La causa contra Leal aún no estalló: las sospechas de la Justicia (¿Y la corrupción con dinero de asistencia internacional?)
Elementos infórmaticos y "huellas" prometen ser una bomba de tiempo a punto de explotar y salpicar a las más altas esferas del poder argentino.
El avance de la causa sobre el entorno del mendocino Facundo Leal comienza a sacudir estructuras políticas y proyecta una sombra sobre la provincia de Mendoza, acaso la base de operaciones del ahora ex funcionario detenido.
El caso, que en un principio investigaba el robo de insumos tecnológicos de los depósitos de la empresa estatal ARSAT en San Fernando, terminó con los más inesperados e insólitos hallazgos tras los allanamientos solicitados por el juez federal Lino Mirabelli y el fiscal Fernando Domínguez.
El foco del expediente está en la red bautizada como "la banda de los mendocinos", una supuesta estructura delictiva liderada por Leal que habría funcionado durante las últimas administraciones para direccionar contratos públicos y desviar multimillonarios fondos públicos.
Por estas horas, las sospechas de los investigadores se dividen en tres grandes dimensiones delictivas a partir de los dólares hallados, las sustancias ilícitas y la tecnología de inteligencia confiscados en los operativos.
En primer lugar, la Justicia busca determinar la procedencia de la fortuna en efectivo, que ronda los dos millones y medio de dólares, distribuidos entre un lujoso departamento del barrio porteño de Palermo y tres propiedades ubicadas en territorio mendocino.
Una de las hipótesis que maneja la justicia, según supo Diario Mendoza Today, es que esta masa de dinero habría sido la rentabilidad de retornos y coimas provenientes de la adjudicación de contratos inflados y/o ficticios, tal el caso de los servicios de custodia de la red de fibra óptica.
En ese sentido es que la Justicia avanza en el análisis del patrimonio de Leal, quien multiplicó su patrimonio por nueve en cuatro años, pasando de declarar 58 millones de pesos a más de $500 millones mientras en su declaración jurada constaba la posesión de apenas un centavo de dólar.
Por otro lado, y acaso el tema menos tocado, no puede dejarse pasar de largo el hallazgo de casi 300 gramos de estupefacientes de alta pureza, incluyendo cocaína, ketamina y pastillas de éxtasis MDMA, junto con balanzas de precisión y bolsas de fraccionamiento tipo ziploc en los domicilios allanados.
Según supo este medio, la investigación descarta por estas horas el argumento esgrimido por la defensa sobre tenencia para consumo personal, no solo por la cantidad de droga incautada, sino además por la variedad y la lógica de almacenamiento.
Las sospechas en este caso están orientadas hacia la posible existencia de una red de distribución VIP de sustancias sintéticas, analizando si el tráfico de estas drogas complementaba el financiamiento o si se trataba de una moneda de cambio e influencia dentro de círculos cerrados del poder político y empresarial con los que el mendocino interactuaba.
Por otro lado, y quizá uno de los puntos más graves, en la actual etapa de instrucción se intenta comprender cuál es el motivo por el que el mendocino, ahora imputado, tenía en sus manos equipos de espionaje.
Lo que se presume es que esta tecnología se utilizaba de forma ilegal para realizar tareas de inteligencia, lo que no se sabe es a quién y para qué. Las posibilidades son infinitas.
¿Realizaba tareas de inteligencia sobre competidores comerciales o servía para garantizar la protección de la presunta organización delictiva? ¿Qué tan cierto es el rumor de que Leal recopilaba información sensible para maniobras de extorsión?
La Justicia tiene en manos una serie de dispositivos que prometen responder esas incógnitas, entre ellos computadoras y cuatro celularres. Pero hay uno que preocupa, y mucho, a empresarios y funcionarios: un pendrive.
Salvo por Leal nadie sabe qué contiene esa memoria y lo que hay allí adentro podría ser una bomba a punto de explotar y enchastrar a muchos personajes de las altas esferas del poder.
Pero hay un hecho, acaso un detalle, que por estas horas se roba todas las miradas y refiere al hallazgo de fajos de dólares termosellados en una caja fuerte que conservaban las fajas de seguridad de la Reserva Federal de Estados Unidos.
Si se confirma la sospecha sobre este hallazgo, la explosión tendrá consecuencias insospechadas y con un alcance hoy difícil de dimensionar. Es que, según chequeó Diario Mendoza Today, se trataría de una maniobra de corrupción que involucraría fondos de asistencia enviados por el país norteamericano.
Esas fajas otorgan una huella financiera infalible, dado que los números de serie y los códigos de los precintos permiten reconstruir la trazabilidad del dinero desde su emisión, su recepción en el Banco Central, la identificación de la entidad bancaria que los poseía y la persona que finalmente los retiró.
Ese "detalle" sería en este caso una bomba de tiempo. Es que además de que los movimientos que se realizaron con esos dólares son rastreables, a partir de allí se abre una caja de pandora que promete salpicar a una serie de personas que por el momento permanecen fuera del radar... pero solo por el momento.