Cornejo ya cerró la Maternidad del hospital Saporiti, pero la herida sigue abierta
La calma habitual de Rivadavia se ha visto fracturada por una decisión administrativa que toca la fibra más sensible de la comunidad: el cierre definitivo del servicio de Maternidad del hospital Carlos Saporiti. Aunque las puertas de la sala de partos ya están “selladas”, la polémica lejos de disiparse, ha cobrado una fuerza inusitada en …
La calma habitual de Rivadavia se ha visto fracturada por una decisión administrativa que toca la fibra más sensible de la comunidad: el cierre definitivo del servicio de Maternidad del hospital Carlos Saporiti. Aunque las puertas de la sala de partos ya están “selladas”, la polémica lejos de disiparse, ha cobrado una fuerza inusitada en las últimas horas tras conocerse una denuncia de un religioso y “influencer” de la sociedad rivadaviense, quien alerta sobre la situación de las pacientes que están siendo derivadas.
El malestar social escaló en plena Semana Santa a niveles críticos luego de que el sacerdote Alberto Daniel Caballero, párroco de la iglesia San Isidro Labrador, utilizara sus redes sociales para lanzar una denuncia que pone en jaque la logística de salud regional.
Según el posteo del “Padre Dany” en Facebook, la falta de ambulancias obligó a que dos mujeres embarazadas, en pleno proceso de urgencia, tuvieran que ser trasladadas hacia el hospital Ítalo Perrupato de San Martín en una unidad tipo Trafic, vehículo que no cuenta con el equipamiento médico necesario para tales emergencias.
La gravedad del relato no termina allí, ya que el religioso aseguró que, al arribar al centro asistencial de destino, las pacientes se encontraron con una realidad que no esperaban: les informaron que no había camas disponibles para atenderlas. Este episodio ha encendido las alarmas sobre la desprotección a la que quedan expuestas las familias del Este mendocino frente a una reestructuración que muchos consideran apresurada y carente de sensibilidad social.
Diario Mendoza Today no pudo confirmar la denuncia pública del Padre Dany ni obtuvo documentación que la respaldara. Pero lo cierto es que los servicios de Maternidad y de Neonatología del hospital Perrupato han incrementado notablemente su demanda, debido a la crisis generalizada y creciente de la salud en la provincia, que presiona cada vez más sobre los nosocomios, centros de atención primaria y otros prestadores del área pública.
La Maternidad del Perrupato no sólo atiende a mamás de San Martín y Palmira, sino también de Junín, Santa Rosa, La Paz, Lavalle e incluso de un sector limítrofe de Maipú. Este panorama describe a las claras el esfuerzo médico, humano y de recursos al cual ya es sometido el principal hospital de la zona Este. El cierre del servicio en Rivadavia, es estima, lo recargará aun más.
El hospital Saporiti y el peso de la historia
En medio del conflicto, el personal médico ha roto más de una vez el silencio para defender una trayectoria de décadas de servicio de excelencia. El doctor Plubio Sánchez, jefe del ahora extinto servicio de Maternidad del hospital Saporiti, expresó su profundo dolor y orgullo profesional en declaraciones a radio Mega, que fueron recogidas días atrás por Mendoza Today.
Con la contundencia de las estadísticas a su favor, Sánchez destacó un dato que resuena como un reproche hacia la gestión política: en 20 años de labor ininterrumpida, “no se nos murió ningún niño” dentro de su unidad. Esta afirmación no solo subraya la calidad del equipo humano que ha sido desplazado, sino que también cuestiona la lógica oficial que fundamenta el cierre en criterios de eficiencia y seguridad sanitaria.
El Gobierno provincial, por su parte, ha justificado esta drástica medida argumentando la necesidad de concentrar los nacimientos en centros de mayor complejidad, alegando que los hospitales con bajo número de partos anuales no garantizan la práctica necesaria para el personal o no cumplen con las normativas de “Maternidades Seguras”. Sin embargo, para los habitantes de Rivadavia, esta explicación técnica suena a abandono estatal y centralismo.
En los consultorios de la zona, más de un médico aporta su ciencia, saber y su contacto real con los pacientes (y no desde las cómodas oficinas del Barrio Cívico). Y tampoco están de acuerdo con la decisión, considerando que antes de cerrar habían diferentes alternativas para mejorar la situación y racionalizar los costos y alcanzar un servicio adaptado a las necesidades del contribuyente rivadaviense.
La nostalgia y el sentido de pertenencia también se manifestaron hace unas semanas a través de otro cura, el padre Leo Di Carlo, párraco de San Pedro y San Pablo (en San Martin), quien en una sentida publicación de Facebook aportó el costado más humano y biográfico de la crisis.
Di Carlo recordó que él mismo nació entre las paredes del hospital Saporiti y que su madre dedicó 30 años de su vida trabajando en dicha institución, personificando el vínculo indisoluble que el nosocomio mantiene con la identidad del departamento.
Mientras tanto, las autoridades locales se encuentran bajo una presión creciente, intentando mediar en un conflicto donde la fe, la medicina y la política se han cruzado de forma explosiva. Aunque la decisión es ya irreversible, la comunidad no parece dispuesta a aceptar que el derecho a nacer en el propio departamento sea canjeado por traslados riesgosos y esperas inciertas en pasillos de hospitales vecinos que ya muestran signos de saturación.
La controversia sigue viva, alimentada por cada testimonio de vecinos que ven cómo una parte vital de su infraestructura pública se desvanece por decisiones tomadas en escritorios alejados de la realidad territorial de Rivadavia.