunto que hacer entre el sector privado y el Gobierno para que el turista sepa que existen esas opciones y no se encuentre con dificultades logísticas cuando quiere visitar distintos puntos de la provincia. En el enoturismo el sector está muy bien orientado y las nuevas propuestas demuestran que la actividad no ha decaído.
— No debería descuidarse tampoco al turismo nacional, que ha tenido una baja sensible.
— Eso responde al costo país. Esperamos que, a medida que se reordenan los precios, tengamos las mismas opciones que otros destinos para que el argentino vuelva a pasear por Argentina. Fue algo que vimos en la pandemia: todos conocimos lugares de nuestra provincia que no teníamos en el radar. Tenemos que volver a eso, a tener precios diferenciados para el mendocino y el argentino, para que realmente aprovechemos las bellezas que tiene la provincia.
— ¿Cómo cree que impacatará en la economía regional el reacomodando la geopolítica global, con polos de dominación que se diversifican: Estados Uniods, Rusia, China…
— Estamos en un momento bisagra. Hemos visto un debilitamiento de los organismos internacionales, algo muy claro en el caso de Venezuela, donde no se tomaron acciones efectivas ante informes contundentes sobre la situación de sus ciudadanos. Sin embargo, desde Mendoza no tenemos injerencia en la política macro, nacional o internacional. Debemos ser inteligentes: cuidar los mercados que ya ganamos y trabajar sobre los que aún no tenemos, independientemente del marco ideológico. El mundo busca hoy una libertad de decisión que en muchos países parecía truncada. Nosotros, desde ProMendoza, debemos enfocarnos en detectar las necesidades de los clientes, mostrárselas a nuestros productores e industriales y ayudarlos a que tomen decisiones con información sólida. Que las ideologías no nos cierren mercados que nos sirven.
— En ese sentido, usted mencionaba que Mendoza fue la única provincia con actores propios negociando en el acuerdo Mercosur-UE.
— Fue clave. Argentina siempre tiende a pensar en la pampa húmeda y a olvidarse de las economías regionales. Que hayamos tenido gente trabajando directamente con Cancillería para que nuestros productos quedaran incluidos es fundamental. Ojalá se mantenga la línea de impulso que se dio en 2018. En estos últimos tiempos se han desregulado muchas cosas y el interior ha reclamado con fuerza que la Nación preste más atención a realidades que no son de commodities, como el azúcar en Tucumán o la yerba en Misiones.
— ¿Cree que de aquí en adelante habrá una mirada más favorable del Gobierno Nacional hacia las economías regionales?
— Espero que sí. Y espero que, si la Nación se olvida de ese detalle, las provincias sepamos hablar fuertemente, sin pelear, pero mostrando nuestra realidad. Al no tener commodities, necesitamos apertura y buenos acuerdos internacionales. El productor mendocino, cuando tiene libertad para moverse, ofrece calidad. Tenemos, por ejemplo, un sector aeronáutico en desarrollo muy requerido en Chile, Paraguay y Perú. Solo necesitamos un marco legislativo claro, acceso al crédito para crecer y que se ordene el gasto público para ser competitivos.
— Mencionó actividades no tradicionales. También se habla mucho del potencial de la industria del conocimiento en Mendoza. ¿Es una realidad tangible o solo una buena promesa?
— El potencial es muy cierto, aunque nos cuesta obtener números precisos porque muchas exportaciones no pasan por los canales formales. Mendoza es una incubadora muy importante de startups y empresas nacionales. Además, ofrecemos una calidad de vida que este sector valora: sol 300 días al año y espacios al aire libre. Tenemos 11 universidades y la mayoría dicta carreras relacionadas, lo que garantiza el recurso humano. Estoy trabajando para mostrar con datos concretos cuán importantes somos en este rubro, porque cuando el potencial se visibiliza, las inversiones llegan.
— Y está la minería, los recursos extractivos, ¿nos va a salvar?
— Es un sector que necesitamos recuperar. En los años 90, el petróleo representaba el 50% de nuestras exportaciones y hoy no llega al 2%. Tenemos que volver a ese nivel con el petróleo, el desarrollo de Vaca Muerta y la minería. No ha hecho falta cambiar las leyes, sino demostrar que, bajo la legislación vigente y con organismos de control claros, se pueden hacer estudios de impacto ambiental serios que pasen por la Legislatura. Hoy podemos decirle a la gente con tranquilidad: estamos en condiciones de hacer minería cuidando el agua. Al haber sido tan cautelosos, quizás estemos un paso adelante en materia ambiental respecto a otras provincias.
— Mendoza tiene buena materia prima, pero le falta mucho para ser una plaza que venda más productos industrializados. La minería es un caso. En Argentina no hay cómo procesar el cobre.
— Absolutamente, y es algo en lo que debemos arrancar ya. Hay inversores interesados esperando que Argentina se perciba sólida, no solo en los titulares, sino estructuralmente. Son inversiones grandes que requerirán sinergia entre empresas locales e internacionales. Espero que en los próximos cinco años veamos el nacimiento de una industria fuerte asociada a la minería. Tenemos el capital humano y los profesionales para hacerlo, algo que otras provincias no tienen en la misma cantidad.
— En Chile se avecina un cambio de signo político importante. Dado que nuestros productos salen mayoritariamente por el Pacífico, ¿qué podría cambiar para Mendoza con la nueva gestión de José Antonio Kast?
