El “mecanismo” de la pobreza: Mendoza, la provincia del orden estancado

Mendoza se mira al espejo y los números del INDEC le devuelven una imagen que el marketing oficial no logra retocar. Con una pobreza que ya supera el promedio nacional (31,9%), el Gran Mendoza se consolida como una isla de institucionalidad prolija, pero con una economía que no genera riqueza desde hace dos décadas. ¿Es …

Mendoza se mira al espejo y los números del INDEC le devuelven una imagen que el marketing oficial no logra retocar. Con una pobreza que ya supera el promedio nacional (31,9%), el Gran Mendoza se consolida como una isla de institucionalidad prolija, pero con una economía que no genera riqueza desde hace dos décadas. ¿Es el “modelo mendocino” una receta de éxito o un cepo al crecimiento?

En la política, como en la física, el vacío no existe. En Mendoza, ese espacio ha sido colonizado por un relato de eficiencia administrativa que hoy choca de frente con la topografía de la crisis. Mientras la dirigencia vernácula se enreda en el ajedrez de la sucesión y los guiños a la Casa Rosada, los datos del segundo semestre de 2025 confirman una sentencia que la calle ya dictó: Mendoza está estancada.

La radiografía del estancamiento: Más pobres que el promedio

El informe oficial del INDEC arroja una cifra que debería encender todas las alarmas en el cuarto piso de la Casa de Gobierno: la pobreza en el Gran Mendoza alcanzó el 31,9%, ubicándose casi cuatro puntos por encima del promedio nacional (28,2%).

Detrás del porcentaje, aparece el rostro humano de la tragedia social: 339.887 mendocinos no logran cubrir sus necesidades básicas estructurales. De ese grupo, el escenario más dramático lo enfrentan los 59.080 ciudadanos sumergidos en la indigencia, personas cuyos ingresos no alcanzan siquiera para la alimentación mínima indispensable. Si lo trasladamos a la unidad familiar, casi una de cada cuatro familias mendocinas (23,5%) es pobre.

La “Anemia Productiva”: un relato sin motor

Mendoza atraviesa una anemia productiva que el elogio porteño a la “provincia ordenada” funciona más como un consuelo retórico que como un motor de inversiones reales. La realidad estructural de la provincia se resume en tres síntomas de un agotamiento profundo:

Riqueza en retroceso: La provincia produce hoy menos riqueza que hace dos décadas. El PBG (Producto Bruto Geográfico) es el testimonio de una matriz que no se diversifica.

Empleo vs. Demografía: La generación de empleo genuino corre muy por detrás del crecimiento poblacional. El sector privado mendocino, asfixiado y cauteloso, ha dejado de ser el gran motor de ascenso social.

Irrelevancia Geopolítica: Mendoza ha perdido peso específico en la mesa nacional. Hoy, su alineamiento con Buenos Aires parece más una necesidad de supervivencia que una elección estratégica de un polo de poder regional.

El Espejo de Cuyo: consuelo de tontos

En el tablero regional, Mendoza suele jactarse de estar “mejor que San Juan”. Y si bien el Gran San Juan trepó al 34% de pobreza, la comparación es un placebo. La verdadera preocupación surge al mirar hacia San Luis, que con un 30,1% exhibe el indicador más bajo de la región.

Mendoza ya no compite con las potencias; compite por no ser el vagón de cola de una región, Cuyo, que se ubica como la segunda área más pobre del país, solo superada por el Noreste (NEA).

Ingresos en carrera contra la inflación

Aunque el ingreso per cápita familiar en el Gran Mendoza subió a $573.195 (una mejora del 23,1% semestral), la sensación de alivio es volátil. La Canasta Básica Total (CBT) dio un salto del 25,2%, ubicándose en $372.231. La carrera entre los salarios y las góndolas es una maratón que los sectores más vulnerables siguen perdiendo: la brecha entre lo que una familia pobre gana y lo que necesita para no serlo es del 35,7%.

El fin del “Cepo a la Imaginación”

Mendoza asiste a un espectáculo de pericia política para el control interno, pero de impotencia para la transformación económica. El “Mecanismo” ha logrado disciplinar las cuentas, pero no ha podido despertar a una provincia que se siente con la caja seca y el futuro incierto.

La caída interanual de la pobreza respecto al 42,2% de 2024 es una señal de alivio, pero es insuficiente. Sin una reforma de fondo en la matriz productiva y sin inversiones que superen el “efecto vidriera”, Mendoza corre el riesgo de convertirse en un mausoleo institucional: prolijo, simétrico y ordenado, pero con un tercio de su población mirando el progreso desde afuera.

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