“Me miraba en el espejo pensando que llevaba blanco en la nariz”: el desgarrador testimonio de un mendocino en recuperación
Juan Manuel probó la cocaína a los 20 años, cuando estaba en la facultad y estudiaba Escribanía, pero realmente se enganchó a los 23, cuando estaba con un grupo de amigos. Después vino el alcohol y años de mentiras y autodestrucción personal. De esta manera recuerda Juan Manuel, (nombre ficticio para ocultar su identidad) su …
Juan Manuel probó la cocaína a los 20 años, cuando estaba en la facultad y estudiaba Escribanía, pero realmente se enganchó a los 23, cuando estaba con un grupo de amigos. Después vino el alcohol y años de mentiras y autodestrucción personal. De esta manera recuerda Juan Manuel, (nombre ficticio para ocultar su identidad) su experiencia.
Hoy, Juan Manuel tiene 49 años, lleva más de 30 meses de abstinencia tras pasar por un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación por distintos centros en Buenos Aires y también en Mendoza.
La adicción a la cocaína, es una de las sustancias que más estragos está causando en la sociedad actual y mundial.
¿Qué ocurría en tu vida en ese momento?
La verdad, no me quería, no me valoraba, pensaba que la gente era mejor que yo. Yo creo que se empieza en la cocaína por diversión, porque decís ‘con esto, aguanto toda la noche y cualquier situación en mi vida’. Pero luego ya la cosa cambia. El alcohol a mí no me gustaba, mi consumo fue de cocaína y cannabis. Primero fumaba marihuana para relajarme.
¿Cómo fue el día en que probaste la cocaína?
Empecé un día cuando estaba de fiesta con mis amigos de los viernes. Me di cuenta de que con eso aguantaba toda la noche. De hecho, aguanté toda la noche de fiesta. Los que bebían estaban todos tirados por el suelo y por la mañana yo seguía bailando. Estaba de fiesta todo el día, fiestas electrónicas, ahí también probé muchas cosas. Consumía con jueces amigos que hoy no sé nada de ellos, pero de eso prefiero no hablar.
Pero el enganche yo creo que se dio cuando llevaba dos años en la facultad y trabajaba, ganaba un sueldo, había perdido a mi papá, y se me fue de las manos.
Y de consumir los fines de semana de fiesta se me fue de las manos y empecé a meterme coca todos los días. Y cuando se te va de la manos, se te va mucho la cabeza. Porque he hecho cosas de las que ya me he perdonado, porque lo importante en el tratamiento de rehabilitación es perdonarse, pero he hecho cosas a mi padre, a mi familia, a todos, cosas de las que estoy arrepentido.
Me miraba en el espejo cien veces por minuto pensando que llevaba un poco de blanco en la nariz.
¿Cuándo notaste que realmente se te iba de las manos?
Cuando me iba en el auto e iba directamente a comprar, aunque yo no quería hacerlo. Pero iba porque llega un momento que para toda persona adicta que ya no te sienta bien. Y sabiendo que no te va a sentar bien, vas a comprar igual. Entonces ya se te ha ido de las manos. Normalmente, una adicto piensa ‘yo la controlo’, pero no, no podés controlarla quizá al principio, pero cuando estás enganchado la que te controla es ella. Sabés que te hace mal y estás yendo a comprar. Una vez le pedí a una persona que no conocía que me llevara a comprar. Era un vecino y me llevó a un kiosco.
La cárcel de la adicción
¿Qué cosas has hecho para poder consumir de las cuales hoy te arrepentís?
Le robé joyas a mi madre y se las he vendido, perdí una casa. No sé si sabés, pero la cocaína es carísima. Y cada vez querés más. Y con mi sueldo no llegaba con todo, entonces le robé joyas, dinero. He llegado a pedir un anticipo en el trabajo para poder comprar cocaína. Incluso he llegado a llevarme el dinero de una caja en el trabajo. Son cosas de las que ahora me he perdonado. En mi experiencia llega un punto que ya no sos así, y te volvés paranoico total: sentía que todo el mundo me estaba mirando porque iba a saber que era adicto.
He perdido trabajos. He perdido una casa que compré, autos. He perdido muchas cosas, muchas…
Me miraba en el espejo cien veces por minuto pensando que llevaba un poco de blanco en la nariz. Y en el trabajo me afectaba muchísimo porque pensaba que la gente me lo notaba, no trabajaba bien, siempre estaba serio, estaba ruborizado, siempre en tensión. Y ahí dejé de estudiar.
