El peronismo en el peor de los mundos: de homicidios, elecciones y gobiernos frustrados

El peronismo está en el peor de los mundos. Con una caída abrupta de representatividad social, fuertes internas y un último Gobierno totalmente desorientado, no se espera un buen rendimiento a nivel electoral. No por nada quien encabeza la lista de candidatos a la Legislatura porteña es el radical Leandro Santoro, porque no hay una …

El peronismo está en el peor de los mundos. Con una caída abrupta de representatividad social, fuertes internas y un último Gobierno totalmente desorientado, no se espera un buen rendimiento a nivel electoral.

No por nada quien encabeza la lista de candidatos a la Legislatura porteña es el radical Leandro Santoro, porque no hay una figura fuerte y mucho menos en un distrito antiperonista como es la Ciudad de Buenos Aires.

El Gobierno de Alberto Fernández fue posiblemente “el peor Gobierno de la historia”, como muchos lo tildaron, o por lo menos desde el regreso de la democracia. Algo que quedó evidenciado con el paso de su mandato.

El ex presidente llegó a tener casi el 100% de aprobación social en el inicio de la cuarentena dispuesta en el marco de la pandemia por el Coronavirus. Pero esa imagen fue cayendo hasta llegar a un –con algo de suerte- 6% al final de su presidencia.

No existe presidente en la historia con semejante pérdida de apoyo y eso demuestra cómo el último gobierno peronista perdió todo rumbo y poder, concentrándose a duras penas en zafar a la entonces vicepresidenta, Cristina Kirchner, de las causas judiciales que la aquejan.

Hoy las apariciones públicas de Alberto Fernández están muy por fuera del escenario político y se limita a opinar sobre los procesos judiciales que lo complican. Sobre todo en lo referente a la causa por violencia de género, en la cual está procesado y con pedido de embargo de bienes.

El ex jefe de Estado prácticamente destrozó al peronismo por dentro. La fiesta en Olivos, los invitados especiales, la cuarentena eterna y la idea, en su momento, de retormarla tras la llegada de la segunda ola del Coronavirus fueron parte de la caída del aval social.

Ciertamente el peronismo actual se desligó de eso, pero incluso Axel Kicillof y sus entonces ministro y viceministro de Salud, Daniel Gollán y Nicolás Kreplak respectivamente, estuvieron de acuerdo con un confinamiento nuevo de tres semanas.

Ello en un país que estaba siendo azotado con números alarmantes: 42% de pobreza alcanzó el país a fines de 2020, 6 de cada 10 menores de 14 años no podían cubrir las necesidades básicas y el 70% de los que pedían una asistencia alimentaria tenían menos de 30 años.

Parece lejano. La política es una cosa rara cuyos tiempos circulan en paralelo a la realidad. Lo que son meses en un calendario pueden transformarse en eternos milenios y ello despista a cualquiera que esté preocupado por el día a día.

Pero Kicillof es la muestra de que el peronismo se renueva y puede tomar nuevas formas. Es así como el gobernador bonaerense hoy busca consolidarse como una figura centrista del justicialismo, enfrentándose a su mentora y presidenta del partido, Cristina Kirchner.

Ello tendrá repercusiones negativas para el mandatario provincial en un principio, pero ciertamente dividirá el peronismo en el distrito que más votos le ha brindado a lo largo de la historia.

Kicillof cuenta con el apoyo de varios intendentes, funcionarios y legisladores, que responden a él mucho antes que a la ex presidenta. En cambio, CFK tiene bajo su manto a la ya no tan joven Cámpora.

La cuerda empieza a deshilacharse y si no logran acercar las puntas terminará por romperse… y uno de los dos va a caer, ineludiblemente. En el medio está Sergio Massa con su Frente Renovador, que busca –sin éxito- encontrar un punto medio en el cual ambos bandos puedan confluir.

Pero no solo la provincia más populosa adepta a las ideas peronistas está en un punto frágil, sino su comuna más importante, La Matanza, que fue el municipio donde más aumentaron los homicidios durante 2024.

Es decir, en la municipalidad más habitada de la provincia más populosa, ambos distritos (comunal y provincial) en su mayoría de tiempo peronistas, no consigue bajar la delincuencia y ello está dejando una clara marca de sangre y fuego.

El peronismo está enfrentando un tiempo dificultoso y será cuestión de esperar para ver si nace otra corriente que lo ayude a flotar en medio del naufragio –como siempre ocurrió- o si, por el contrario, los números convierten en real lo hipotético del caso.

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