John Bonica, el hombre que más dolor soportó en la historia sólo para ayudar a otros
Pocos lo saben, pero casi todo lo que se conoce respecto al dolor físico fue impulsado y descubierto hace no mucho tiempo por un competidor de lucha libre que murió debido a la cantidad de lesiones que tenía en su cuerpo. Giovanni Giuseppe (John) Bonica nació en Sicilia, en 1917 y emigró junto a sus …
Pocos lo saben, pero casi todo lo que se conoce respecto al dolor físico fue impulsado y descubierto hace no mucho tiempo por un competidor de lucha libre que murió debido a la cantidad de lesiones que tenía en su cuerpo.
Giovanni Giuseppe (John) Bonica nació en Sicilia, en 1917 y emigró junto a sus padres y hermanos hacia Brooklyn, en 1927, buscando una mejor vida. A los pocos años de instalarse en los Estados Unidos, el padre de John murió, por lo que tuvo que salir a ganarse el sustento tanto para su familia como para él, que jamás desistió de su sueño de continuar sus estudios secundarios y seguir medicina.
Para ello, comenzó a trabajar en el circo como luchador y a inscribirse en pequeños torneos de lucha libre. Él, así como los demás, descubrieron que era bastante bueno y no tardó en convertirse en un verdadero profesional de la lucha; hasta se puso un seudónimo, Johnny “El Toro” Walker, y logró ser campeón mundial de peso pesado. Hoy figura en el Paseo de la Fama de Lucha Profesional.
Finalmente, John Bonica logró estudiar la carrera de sus sueños, alternando la lucha libre con los libros de medicina y acudiendo a las clases y prácticas totalmente moreteado, quebrado y con intenso dolor en su cuerpo, pero sin revelar su identidad oculta de luchador, totalmente contrapuesta con la de estudiante.
En 1944, y con solo 27 años, le asignaron a John el hospital donde estaban internados la mayoría de los soldados evacuados de la guerra mundial. Allí pudo ver con sus propios ojos el enorme dolor que padecían sus pacientes, y cómo no había nadie estudiando ese costado, más allá de sanar las heridas. De hecho, en el momento en que quiso saber más sobre el tema, se percató que de todo el material escrito sobre medicina en su facultad, solo había 17 páginas relacionadas al tratamiento del dolor. Incluso ver el enorme sufrimiento con el que su esposa Emma traía a su hija al mundo, y el despiste de los enfermeros, lo motivó, años más tarde, a desarrollar la anestesia epidural.
Ver esa realidad y su propia experiencia (participó en más de 1.500 luchas, fue operado decenas de veces y su cadera remplazada en múltiples ocasiones) hizo que en ese momento decidiera fundar la primera Unidad de Dolor, un espacio que años más tarde estaría en casi todos los hospitales del mundo, con la intención de brindar una mejor atención a los pacientes heridos de guerra. Para ello armó un equipo multidisciplinario de colegas, entre los que había neurólogos, neurocirujanos, traumatólogos y hasta psiquiatras. Fue la primera vez que alguien puso atención especial a lo que él llamó “la experiencia más compleja que puede atravesar un ser humano”.
De ese conocimiento escribió el primer gran tratado sobre el dolor, denominado “La Biblia del dolor”, en 1953, libro de cabecera de aquellos que tratan esa problemática y hoy un clásico en el campo. John Bonica fue el primero en hablar de dolor crónico, dolores fantasma (que veía en los amputados por la guerra) y fue pionero en desarrollar inyecciones que bloquean los nervios que transmiten el dolor. También logró revelar el rol significativo que el estrés y la depresión tienen en el dolor físico. Un verdadero avance de la ciencia, a fuerza de sufrimiento.
Sus propios estudiantes, que luego se convirtieron en sus médicos, aseguraron que Bonica debe ser la persona que más inyecciones bloqueadoras de nervios del dolor recibió en el mundo.
John Bonica logró calmar el dolor de millones de personas porque siendo que él mismo lo padecía, podía lograr empatía al notar que otro lo sentía también, algo que absolutamente nadie había hecho antes, y el mundo apenas conoce sobre él.