El desplome del turismo internacional golpea con dureza a los trabajadores de La Habana Vieja

La falta de visitantes extranjeros provocó una caída histórica en la actividad comercial del casco histórico cubano, donde los cuentapropistas pasan días enteros sin registrar ingresos.

María Caridad Rodríguez, una artesana que lleva una década dedicada a la venta de recuerdos en La Habana Vieja, aseguró que nunca enfrentó una crisis tan severa como la actual. 

El negocio familiar, que constituye el único sustento de su hogar, registró un derrumbe drástico en su facturación que obligó a la mujer a atravesar jornadas completas sin concretar una sola venta. Según explicó la trabajadora, la notable disminución en el arribo de viajeros internacionales transformó el paisaje del centro histórico, donde "el turismo está en el piso" y una gran cantidad de puestos artesanales vecinos decidieron cerrar definitivamente sus puertas al no poder cubrir los costos mínimos de funcionamiento.

La crisis que atraviesa el sector impactó de lleno en la estructura económica de la isla caribeña, un país donde la actividad turística figuró históricamente como la segunda fuente de ingresos de divisas, superada únicamente por la exportación de servicios médicos de profesionales de la salud. 

De acuerdo con los indicadores oficiales publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba, la nación recibió apenas 298.057 turistas internacionales hasta el mes de marzo. Este registro estadístico encendió las alarmas gubernamentales al representar una estrepitosa caída del 48% en comparación con el mismo período del año anterior.

Ante la falta de alternativas laborales viables en el complejo contexto económico local, Rodríguez mantiene su emprendimiento en pie gracias a la colaboración constante de su esposo, quien se encarga de la elaboración manual de las piezas y de las tareas de mantenimiento del local comercial. Sin embargo, la persistencia de las calles semivacías y la escasa actividad en los polos gastronómicos y culturales tradicionales del distrito encendieron los interrogantes sobre el futuro del negocio familiar. La artesana advirtió que, de no registrarse una reactivación turística en el corto plazo, se verán obligados a evaluar otras opciones informales para garantizar los ingresos de subsistencia básica.

La retracción del mercado recreativo también afectó de forma directa a los servicios de transporte tradicionales que operan en las adyacencias de los principales hoteles de la capital. Olyde Hernández Corría, un conductor de bicitaxi con 25 años de experiencia en el rubro, manifestó que la escasez de clientes lo obliga a permanecer estacionado durante largas horas a la espera de un pasajero. El transportista rememoró las épocas de mayor auge y expresó su expectativa de que una eventual flexibilización en las relaciones diplomáticas y comerciales entre Cuba y los Estados Unidos permita configurar un escenario más favorable para el desarrollo de la economía urbana.

Finalmente, los artistas y dibujantes callejeros que dinamizan la vida nocturna habanera confirmaron que el movimiento económico alrededor de los comercios zonales se debilitó de forma alarmante tras el cierre de la temporada invernal de alta demanda. El retratista Roberto Camacho Francis detalló que el flujo de visitantes se vio severamente condicionado en el último tiempo por las crisis internas de abastecimiento de combustible y por la consecuente reducción en la frecuencia de operaciones de las aerolíneas internacionales. 

Los trabajadores del sector concluyeron que, si bien se observa un incipiente recambio con la llegada de viajeros procedentes de naciones asiáticas y sudamericanas, ese volumen de consumo resulta insuficiente para sostener la actividad autónoma.

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