La impensada alianza universitaria que golpea al oficialismo de la UNCuyo
En la política universitaria de la Universidad Nacional de Cuyo empieza a tomar forma uno de los escenarios menos esperados de los últimos años. En la Facultad de Ciencias Económicas, el oficialismo que responde a Esther Sánchez y a su socio político, el actual decano Miguel González Gaviola, enfrenta una jugada que no estaba en …
En la política universitaria de la Universidad Nacional de Cuyo empieza a tomar forma uno de los escenarios menos esperados de los últimos años. En la Facultad de Ciencias Económicas, el oficialismo que responde a Esther Sánchez y a su socio político, el actual decano Miguel González Gaviola, enfrenta una jugada que no estaba en sus cálculos: una alianza estudiantil entre sectores históricamente enfrentados que puede abrir la puerta a un cambio de ciclo.
El dato no es menor. Después de años de administración cerrada, acuerdos internos y control político de la unidad académica, el sector oficialista aparece hoy más preocupado por conservar su último refugio que por ofrecer una propuesta renovadora. La gestión de González Gaviola llega a esta etapa con signos evidentes de desgaste. Lo que antes podía mostrarse como estabilidad institucional, hoy empieza a ser leído por distintos sectores como inmovilismo, falta de apertura y agotamiento de un modelo de conducción que ya no entusiasma.
El contexto general también pesa. Esther Sánchez, luego de las insistentes negociaciones alrededor de su continuidad en el rectorado, parece replegarse hacia su base política natural: Ciencias Económicas. Allí, junto con González Gaviola, busca mantener influencia y evitar que una derrota en la facultad termine de confirmar el retroceso del oficialismo universitario. Pero esa estrategia, que parecía destinada a garantizar continuidad, acaba de recibir un golpe desde un lugar impensado.
Durante los últimos años, la política de la facultad se sostuvo sobre pactos, equilibrios internos y acuerdos entre sectores que buscaban evitar una confrontación abierta. Sin embargo, ese esquema empezó a mostrar límites. El paso del tiempo fue acumulando malestar. Docentes, graduados, estudiantes y no docentes comenzaron a percibir que la conducción actual ya no representa una etapa de crecimiento, sino una administración que se quedó sin impulso. Una gestión más ocupada en sostener poder interno que en proyectar una facultad moderna, conectada con el mundo profesional, empresarial y productivo.
En ese escenario aparece Marcelo Pieralisi, contador público, profesor titular efectivo por concurso de la cátedra de Auditoría de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCuyo, con trayectoria académica, profesional y empresarial. Su perfil no responde al típico candidato surgido de la rosca universitaria. Viene del mundo de la auditoría, de la práctica profesional y de espacios de vinculación empresaria como ACDE Mendoza, ámbito en el que ha tenido una participación activa.
Pieralisi no representa solamente un nombre alternativo. Representa, sobre todo, la posibilidad de romper con una lógica de administración universitaria encerrada sobre sí misma. Frente a una conducción oficialista que parece haber perdido iniciativa, su candidatura empieza a ordenar voluntades que hasta hace poco parecían incompatibles.
El hecho político más fuerte es la alianza que se gestó alrededor de su figura. Franja Morada, la histórica agrupación estudiantil vinculada al radicalismo universitario, y UPAU, una de las viejas agrupaciones liberales que vuelve a cobrar protagonismo en el nuevo clima político nacional, decidieron apoyar al mismo candidato a decano. La foto política es contundente: dos sectores que vienen de competir duramente y que en las últimas elecciones institucionales terminaron empatados 50 a 50, ahora encuentran un punto de coincidencia.
Ese punto de coincidencia tiene nombre y apellido: Marcelo Pieralisi.
No se trata de un acuerdo menor ni de una simple maniobra táctica. La unión de Franja Morada y UPAU expresa que el rechazo al continuismo de González Gaviola empieza a superar las diferencias ideológicas tradicionales. En otras palabras, sectores que piensan distinto sobre muchos temas encontraron una prioridad común: cambiar la conducción de Ciencias Económicas.
La señal es incómoda para el oficialismo. González Gaviola ya no enfrenta solamente a un candidato opositor, sino a una sensación extendida de fin de ciclo. Su gestión carga con el desgaste propio de los años, pero también con la falta de una propuesta convincente hacia adelante. Puede intentar presentar continuidad como experiencia, pero una parte creciente de la comunidad académica empieza a verla como estancamiento.
El dato electoral también es clave. El claustro estudiantil representa el 25% de la elección ponderada. Si UPAU y Franja Morada sostienen ese acuerdo y trasladan su peso institucional detrás de Pieralisi, el candidato opositor parte desde una posición muy competitiva. En términos simples: con el respaldo estudiantil consolidado, deberá ir a buscar los puntos restantes entre docentes, graduados y no docentes para alcanzar la mayoría necesaria y sentarse en la silla del decanato.
La novedad no está solo en los números. Está en el origen del movimiento. En una facultad acostumbrada a que las decisiones se ordenen desde arriba, esta vez el impulso parece venir desde el claustro estudiantil. Fueron los estudiantes quienes salieron a buscar una alternativa, quienes promovieron el armado y quienes empezaron a empujar a otros sectores a competir. Eso altera la lógica tradicional de la facultad y deja al oficialismo en una posición defensiva.
Pieralisi, por el contrario, aparece como una figura capaz de ordenar una transición hacia una facultad más abierta, más profesionalizada y más vinculada con la realidad económica actual. Su pertenencia al ámbito académico le permite conocer la institución desde adentro. Pero su recorrido profesional y su participación en espacios empresariales le aportan una mirada distinta, menos dependiente de la lógica interna universitaria y más conectada con los desafíos concretos de los contadores, las empresas, los emprendedores y el sector productivo.
Ese contraste puede ser determinante. Mientras González Gaviola expresa la continuidad de una estructura que empieza a mostrar cansancio, Pieralisi aparece asociado a una idea de renovación ordenada, con perfil técnico y capacidad de diálogo con sectores diversos. No es un outsider absoluto, porque conoce la facultad. Pero tampoco es un dirigente encerrado en la política universitaria tradicional. Esa combinación explica por qué su candidatura empieza a generar volumen político.
La elección en Ciencias Económicas, entonces, dejó de ser un trámite interno del oficialismo. Lo que parecía una disputa controlada se transformó en una contienda abierta, con final incierto y con impacto directo sobre el mapa político de la Universidad Nacional de Cuyo. Si Pieralisi logra consolidar el apoyo estudiantil y sumar adhesiones en los demás claustros, podría desplazar al sector de Esther Sánchez de uno de sus espacios históricos de poder.
La alianza entre Franja Morada y UPAU sorprende por sus protagonistas, pero sobre todo por lo que revela. Cuando una gestión pierde capacidad de representar, hasta los adversarios tradicionales pueden encontrar razones para caminar juntos. En Ciencias Económicas, ese mensaje ya empezó a circular. Y para Miguel González Gaviola y el oficialismo universitario, la señal no podría ser más incómoda.