Asamblea legislativa: los discursos más largos, los más cortos y los peores cruces

Por tercera vez consecutiva en el históricamente infrecuente horario nocturno, el presidente Javier Milei se presentó el domingo por la noche para proceder por tercera vez a la apertura de un período de sesiones ordinarias. Los discursos de su antecesor, Alberto Fernández, en general rondaron la hora y media. El más largo fue el de …

Por tercera vez consecutiva en el históricamente infrecuente horario nocturno, el presidente Javier Milei se presentó el domingo por la noche para proceder por tercera vez a la apertura de un período de sesiones ordinarias.

Los discursos de su antecesor, Alberto Fernández, en general rondaron la hora y media. El más largo fue el de 2021, de 107 minutos. El último del exmandatario se extendió 92 minutos. El más breve fue el primero, en vísperas de la pandemia: 100 minutos.

Un análisis de parlamentario.com hecho en base a los discursos inaugurales de las sesiones ordinarias de los últimos 24 años, desde Eduardo Duhalde a Alberto Fernández, permite saber que entre todos suman 2.197 minutos, unas 36 horas y media. El promedio da 91,5 minutos, poco más de una hora y media.

Para llegar a esos guarismos hay que contemplar casos muy dispares que van desde los mensajes muy breves de Duhalde, a los discursos XL de Cristina Fernández de Kirchner.

Precisamente quien estuvo cuatro años sentada a la izquierda de Alberto Fernández en cada apertura de sesiones ordinarias, es -previsiblemente- quien ostenta el récord en materia de extensión de discursos: conforme la regla que citábamos al principio, CFK lo alcanzó en 2015, cuando en el último mensaje de sus dos mandatos llegó a los 221 minutos: 3 horas 41 minutos. Como para dejar bien altas sus mediciones al irse y asegurarse de que sea muy difícil que algún presidente vaya a desplazarla alguna vez del primer lugar en la materia.

De hecho, quien la sucedió ni se le acercó. Mauricio Macri se caracterizaba por discursos de alrededor de una hora. Con la coincidencia de que en 2016 y 2017 habló el mismo tiempo: 61 minutos. Y en su último mensaje estuvo cerca de repetir: 58 minutos. En cambio en 2018 sorprendió por su brevedad: 40 minutos.

De todos los mandatarios consignados en esta reseña, Cristina es la única presidenta que no leía los discursos. Y más allá del récord de 2015, cerca estuvo en 2013, cuando habló 3 horas 36 minutos. El año anterior también había superado las 3 horas en 17 minutos.

Su esposo, Néstor Kirchner, arrancó su gestión con un discurso de menos de una hora, pero ya al año siguiente, en 2005, llegó a la hora y media. Los dos años siguientes superó las dos horas.

Eduardo Duhalde en cambio, como dijimos, se caracterizaba por la brevedad de sus mensajes ante la Asamblea Legislativa que lo había ungido presidente: el primer año habló 44 minutos y en 2003, cuando le restaban dos meses de mandato, habló diez minutos menos.

El clima de las sesiones

Otro detalle a tener en cuenta para este domingo fue sin duda la temperatura en el recinto. Y las expectativas comenzarán a develarse temprano el domingo, pues a partir de la “no relación” que tiene con su vice, todos se preguntaban cómo se mostrará junto a Victoria Villarruel. Ya el año pasado mostró una relación fría, y al llegar, cuando ella fue a buscarlo a la explanada, la televisión oficial no mostró el encuentro. Y durante el transcurso de la ceremonia, la TV omitió todo lo que pudo mostrarla a ella, incluso mostrándola “descabezada”. Tampoco la invitaron esa vez a la cena prevista para después del acto.

El que no estará en las comisiones de bienvenida será José Luis Espert, a quien Milei llamaba “el Profe” y cuya presencia requería especialmente siempre para recibirlo en las aperturas de sesiones.

En su primera apertura de sesiones, Javier Milei anunció la presentación de un paquete de leyes “anticasta”, y precisamente a la “casta” le dirigió fuertes críticas. También tuvo aquella vez postulados anti-Estado y pasajes bíblicos.

El Frente de Izquierda lo recibió con sus clásicos carteles, más de los habituales. Primero los pegaron en sus bancas, después en la pared, y cuando Milei entró los levantaron, al ponerse de pie. Romina Del Plá, a cada tema que mencionaba el Presidente, respondía con uno. ¿Las inscripciones?: “Con Milei la casta tiene empleo y mucha plata”; “Milei, tu déficit cero es con el hambre de los jubilados”; “Estafa electoral, la casta festeja, ajustar al pueblo”; “Plata para educación no para deuda”; “Milei quiere que cierren las universidades, presupuesto ya”; “El protocolo no alcanza para callar a millones”; “Nos recortas el salario docente para pagarle al FMI”; “Aborto clandestino nunca más”; “Quitarle el pan a los comedores es inhumano”.

En la apertura de sesiones del año pasado, la “perlita” se dio sobre el final del acto, cuando Milei retó a Villarruel, que había interpretado que el Presidente había concluido su mensaje y ella dijo: “Habiéndose cumplido el objetivo de esta solemne asamblea, queda levantada la misma”. “¡No terminé!”, le reclamó Milei, a lo que ella respondió “ah, perdón, perdón”. “Digo, no te apures”, le contestó él, y la vice, con la sonrisa petrificada, agregó: “Perfecto, perdón, perdón”.

“En definitiva, que Dios bendiga a los argentinos, que las fuerzas del cielo nos acompañen y ¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva la libertad, carajo!”, concluyó el mandatario, fiel a su estilo.

