El partido del silencio: el fenómeno que interpela a toda la política mendocina
El escenario de la política tradicional de Mendoza se encuentra en un momento algo incómodo para todo el arco político debido a la insistente inasistencia de los electores a las urnas. Es algo que quedó en evidencia en las últimas elecciones municipales de medio término celebradas en febrero, donde la oferta electoral no pareció llamar …
El escenario de la política tradicional de Mendoza se encuentra en un momento algo incómodo para todo el arco político debido a la insistente inasistencia de los electores a las urnas.
Es algo que quedó en evidencia en las últimas elecciones municipales de medio término celebradas en febrero, donde la oferta electoral no pareció llamar la atención de la ciudadanía.
Mientras la política analizó los resultados con la vista puesta en quiénes ganaron y quiénes perdieron, el dato alarmante es cuántos mendocinos decidieron retirar su consentimiento del sistema electoral.
Con un ausentismo que en departamentos como Luján de Cuyo o San Rafael rozó el 50%, la abstención terminó formando una suerte de fuerza política que, al fin y al cabo, fue la que ganó los comicios.
No se trata de un hecho aislado, sino del resultado de un agotamiento de la ciudadanía frente al tradicionalismo y la falta de frentes políticos más atractivos.
Al observar los datos de un estudio de la consultora Demokratia hecho a finales del año pasado, se revela un dato que llama poderosamente la atención y tiene que ver con que aproximadamente tres de cada diez mendocinos deciden su voto mientras esperan en la fila de votación
Ello indica que las lealtades partidarias ya no existen como tal y que el votante mendocino, en parte, no vota “a favor” de un político o proyecto a largo plazo, sino que lo hace en contra de los problemas coyunturales.
La paradoja es que un representante legislativo, al ingresar a la Legislatura o a un Concejo Deliberante, carece de legitimidad de origen debido a que fue elegido, quizás con un porcentaje alto, pero con un respaldo cada vez más estrecho.
Ello expone otro escenario que la política debería analizar referente a la aprobación de normas, que en casos son celebradas por los oficialismos, pero frente a una sociedad que prefirió quedarse afuera de esa burbuja informativa.
La política mendocina está leyendo este escenario con preocupación, lo que, junto con el costo de los actos electorales, llevó al diputado Emanuel Fugazzotto a presentar un proyecto con el fin de evitar los desdoblamientos municipales.
Con esta iniciativa se lograría pegar todas las categorías para forzar la asistencia a las urnas admitiendo, de forma implícita, que la política local ya no tiene la fuerza de atracción que supo tener en el pasado.
No obstante, también se corre con esta estrategia el riesgo de profundizar esta ausencia por arrastre, ya que el votante que decide su voto a último momento podría inclinar la balanza hacia la no participación.
Como sea, Mendoza enfrenta hoy el desafío de recuperar a un votante que terminó por descubrir que su herramienta más poderosa frente al hartazgo de la política no es el grito, sino el silencio, en este caso, marcado por la ausencia.