El último adiós a Francisco, el primer Papa latinoamericano de la historia
Más de 400.000 personas despidieron al Papa Francisco con un funeral que se convierte en una oda a la paz ante los líderes mundiales Francisco quiso ser enterrado fuera del Vaticano en un intento de normalizar el rito. Su última vuelta a través de Roma clausura un sepelio extraordinario dentro de la historia papal. Durante …
Más de 400.000 personas despidieron al Papa Francisco con un funeral que se convierte en una oda a la paz ante los líderes mundiales
Francisco quiso ser enterrado fuera del Vaticano en un intento de normalizar el rito. Su última vuelta a través de Roma clausura un sepelio extraordinario dentro de la historia papal.
Durante días, miles de personas se han hecho cola durante horas para ver el rostro del papa Francisco una última vez antes de darle sagrada sepultura. Fueron 12 años de papado donde Francisco dejo un legado que le recordará como uno de los Papas más modernos, e incluso para algunos, transgresor, que ha existido en la historia de la Iglesia.
Personas sin hogar, migrantes, prostitutas y trans, en el adiós a Francisco: “El Papa nos acogió con el corazón. Acariciando nuestras heridas”. Los colectivos más desfavorecidos participaron en el funera, afirmando: “Fue un revolucionario, siempre luchó por los últimos, por los débiles invisibles”.
Francisco siempre fue sencillo, en vida se despojó de sus lujos para continuar viviendo como lo hacía un verdadero jesuita, renunció al salario que por su trabajo le correspondía, a su trono y sus joyas y, lo cierto es que tras su muerte no sería diferente.
El Papa encargó un funeral a su estilo, cambiando incluso ritos fúnebres que llevaban siglos en el protocolo vaticano, como el de ser enterrado en tres ataúdes.
Esto sucede después de 12 años de pontificado del papa Francisco, que se caracterizó por revolucionar la doctrina social de la iglesia con un pensamiento político, económico y social revolucionario, que denunció el neoliberalismo como injusto en su raíz, pero apenas hizo cambios en el reconocimiento de la igualdad y la justicia de género y en la falta de protagonismo de las mujeres, que siguen siendo personas subalternas en el organigrama eclesiástico.
Se cumple así la ley de todas las revoluciones: lo prioritario es el cambio de estructuras políticas, sociales y económicas.
Solo el ataúd definía íntegramente al Papa. Más allá de humilde y austero, el envoltorio de madera incurría en lo mísero. Este contraste sintetiza el papado transcurrido, unas gotas franciscanas en un mar de excesos desbocados, el único Papa que se presentó en poncho y camiseta, en la plaza de San Pedro en vísperas de morir.
En la colisión inevitable, los tradicionalistas emboscados solo tenían que aguardar a que la naturaleza cumpliera su ciclo y rematara al argentino provocador, aunque los más sanguinarios consideran que la muerte de Bergoglio no es castigo suficiente.
El momento más potente y emotivo de toda la ceremonia de despedida a Francisco, fueron las palabras de Giovanni Battista Re recordando la vida y obra del pontífice, que a ratos sonaron tan políticas como las del mismo Francisco, y que fueron recibidas con un largo y ensordecedor aplauso por la multitud que asistió al funeral.
Especialmente cuando mencionó alguno de los momentos que más marcaron su pontificado, como su primer viaje fuera del Vaticano, que realizó a la isla de Lampedusa en 2013, a la que cientos de migrantes que huían de la guerra en Siria y otros lugares arribaban diariamente en precarias embarcaciones.
O cuando recordó la misa que Francisco ofreció en México, a pocos metros del muro que el presidente estadounidense Donald Trump mandó contruir en su primer mandato para evitar la entrada de migrantes.
“Construir puentes y no muros”, fue algo que el papa Francisco repitió muchas veces, recordó el cardenal Re ante los asistentes, entre los que se encontraba el propio Trump.
Francisco “fue un Papa entre el pueblo, con el corazón abierto hacia todos”, que se enfrentó a las guerras encarnizadas de los últimos años, señaló el cardenal, y que “alzó incesantemente la voz” para pedir la paz.
“La guerra provoca la muerte de personas y la destrucción de casas, hospitales y escuelas. La guerra siempre deja el mundo peor de lo que estaba antes: siempre es una derrota dolorosa y trágica para todos”, dijo el cardenal citando al Papa.
Incluso en su última aparición pública, el Domingo de Resurrección, para dar la bendición “urbi et orbe”, Francisco tuvo palabras para denunciar la violencia de las guerras, mencionando específicamente el conflicto de Gaza y el de Ucrania, entre otros.
“Rico en calidez humana y profundamente sensible a los desafíos actuales, el Papa Francisco compartió verdaderamente las angustias, los sufrimientos y las esperanzas de este tiempo de globalización”, añadió ante los asistentes.
El futuro de la Iglesia luego del Papa Francisco
Ahora viene pensar que será de la Iglesia con el sucesor que se elija para reemplazar al Papa argentino.
La última etapa tras el entierro del Papa es la convocatoria del cónclave para elegir sucesor, que todavía no tiene fecha. Pero que se podría decidir mañana mismo. A Roma ya han llegado un total de 149 cardenales del total de los 252 que componen el colegio cardenalicio, aunque solo 133 votan en el cónclave para elegir sucesor por tener menos de 80 años, una regla obligada.
Ya hay periodistas y vaticanólogos pasando página y haciendo quinielas sobre el próximo Papa. El que será el 267 en el trono de San Pedro estuvo despidiendo a Francisco.
La elección del cardenal Bergoglio causó una gran sorpresa, pero había quedado ya segundo en el cónclave que hizo Papa a Benedicto XVI.
Este, como cardenal Ratzinger, y cuando cumplió 75 años, había pedido a Juan Pablo II que lo relevara de su cargo al frente de la Congregación de la Fe. En lugar de ir al retiro con el que soñaba, el teólogo alemán se encontró con la responsabilidad de guiar a más de mil millones de fieles católicos.
Los dos pontífices del siglo XXI, con su estilo totalmente distinto, han dejado huella. Benedicto XVI, con su impulso a la investigación sobre la pederastia en la Iglesia y con su renuncia, que abrió la puerta a la llegada del primer papa jesuita, del primero americano.
Del primero al que se oyó hablar en español. La izquierda sintonizó con él, pero su condena del capitalismo salvaje la anticiparon los papas de la doctrina social de la Iglesia y el anticomunista Juan Pablo II.
En quince días sabremos el nombre del tercer Papa del siglo XXI. El mensaje y los viajes de Francisco le llevaron a lo que él llamaba las ‘periferias’. Es poco probable, y también indeseable, que haya un viraje abrupto. En días se disiparán las dudas, pero todo apunta a que el viaje continuará por el camino marcado.