La desidia y decadencia de un gobierno provincial
Se entiende que la decadencia es el proceso de deterioro, de ir a menos, mientras que la desidia refleja la falta de cuidado, interés o disposición para actuar. Estos conceptos parecen definir con acierto al actual gobierno de Alfredo, especialmente a la Dirección Provincial de Vialidad (DPV) y su renovado tridente compuesto por Casado, Romagnoli …
Se entiende que la decadencia es el proceso de deterioro, de ir a menos, mientras que la desidia refleja la falta de cuidado, interés o disposición para actuar. Estos conceptos parecen definir con acierto al actual gobierno de Alfredo, especialmente a la Dirección Provincial de Vialidad (DPV) y su renovado tridente compuesto por Casado, Romagnoli y Vignolo. La decadencia y la desidia provincial, parecen haber llegado para quedarse en Malargüe como una constante que consume lo poco que queda de la red vial.
Desde 2015, hemos presenciado cómo la red vial provincial de nuestro departamento se degrada de manera continua, con cada vez menos atención y mantenimiento. La situación ya trasciende lo político y se transforma en un claro abandono. Transformado en un doloroso desprecio que los habitantes de Malargüe, en especial los de las zonas rural, no merecen padecer. Esta desidia y desatención maltrata injustamente a un pueblo que solo pide lo mínimo: infraestructura vial transitable.
Las obras prometidas nunca comienzan o permanecen eternamente inconclusas. El gobierno encabezado por Cornejo se jacta constantemente del concepto de sostenibilidad, pero lo único sostenible aquí parece ser el desacierto. La red vial es insostenible, arrastrada y quebrada por la misma desidia y decadencia de quienes están llamados a mantenerla.
Malargüe, como siempre, es humillada en su naturaleza más profunda, termina siendo ignorada por los juegos de poder y los caprichos de una política centralista, solo preocupada por sus intereses.
El dilema entre ser o no ser encuentra su encrucijada aquí y me pregunto, ¿cómo salir del olvido organizado y permanente en el que nos aplasta un centralismo egoísta? Un centralismo que especula solo en tonificar los padrones urbanos para perpetuar a quienes detentan el poder, ya sea en persona o mediante figuras manipuladas, como ocurrió con Suarez.
La política se ha transformado en un ambiente incapaz y ordinario donde los titulares estridentes, sustituyen las soluciones reales. Esos titulares añoran lo que antes eran ríos de tinta en la prensa escrita: “Abrirán un nuevo camino entre las montañas que desembocará en un paso a Chile poco transitado.” Dicen los anuncios oficialistas, Vialidad Mendoza planea conectar Valle Hermoso con Valle Noble. Reconozcamos, detrás de ese relato se oculta una realidad distinta: el trayecto está más relacionado con los nuevos proyectos mineros que con soluciones para el departamento. Es aquí donde surge la posverdad como principal herramienta del gobierno provincial.
La vicegobernadora Hebe Casado presentó estos anuncios como “una gran noticia para el sur provincial.” Debemos preguntarnos ¿Si Realmente lo es? La declaración tiene un aire más bien a una sutileza intencionada o una posmentira. Es inevitable recordar el concepto de posverdad, definido por la Real Academia Española como: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y actitudes sociales.”
En este contexto, Malargüe sigue siendo víctima de promesas vacías de contenido, y se hunden en el desinterés y la destrucción. La comunidad merece mucho más que palabras rimbombantes o estrategias manipuladoras. Somos merecedores de más justicia, interés legítimo y presencia oficial.
Doña Hebe, cuyo último resquicio de poder político radica en su puesto como vicegobernadora y la influencia que ejerce, sobre los contratos manejados por sus seguidores de dudosa reputación en el Senado. Este enfoque inicial no es casual. Malargüe, con apenas 74 años de historia y a cuatro décadas del retorno de la democracia, ha sido testigo de episodios profundamente desalentadores.
Comencemos con lo que pudo ser la obra del siglo y que nunca fue: “Portezuelo del Viento y el Trasvase del rio Grande al Atuel”. Una megainfraestructura que prometía impactar en los próximos 100 años en Mendoza y cuya negación, liderada por Cornejo, dejó a la provincia sin esta oportunidad histórica. Los argumentos que se esgrimen son más bien excusas capciosas, indiferentes a la necesidad de progreso.
A esto se suma la desidia manifestada con la obra de cloacas, ahora paralizada, que en su momento fue adjudicada a una empresa con supuestos vínculos estrechos con el gobierno provincial. Incluso, los inspectores de AYSAM fueron apartados del proyecto tras señalar, con rigor técnico, en los informes, supuestas irregularidades. Un ejemplo evidente de cómo los intereses políticos prevalecen sobre las necesidades ciudadanas.
La Ruta 186, que conecta al Parque Científico Espacial Malargüe DS3, es otra muestra de la desidia estatal. Su lamentable estado amenaza futuras inversiones en el parque y pone en duda el atractivo de Malargüe como polo científico. ¿Será que los inversores ya están buscando nuevas alternativas? ¿Chile, quizá? Todo esto debido al incumplimiento del gobierno provincial que, en 2015, se comprometió a pavimentar este tramo.
Por si fuera poco, otros caminos fundamentales como a La Escondida, Pata Mora y Las Lajas perduran desatendidas. Ni hablar del Centro de Interpretación de Payunia, cuyo estado es mejor no objetar y nos evitamos una frustración más. “Mendoza avanza con la ejecución y mantenimiento de caminos productivos en el Sur”, aseguran desde las altas esferas provinciales, pero la realidad choca dolorosamente con estas afirmaciones.
Vivimos rodeados de un ambiente donde las mentiras se han convertido en moneda corriente, acostumbrándonos a convivir con ellas como si fueran parte habitual de nuestros días.
Los malargüinos queremos y necesitamos la verdad. Verdades completas y sin adornos; ya sea verdadera o falsa. Con el tiempo hemos aprendido que incluso las verdades incómodas son preferibles a vivir atrapados en una red de medias verdades. Proyectos como “Portezuelo del Viento, El Trasvase” o el Camino del Carqueque (de este último nos ocuparemos en otra ocasión) son ejemplos contundentes de lo lejos que quedan las promesas incumplidas.
En definitiva, Malargüe nos ha enseñado una lección invaluable: “En este mundo traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el cristal con que se mira.”