— Lo primero es la seguridad, que afecta tanto al turismo como al transporte de carga; nuestros choferes son a veces víctimas de delitos. Además, una mirada cooperativa con un gobierno del mismo signo puede facilitar la sinergia. No debemos vernos como competidores, sino como un equipo, porque estamos lejos de los grandes centros mundiales. Ya estamos trabajando con el gobernador del Maule para pensar la región de forma conjunta, buscando mejoras en los caminos y nuevos pasos fronterizos. Un gobierno más ordenado en sus organismos favorecerá estos proyectos que ya están en marcha.
— Usted es especialista en Ciencias Exactas, Matemática y Física, pero se volcó a la política y al gerenciamiento de una entidad mixta. ¿Cómo vivió esa transformación?
— Me encanta lo público y tengo una fuerte vocación de servicio. Mi paso por la Dirección de Estadísticas me marcó profundamente. Al venir del lado de los números y la ciencia, me enamoré de los datos. Vi claramente cuántas cosas puede lograr Mendoza, si aprovecha esos nichos que los números nos están señalando. Mi formación me hace ser muy exigente en el cuidado de lo público y en la toma de decisiones basadas en información real.
— Y también la acercó o intereso en la política.
— La política, bien entendida, te acerca a la gente. En mis campañas como legisladora aprendí que desde la gestión se puede ayudar, y mientras sienta eso, voy a estar. ProMendoza me permite aplicar lo que aprendí en distintos ámbitos para colaborar con empresas y productores locales. Lo hago con mucha responsabilidad y creo que, por eso, me han seguido proponiendo nuevos desafíos.
— En ProMendoza también se puede hacer política.
— Sí, es un lugar de mucha política, pero de la buena. Trabajamos con cámaras y sectores donde la discusión debe generar crecimiento. Siempre estoy atenta a qué podemos aplicar de lo que vemos afuera. Por ejemplo, en un viaje a Panamá, pregunté en un restaurante por qué no tenían vinos argentinos en su carta kosher. Me dijeron que no había oferta. Al volver, empezamos a trabajar en una “canasta de productos kosher” (vinos, aceite de oliva, etc.), porque tenemos una gran comunidad en Argentina, Estados Unidos e Israel. Son nichos estratégicos que debemos aprovechar.
— Eso marca un cambio de lógica: dejar de producir lo que queremos para empezar a producir lo que el mundo demanda. ¿Se nota esa evolución en el empresario mendocino?
— Se tiene que notar porque el mundo cambia en meses, no en años. Si no nos preparamos, perdemos. Hace tres años, hablar de vino sin alcohol parecía una locura para algunos enólogos; hoy todas las bodegas están pensando en líneas sin alcohol o de baja graduación. Nuestro emblema es el Malbec, una cepa con mucha personalidad, pero si el mercado demanda productos más frutados o nuevas formas de consumo, debemos adaptarnos para que las empresas sigan existiendo. Los empresarios han empezado a leer bien al mundo y eso nos ha permitido mantener el nivel de exportaciones a pesar de la caída del sector petrolero.
— Una parte del mercado está eligiendo la cerveza o el vermú, ¿la industria bodeguera está abierta a eso?
— La mayoría lo entendió. Algunos han empezado a permutar o a elaborar otros productos porque la tendencia del vermú con soda o gaseosa hoy es muy atractiva. Si queremos que las bodegas sobrevivan, la clave es diversificar. Desde ProMendoza los acompañamos; haber traído 80 compradores el año pasado fue un éxito cuyos frutos veremos pronto.
— Si alguien tiene una pequeña pyme a partir de una buena idea y quiere exportar pero no sabe por dónde empezar, ¿puede acercarse a ProMendoza? ¿O es sólo para los grande proyectos?
— Sí, tenemos una línea llamada “PYME Exporta”. Preparamos a las empresas para la internacionalización mediante un consultor cuyo costo financiamos al 50% durante seis meses. Hemos tenido casos de empresas que empezaron a exportar antes de terminar el proceso. También ayudamos a quienes necesitan inversiones para dar ese salto. Estos programas de internacionalización y de atracción de inversiones han dado muy buenos resultados en los últimos dos años.
— Como fanática de Gimnasia y Esgrima, suponemos que el ascenso a Primera División fue una de las grandes noticias de la temporada, además de acuerdo Mercorus-Europa.
— ¡Sí, estamos muy felices! Lo vamos a disfrutar mucho. Para quienes amamos el fútbol y disfrutamos de esa pasión, es una gran ilusión para este año. Es interesante el tema, porque el fútbol también es un activo para la provincia.
-No me diga. ¿Aunque no jueguen Boca, River o la Selección?
— Totalmente. Lo hablaba con gente que viene a comprar productos y nos pregunta cuándo hay partidos de Primera. El fútbol argentino es un atractivo turístico y deportivo extra para la región. Por eso nos dolió tanto lo que le pasó a Godoy Cruz. Tener tres o cuatro equipos en Primera genera una movilidad económica y turística muy importante. En mi familia el fútbol es parte de la vida: mi sobrina, que se formó en Gimnasia, hoy juega en Europa y es parte de la Selección Argentina. La vida y el deporte dan revancha, así que esperemos que sea un gran año de crecimiento para todos.