La política divorciada de la sociedad: ¿Puede un funcionario mendocino sufrir la “mala suerte” de Sergio Berni?
Este lunes se pudieron observar imágenes surreales, de un grupo de colectiveros dispuestos a golpear con saña al ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, acaso por un reclamo justo: seguridad. Es evidente que la forma de reclamar no fue la correcta, eso no cabe duda, pero fue el hartazgo de …
Este lunes se pudieron observar imágenes surreales, de un grupo de colectiveros dispuestos a golpear con saña al ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, acaso por un reclamo justo: seguridad.
Es evidente que la forma de reclamar no fue la correcta, eso no cabe duda, pero fue el hartazgo de la sociedad, la furia, la rabia, la bronca de ver a la política midiendo egos, buscando cargos y acomodándose a los tiempos electorales.
La sociedad no reclama nada del otro mundo, apenas algo de empatía de parte de aquellos que se encuentran en funciones, porque es el ciudadano de a pie el que sufre la inseguridad todos los días, en el medio de tantos otros problemas, como la inflación, que tiene como origen la ineptitud y la corrupción de la dirigencia política.
Lo sucedido en Lomas del Mirador, partido de la Matanza, en la provincia de Buenos Aires, no es un hecho aislado, es la demostración de que la ciudadanía no da más y dice “basta”. Porque se han visto beneficiados los delincuentes en muchos aspectos y sobre todo mientras transcurría el aislamiento dispuesto por la pandemia del coronavirus.
Es la bronca de tener que escuchar que con total impunidad, el ministro de Seguridad de la Nación, Anibal Fernández, asegurando que el narcotráfico ganó en Rosario, o que el titular de la misma cartera de CABA, Marcelo D’Alessandro, debió renunciar en el medio del escándalo por el viaje a Lago Escondido con sus aceitados vínculos judiciales.
Pero… ¿y en Mendoza? Mendoza no es la excepción a la desatención de la política sobre la realidad. Ello queda expuesto en los proyectos que se votan en la Legislatura, en las internas políticas y en el constante flagelo al que se ve sumido la población provincial en relación a la inseguridad.
Mientas Alfredo Cornejo se pasea por los canales de televisión intentando imponerse, mientras Omar De Marchi juega tratando de ganarse la gobernación por fuera de Cambia Mendoza, mientras el peronismo busca opciones para sobresalir en la provincia, mientras se arman interminables listas de precandidatos en las municipalidades, lo único que quiere la gente es seguridad, salud y salarios dignos.
Porque es sabido que en Mendoza la plata se gasta en cualquier trivialidad menos en lo que es realmente importante, que un proyecto importante que prevé que las personas que hagan compras a través de redes sociales tengan un lugar seguro para juntarse, pero que por “celosías politicas” quedó trabado en Diputados, cuando es sabido que los engaños existen y los supuestos vendedores en muchos casos son ladrones y hasta asesinos.
Porque es así, todo funciona mal en la provincia de Mendoza, pero aun así la política está en la pavada, mientras la pobreza y la inseguridad crecen aceleradamente, mientras la población pasa necesidades de las más básicas y muchas veces hay personas que no pueden acceder a algo tan simple como una red de agua potable.
No es que uno lo desee, para nada, pero la pregunta vale en estos tiempos de hartazgo social: ¿Cuánto falta para que los políticos de la provincia sufran lo que padeció Berni el lunes? Porque la gente está cansada y asqueada.
No es poco probable que algo de esa magnitud pueda suceder en Mendoza, de hecho, los últimos días de diciembre del 2020, luego del asesinato de Florencia Romano, la Legislatura quedó envuelta en llamas. También sufrieron destrozos la Casa de Gobierno y el palacio judicial.
Y si se hace mención al ministro de Seguridad de la provincia, probablemente se esté hablando de uno de los peores funcionarios provinciales, porque, como ya ha remarcado diario Mendoza Today, la gestión de Raúl Levrino es deplorable.
Solo resta preguntar si, después de lo sucedido con Berni en Buenos Aires, ¿el Gobierno mendocino abrirá los ojos o seguirá descansando en el profundo letargo de las comodidades y los privilegios?
“No hay mal que por bien no venga”, dice un refrán del saber popular y, ojalá, el Gobierno, la justicia y los legisladores provinciales, como así las estructuras gubernamentales de los municipios, se den cuenta, más temprano que tarde, que cualquiera puede ser Berni en cualquier momento.