Estuvo preso en San Felipe por recuperar su bici y hoy maneja un Uber: “La cárcel no te prepara para volver”
La cárcel es un espacio desconocido para la gran mayoría de la población, lleno de estereotipos que nos dan imágenes preconcebidas, fundamentalmente basadas en las películas. Tenemos muy poca información sobre cómo son, cómo se vive, qué se puede hacer. La Mendoza oscura: superpoblación en las cárceles, hacinados y durmiendo en el piso Día tras …
La cárcel es un espacio desconocido para la gran mayoría de la población, lleno de estereotipos que nos dan imágenes preconcebidas, fundamentalmente basadas en las películas. Tenemos muy poca información sobre cómo son, cómo se vive, qué se puede hacer.
La Mendoza oscura: superpoblación en las cárceles, hacinados y durmiendo en el piso
Día tras día, año tras año, sin tener un espacio propio, sin poder elegir con quién estar, qué comer ni adónde ir. Hay amenazas y sospechas por todas partes. El amor o incluso un toque humano tierno pueden ser difíciles de encontrar. Separado de tu familia y amigos. Viviendo en un lugar oscuro, incierto, con gente desconocida y sin saber qué pasará mañana. Ahh, pero “comés gratis” y “ves televisión sin pagar nada”, grita la tía Pocha, que no sabe realmente lo que es vivir entre cuatro paredes.
¿Cuánto vale una segunda oportunidad? En el amor, en la vida o en el trabajo. Salir en libertad después de haber estado preso en la Argentina significa tener una marca, una mancha complicada de borrar, y más cuando la misma sociedad es la encargada de juzgar. La reinserción social se hace difícil y conseguir trabajo es más complejo, sobre todo para alguien con antecedentes.
El caso de “Lucas”
Lucas es el nombre por el que llamaremos a esta persona quien estuvo privada de su libertad en Mendoza, y quien decidió atender el teléfono para hablar con Mendoza Today.
Lucas, tiene 37 años, tiene carnet profesional y hoy trabaja como chofer de Uber. Estuvo privado de libertad por portación de arma ilegal de guerra y como consecuencia de ir a recuperar una bicicleta que le habían robado, según él cuenta, cansado de vivir esa situación. “Hice algo que no debía hacer pero estaba cansado, hice justicia por mano propia. Me agarraron y caí preso”, cuenta.
Y agrega: “Estuve en San Felipe encerrado. Vivir encerrado es el día a día. Te apoyas mucho en los compañeros de celdas, que a veces éramos 8 en una misma. A las 8 de la mañana te abren la puerta y salís al patio y las 8 de la noche entras de nuevo a la celda”.
“Te haces compañeros y son los que te animan ahí adentro. Son los que te dicen, “dale, tenés que estar bien que ya te queda poco’. “Esa fue mi experiencia, mi familia fue un apoyo fundamental para mantenerme bien, junto a mis abogados”, recuerda Lucas
Y remarca que “adentro no hacés amigos, pero sí creás un grupo para que te cuide cuando estás ahí, haces un vínculo, fuerte pero no llegan a hacer amigos. Son personas que ante una situación van a responder por vos”.
La incertidumbre del día después
El día después de salir es difícil, volver a caminar por la calle, pagar el alquiler o tener una tarjeta de débito son acciones que para muchos pasan desapercibidas, pero para él representan logros, señales de inclusión y de que está logrando rencauzar su vida.
“Hay gente que es ‘juez’ antes de conocer lo que es estar ahí adentro. En mi opinión, estar encerrado no te ayuda a reinsertarte, porque las personas te miran diferente cuando saben que estuviste preso”, considera Lucas.
Sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, no esquiva la pregunta más dura: la de volver sobre sus pasos y enfrentarse al pasado. “Hoy si tuviese que llevar un arma , lo haría, pero en regla, con papeles, sin perjudicar a nadie”.