Con la familia no quería estar, la evitaba mucho. Me he perdido toda la infancia de mis sobrinos, de tanta gente querida. He perdido trabajos. He perdido una casa que compré, autos. He perdido muchas cosas, muchas…
¿Qué sentías al día siguiente de consumir cocaína?
Al día siguiente, bueno… si es que podés dormir, empezás a evaluar, a pensar lo que te has gastado, lo que has hecho. Te sentís tan sumamente mal que es la excusa perfecta para volver a ir a comprar, claro. O sea, sentía ‘soy una mierda de persona’, y ese es el motivo perfecto para seguir haciéndolo.
Lo que vivís con la coca no es una vida, es una prisión.
Yo llegué a pensar en suicidarme, me puse un cuchillo en las venas, pero no, no pude. La gente dice ‘los que se suicidan son cobardes’. Yo no lo veo así, yo no tuve valor de cortarme las venas. Pero entonces pensé: ‘si me sigo drogando, me estoy matando poco a poco, con lo cual al final me voy a morir; es lo mismo que suicidarse’. Es un círculo muy vicioso.
¿Y cuándo fue el momento en que dijiste “basta, soy adicto”?
En realidad, he pasado por varios centros de rehabilitación en diferentes etapas y ya en el último… ahí fue cuando llegó mi momento. Porque yo creo que a las personas adictas les tiene que llegar su momento. Da igual que estés en 10 centros, hasta que no llegue tu momento, no te salís de esta mierda. He recuperado familia, hijos, sobrinos. Porque lo que vivís con la coca no es una vida, es una prisión. Sos prisionero de eso. Entonces, claro, da igual. Cuando ya estás tan enganchado, no querés tener ni amigos porque no querés compartir. Esa es la mierda de la adicción, te volvés huraño, solitario.
En una etapa empecé a ir a una psicóloga especialista en adicciones buenísima. Pero al final me di cuenta de que la engañaba: yo salía de las sesiones y me iba a consumir. Y un día, se lo dije, le dije: ‘Mirá, te estoy engañando. Entonces en ese momento me mandaron a otro centro.
Yo ya sabía que tenía un problema, ¡claro que lo sabía! Porque cuando sabés que no tenés vida, que lo has perdido todo, y aún así, seguís consumiendo, ya no lo hacés porque querés, lo hacés porque estás enfermo. La cocaína es muy psicológica, piensa que lo necesitás. Piensa que sin eso no sos persona y claro, yo ya me había dado cuenta de que tenía un problema muy grave.
Mi familia siempre estaba ahí. Mis hermanos quizá han sido más reticentes porque decían: ‘ya lleva tantos centros y sigue, por qué lo hace…’
La adicción te va a acompañar toda la vida porque estás enfermo.
El sufrimiento de la familia
La familia sufre muchísimo porque te está viendo que no sos feliz, que no estás bien. Yo me llegué a quedar en los huesos. Al principio no lo achacan a la droga; mi madre pensaba que tenía una depresión muy grande. Para ella fue un palo enorme enterarse que su hijo se estaba drogando. Pero siempre han estado ahí, a veces se han enojado también.
Creo que la familia debe estar ahí, porque esa persona está enferma. Hasta que no se da cuenta, no se da la oportunidad de vivir y de valorar que la vida sin eso es vida, hay que entenderla. Es una enfermedad como puede ser un cáncer, como el que tiene diabetes. La adicción te va a acompañar toda la vida porque estás enfermo. Desgraciadamente, en el momento que vuelvas a probar lo más mínimo te vas a volver a enganchar, porque a tu cerebro le gusta. Aunque tengas malos recuerdos, da igual.
“La adicción, una enfermedad crónica”
Por lo que has dicho antes, estás de acuerdo con la idea de que la adicción es una enfermedad crónica, que dura toda la vida y que debes mantenerla con terapias.
Totalmente. Yo lo comparo mucho con una diabetes: nunca te vas a curar, eso hay que tenerlo clarísimo. Podés estar abstinente, pero debés mantenerte. Hay que seguir en terapia grupal después del alta en el centro, hablar todos sobre lo que somos. A mí me pasa esto, a vos aquello… entonces, una idea de aquí, otra de allá, y así.
Un mensaje para la sociedad
Ojalá la gente no probara. Porque una vez que estás enganchado, eso te va a gustar siempre.