Cerrado el Hospital Conin, se agrava el cuadro nutricional de los chicos en Mendoza
El cierre del hospital Conin pone de manifiesto que por más que el Gobierno quiera disimularlo, la infancia en Mendoza atraviesa hoy uno de sus periodos más oscuros y complejos de las últimas décadas. La provincia se encuentra sumergida en una realidad social que desborda a las instituciones y queda plasmada en estadísticas que duelen: …
El cierre del hospital Conin pone de manifiesto que por más que el Gobierno quiera disimularlo, la infancia en Mendoza atraviesa hoy uno de sus periodos más oscuros y complejos de las últimas décadas. La provincia se encuentra sumergida en una realidad social que desborda a las instituciones y queda plasmada en estadísticas que duelen: según las mediciones más recientes del INDEC, la pobreza infantil en el Gran Mendoza ha escalado y retrocedido en los últimos años: pero basta decir que afecta a poco menos de la mitad de los chicos menores de 14 años para que nos de vergüenza. Esta cifra sitúa a miles de niños en una línea de vulnerabilidad extrema, donde la alimentación básica no es un derecho garantizado, sino una incertidumbre diaria.
En medio de esta “tormenta perfecta”, la noticia de la paralización de actividades en el hospital de la Fundación Conin, ubicado en Las Heras, cayó -¡hace 6 meses ya!- como un mazazo para la comunidad médica y social. La falta de actualización de las partidas presupuestarias y los prolongados retrasos en los convenios nacionales han llevado a la institución a un límite operativo insostenible.
¡SOS, oxígeno financiero!
Esta situación pone en riesgo la continuidad de tratamientos específicos para niños que padecen desnutrición grave, pacientes que no encuentran en el sistema público de salud una alternativa de la misma complejidad y especificidad. El propio fundador de la organización, el médico Abel Albino, ha manifestado públicamente su angustia por el devenir de la atención hospitalaria.
Según el médico, la falta de giro de fondos impide cubrir los costos operativos mínimos y el pago de salarios del personal especializado. Esta asfixia financiera obliga a la fundación a ralentizar o, en el peor de los casos, suspender el ingreso de nuevos pacientes críticos, dejando a la deriva a niños desnutridos no solo de Mendoza, sino de todo el país que llegan a este centro de referencia nacional.
“El hospital funcionaba a pleno pero ahora no puedo pagar los sueldos. Hay chicos con desnutrición que necesitan estar internados. Que este edificio esté vacío es una maldad”, dijo textualmente el médico a radio MDZ.
La Fundación Conin (Cooperadora para la Nutrición Infantil) nació en Mendoza en 1993, inspirada por el modelo del doctor Fernando Mönckeberg en Chile. Su misión ha sido siempre atacar las causas de la pobreza desde un enfoque integral: no solo se trata de entregar una ración de comida, sino de educar a la madre y transformar el entorno familiar. Con más de 100 centros en 18 provincias y una trayectoria que ha salvado a más de 30.000 niños, su metodología científica es reconocida internacionalmente.
La urgencia del primer año de vida
La importancia de Conin radica en una verdad científica ineludible: el primer año de vida es la “ventana de oportunidad” más crítica del ser humano. Es en este periodo cuando ocurre el crecimiento más acelerado del cerebro. Los especialistas coinciden en que, si un lactante no recibe los nutrientes esenciales y la estimulación adecuada en estos primeros doce meses, las secuelas neurológicas y físicas suelen ser irreversibles. Un cerebro que no se desarrolla correctamente limita para siempre la capacidad de aprendizaje y la productividad futura del individuo.
El enfoque de la fundación es holístico, entendiendo que un niño malnutrido necesita tanto calorías como estímulos afectivos y condiciones de higiene. Sin embargo, este modelo de excelencia hoy se ve amenazado por la burocracia y la falta de sensibilidad política. Es increíble que se piense la paralización del hospital en Las Heras como un simple problema administrativo o contable. Es una amenaza directa al capital humano de la provincia y del país.
La interrupción de los programas de recuperación nutricional significa que decenas de niños en situación de riesgo podrían perder la posibilidad de desarrollar su pleno potencial genético. Mientras la política discute partidas, convenios y presupuestos en oficinas climatizadas, el tiempo biológico de los niños mendocinos no se detiene. Pero el hospital Conín sí.
Cada día que el Hospital Conin permanece sin fondos suficientes, se cierra una puerta hacia un futuro digno para los sectores más olvidados. El Gobierno provincial y nacional no pueden desentenderse de esta urgencia; las respuestas deben ser inmediatas.
A este panorama de desamparo institucional se suma la reciente y polémica clausura del servicio de maternidad en el Hospital Carlos Saporiti de Rivadavia, que generó protestas de profesionales y contribuyentes, encabezada por el mismísimo intendente Ricardo Manzur. Más allá de las estadísticas y los aspectos técnicos, el cierre no solo obliga a las familias a desplazarse grandes distancias para un parto, sino que debilita el seguimiento neonatal en una zona clave.
Como si fuera poco, para mostrar cómo Mendoza está descuidando a los niños y niñas más vulnerables, los registros de registros de maltrato infantil están mostrando un incremento alarmante, reflejando una descomposición del tejido social que deja a los más pequeños sin sus redes naturales de contención. Pero eso, por supuesto, es tema de otra nota…