Mauricio Macri y Patricia Bullrich: los capitalizadores de las “desgracias” libertarias
En el cada vez más influyente ecosistema de las redes sociales, la centralidad política no siempre es sinónimo de fortaleza. Javier Milei sigue siendo, sin discusión, el dirigente que ordena la conversación pública en la Argentina, pero lo hace en un contexto cada vez más adverso en términos reputacionales. Mientras el Gobierno enfrenta turbulencias internas …
En el cada vez más influyente ecosistema de las redes sociales, la centralidad política no siempre es sinónimo de fortaleza. Javier Milei sigue siendo, sin discusión, el dirigente que ordena la conversación pública en la Argentina, pero lo hace en un contexto cada vez más adverso en términos reputacionales. Mientras el Gobierno enfrenta turbulencias internas y crecientes cuestionamientos, figuras como Mauricio Macri y Patricia Bullrich comienzan a mejorar su posicionamiento relativo, capitalizando el desgaste libertario.
Según el ranking anual de menciones en redes sociales elaborado por Monitor Digital, Milei acumula 32.964.000 menciones en el último año, muy por encima de Cristina Fernández de Kirchner (10.255.600) y del resto de los dirigentes. Esa supremacía lo consolida como el actor central del debate político digital desde antes de su llegada a la Casa Rosada en diciembre de 2023.
Sin embargo, el problema para el Presidente no está en la cantidad de menciones, sino en su calidad. Milei domina el volumen, pero pierde control sobre el sentido de la conversación. El crecimiento del sentimiento negativo lo ubica en una zona de deterioro reputacional que se profundiza en paralelo a la crisis interna de La Libertad Avanza.
Adorni, de vocero a factor de desgaste
En ese contexto, emerge con fuerza la figura de Manuel Adorni, que suma 5.781.000 menciones y se posiciona como el tercer dirigente más mencionado del país. Pero lejos de reflejar una consolidación política, ese crecimiento responde a la exposición generada por cuestionamientos patrimoniales y controversias que impactan en la credibilidad oficialista.
Adorni deja de ser únicamente el vocero o jefe de Gabinete para transformarse en un vector de desgaste. Su protagonismo digital no desplaza a Milei, pero sí arrastra parte del costo reputacional hacia la figura presidencial, alimentando dudas sobre el “diferencial moral” que el oficialismo reivindicaba.
Centralidad con costo
A nivel de identidades partidarias, La Libertad Avanza concentra el 65,8% de la conversación digital, frente al 28,3% del PJ/K y apenas 5,9% del Pro. El oficialismo mantiene así una amplia hegemonía en el sistema digital, aunque esa centralidad comienza a funcionar más como exposición al daño que como ventaja política.
El peronismo, si bien conserva volumen, no logra capitalizar plenamente la crisis libertaria. En tanto, el Pro aparece con menor presencia, pero con dirigentes mejor posicionados en términos de sentimiento.
Un sistema político en clave negativa
El análisis del sentimiento en redes de Monitor Digital dibuja un panorama preocupante para toda la dirigencia: ningún actor relevante logra ubicarse en terreno positivo o siquiera neutral.
En ese contexto generalizado de rechazo, Mauricio Macri (-69 puntos NSR) y Patricia Bullrich (-71) aparecen relativamente mejor posicionados. Recién después se ubica Javier Milei (-76), seguido por Cristina Kirchner (-77) y Manuel Adorni (-80). Más relegados quedan Axel Kicillof (-84), Sergio Massa (-88) y otros dirigentes.
La lectura es clara: Macri y Bullrich no crecen necesariamente por mérito propio, sino porque el núcleo libertario y el peronismo acumulan un mayor desgaste. Sin embargo, esa ventaja relativa aún no se traduce en liderazgo en volumen de conversación.
Desgaste sin transferencia
La erosión del oficialismo tampoco deriva automáticamente en una consolidación opositora. Cristina Kirchner continúa siendo la segunda dirigente más mencionada, pero con un nivel de negatividad elevado. Axel Kicillof, por su parte, sostiene presencia, aunque con indicadores de rechazo incluso peores que los del propio Milei en algunos tramos.
Esto sugiere que el malestar social y digital no encuentra todavía una canalización política clara. La crisis libertaria debilita al Gobierno, pero no construye una alternativa emocionalmente atractiva en el ecosistema digital.
Instagram: seguidores, pero no necesariamente apoyo
El análisis también pone el foco en Instagram como plataforma para medir el vínculo entre dirigentes y audiencias propias. Allí, la dinámica muestra otra cara del fenómeno.
Tanto Milei como Adorni evidencian una desaceleración —e incluso caídas— en la captación de nuevos seguidores hacia marzo y abril de 2026. En contraste, Kicillof presenta una leve mejora relativa, aunque insuficiente para revertir su mala valoración general.
El dato refuerza una idea clave: en contextos de crisis, el crecimiento en visibilidad o seguidores no implica necesariamente adhesión. Muchas veces responde al interés generado por el conflicto.
Engagement: otra disputa
En términos de interacción con sus seguidores, Kicillof lidera la tasa de engagement, seguido por Mauricio Macri, que logra posicionarse por encima de Milei, Adorni y Cristina Kirchner.
Aquí se manifiesta otra disociación relevante: el dominio de la conversación abierta no coincide con la fortaleza en la construcción de comunidad. Milei lidera el ruido, pero no todos los indicadores de vínculo con su base.
Capitalizar el desgaste
En definitiva, el escenario digital actual muestra a un oficialismo que conserva centralidad, pero bajo condiciones cada vez más adversas. La exposición permanente amplifica los costos de cada conflicto interno y erosiona su reputación.
En ese marco, Macri y Bullrich logran moverse con mayor comodidad relativa. No dominan la conversación, pero quedan menos afectados por la negatividad general, lo que les permite capitalizar —al menos parcialmente— las “desgracias” libertarias.
Por ahora, esa mejora no alcanza para redefinir el mapa de poder en redes. Pero sí marca una tendencia: en un sistema político donde todos pierden imagen, el que cae menos empieza a ganar terreno.