Brasil se prepara para un fenómeno de El Niño de gran intensidad
El Gobierno de Brasil activó planes de contingencia ante pronósticos que anticipan un escenario similar al registrado durante el episodio de 2023-2024, uno de los más severos de los últimos años.
El Gobierno de Brasil comenzó a coordinar acciones preventivas ante la posibilidad de que un episodio de El Niño de intensidad fuerte o extrafuerte impacte al país durante la segunda mitad de 2026, de acuerdo con proyecciones elaboradas por el Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden).
La evaluación coincide con advertencias recientes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que calcula un 80% de probabilidades de que El Niño se consolide entre junio y agosto de 2026 y cerca de un 90% de que continúe durante el resto del año.
Lo que ocurrió durante el último gran El Niño
La preocupación de las autoridades brasileñas se explica por los efectos registrados durante el episodio de El Niño 2023-2024, considerado uno de los más intensos de las últimas décadas. En la Amazonía brasileña se registró una sequía histórica.
El río Negro alcanzó en 2023 sus niveles más bajos en más de un siglo de registros, mientras numerosas comunidades quedaron aisladas debido a la reducción extrema de los caudales.
Estudios satelitales determinaron que la superficie de agua en la cuenca del río Negro llegó a reducirse a apenas el 68% de su extensión máxima observada durante el período 2022-2023.
Al mismo tiempo, el Pantanal sufrió condiciones de sequía extrema que favorecieron una explosión de incendios forestales. Datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) mostraron que durante la primera mitad de 2024 los focos de incendio aumentaron un 980% respecto del mismo período del año anterior. Algunas estimaciones registraron más de 2.500 incendios y unas 440.000 hectáreas afectadas por el fuego.
El contraste climático en Brasil
Uno de los rasgos más característicos de El Niño en Brasil es que genera impactos opuestos según la región. Mientras el Norte y el Nordeste suelen experimentar menos lluvias, temperaturas más elevadas y riesgo de sequías prolongadas, el Sur enfrenta habitualmente precipitaciones superiores a la media, con posibilidad de inundaciones y deslizamientos.
Ese patrón quedó expuesto de manera dramática en 2024, cuando lluvias excepcionales provocaron inundaciones históricas en Rio Grande do Sul. El desastre afectó a más de 2,3 millones de personas, mientras que informes oficiales contabilizaron 183 muertos, decenas de desaparecidos y más de 700.000 desplazados.
Además, el 92,4% de los municipios del estado registraron daños por las inundaciones.
Una situación cada vez más crítica
Los fenómenos extremos asociados al clima se han vuelto más frecuentes en Brasil durante los últimos años. Datos recopilados por investigadores y organismos ambientales indican que entre 2020 y 2022 alrededor de 25 millones de brasileños fueron afectados por sequías.
En ese período se registraron más de 4.100 eventos de sequía con impactos humanos, una cifra muy superior a la de inundaciones reportadas en el mismo lapso. Especialistas sostienen que los efectos naturales de El Niño se están potenciando por el calentamiento global.
Estudios recientes advierten que el aumento de la temperatura de los océanos incrementa la probabilidad de fenómenos extremos y amplifica tanto las sequías como las precipitaciones intensas.
Planes de contingencia
Frente a este escenario, el Cemaden recomendó reforzar el monitoreo meteorológico, garantizar el funcionamiento de radares climáticos, revisar zonas vulnerables ubicadas en márgenes de ríos y laderas ocupadas, y fortalecer la coordinación entre el Gobierno federal, los estados y los municipios.
Las autoridades brasileñas ya iniciaron reuniones entre ministerios y organismos técnicos para elaborar planes de contingencia que permitan reducir los posibles impactos económicos, sociales y ambientales de un eventual episodio de El Niño de gran intensidad.