Sucedió en un recinto semivacío por la ausencia de la mayoría de la oposición. Pero entre los que sí se presentaron estaba el radical Facundo Manes, que protagonizó un incidente con Santiago Caputo. Pasó que el neurocientífico exhibió en alto un ejemplar de la Constitución Nacional y el asesor presidencial le contestó desde un palco. Después se cruzaron en un pasillo y el diputado denunció haber sido agredido por Caputo. 

Cantos irónicos para Alberto

No la pasó tan mal en la última asamblea Alberto Fernández, aunque debió soportar el canto irónico de Juntos por el Cambio “borombonbom, borombombom, para Alberto la reelección”. Pero seguro los que estuvieron más incómodos ese 1° de marzo fueron Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, los dos miembros de la Corte que asistieron esa vez y, ubicados a la derecha del estrado, soportaron con gestos petrificados la andanada de críticas que el jefe de Estado le dirigió al Tribunal Supremo al que su gestión estaba desarrollando un juicio político ese año.

En esa oportunidad, los integrantes de lo que entonces se denominaba Evolución Radical, encabezados por el senador Martín Lousteau, se retiraron cuando Fernández se refirió a la coparticipación que Nación le había quitado a la Ciudad de Buenos Aires. En ese momento también se levantó Fernando Iglesias, que le había dado la espalda en su banca al presidente todo el tiempo, para gritarle “mentiroso” y “sinvergüenza”, y se fue.

No se fueron en cambio los diputados del Pro, como sí lo habían hecho en la asamblea de 2022, luego de que el presidente Fernández pidiera a la justicia investigar a Mauricio Macri. Sí se retiraron Javier Milei, Victoria Villarruel, José Luis Espert y Carolina Píparo; más los socialistas santafesinos Mónica Fein y Enrique Estévez. Más tarde se sumarían Graciela Camaño, Florencio Randazzo y Alejandro “Topo” Rodríguez, de Identidad Bonarense. Con la salida de estos cinco, los únicos que se quedaron por el interbloque Federal fueron los tres schiarettistas.

En su discurso de 2022, Alberto reconoció que la inflación era “el gran problema de los argentinos” y la “principal preocupación del Gobierno”, y denunció “complicidad judicial con el poder económico”.

En su primer discurso ante la Asamblea Legislativa, en 2020, el dato saliente fue el estallido de euforia que causó el anuncio de Alberto Fernández de que enviaría el proyecto de legalización del aborto.

En su primer mensaje para inaugurar sesiones ordinarias, Macri también habló de inflación y atribuyó su existencia a que “el Gobierno anterior la promovió”. La característica saliente de esa sesión fue, a diferencia de los años anteriores, el toque sobrio y poco festivo, muy distinto de las ceremonias organizadas los ocho años anteriores para recibir a Cristina Kirchner. Una de las diferencias más visibles era entonces la ausencia de banderas y de militantes de agrupaciones en los palcos superiores de la cámara.

Luego de haber abogado en anteriores intervenciones contra la pobreza, poniendo a su reducción como el principal objetivo de su gestión, en su último mensaje ante los legisladores reconoció que ese flagelo había vuelto “a los niveles de antes”.

Esa fue la asamblea más caliente que protagonizó Macri. No era para menos: el FpV-PJ se había ido preparado con carteles con el hashtag #HayOtroCamino. Agustín Rossi, Leopoldo Moreau y Horacio Pietragalla fueron los más duros contra el presidente.

Los primeros gestos de ironía del bloque kirchnerista no se hicieron esperar. Brotaron cuando Macri relató el mensaje de una mujer que le dijo: “Quería contarles que este año, con mi esposo, no nos fuimos de vacaciones, pero conectamos las cloacas e instalamos el agua corriente. ¡No se imaginan lo que se siente!”. A partir de ese momento, el desorden se apoderó de la sesión. Macri tuvo que levantar la voz varias veces para hacerse oír entre los gritos. Hasta que se salió del libreto para retrucar: “Los gritos, los insultos, no hablan de mí, hablan de ustedes, señores. Yo estoy acá por el voto de la gente. ¡Yo estoy acá por el voto de la gente, señores!”.

La era Cristina

“Hemos desendeudado definitivamente a la República Argentina”, proclamó Cristina Kirchner en su último mensaje en 2015. En el que por supuesto la emprendió también contra la justicia: “El Partido Judicial se ha independizado de la Constitución”, disparó.

En 2014, el radicalismo había amenazado con retirarse del recinto en caso de que la militancia cometiera “excesos”. ¿Qué hizo entonces la juventud kirchnerista? Les arrojó pétalos de flores a la oposición cuando la presidenta finalizaba su discurso”.

En su primer mensaje como presidenta, CFK habló de la energía, citándola ya no como un problema argentino, sino regional y mundial. Ahí destacó la importancia de la presencia de Venezuela en el Mercosur, a fin de “cerrar la integración energética”. El detalle le sirvió para destacar que la buena relación con Hugo Chávez, a quien no citó como sí hizo con Lula, “no es una cuestión de simpatías personales o amiguismos personales, sino un ejercicio de racionalidad para integrar y cerrar la ecuación energética de América Latina”, dijo.

En 2009, ya pasada la crisis por la 125, la Asamblea Legislativa volvió a reunir a Cristina Kirchner con su vice, Julio Cobos. Fue la primera vez tras el “voto no positivo”: no se miraron y solo se apretaron dos veces las manos. Un dato de esa ceremonia: la presidenta se olvidó de inaugurar formalmente las sesiones ordinarias. Pasa en todas las familias: también le ocurrió a Alberto Fernández en 2022.

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